
«¿Que faltan médicos? Nos tienen aquí, pero no nos dejan trabajar»
Atasco burocrático. ·
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Atasco burocrático. ·
Profesionales extranjeros de la sanidad protestan en Bilbao por la lentitud del ministerio en homologarles los títulosCada vez que oyen hablar sobre el déficit de médicos que sufre este país, a las protagonistas de estas páginas se les cae el alma ... a los pies. El atasco en la homologación de títulos extranjeros por parte del Ministerio de Universidades ha dejado a miles de profesionales sanitarios en una situación agobiante y absurda, esperando una resolución que debería haber tardado un máximo de seis o nueve meses (según si se tramitó con el Real Decreto nuevo o con el antiguo) pero que se puede demorar años. La plataforma que los representa ha impulsado una movilización en varias ciudades, incluida Bilbao, para agilizar este bloqueo kafkiano: según los datos de los que dispone la agrupación, casi 29.000 expedientes de profesionales sanitarios están atascados, mientras los servicios de salud se ahogan por escasez de personal. La convalidación de títulos es, precisamente, una de las competencias cuya transferencia urgente ha pactado el PNV con el PSOE de cara a la investidura.
«Nunca esperas una burocracia peor que la de tu país», dice Fernanda Bonvin con una sonrisa a medio camino entre la incredulidad y la ironía. Y se presenta así: «Soy médico internista y anestesióloga. Ejerzo de anestesióloga... Bueno, ahora no ejerzo de nada». Fernanda inició los trámites para homologar su expediente hace 31 meses y ahí sigue, esperando y desesperando: «Es que no hay plazos, solo te queda sentarte a ver si el procedimiento avanza. En la vida hay cosas que dependen de vos, pero este no es el caso. Somos profesionales de la salud, nos necesitan, pero están desperdiciando a personas hiperformadas: hay gente trabajando de lavacopas, de mozos, de limpiadoras en hoteles, en la construcción... Yo estoy de administrativa, soy una de las más suertudas. ¿Que faltan médicos? Nos tienen aquí, empadronados y pagando nuestros impuestos, pero no nos dejan trabajar. ¡Es ilógico!», argumenta.
La facultativa argentina, una de las más activas en las concentraciones de estos días en Bilbao, relata el proceso sin disimular su asombro, que se solapa con la indignación: «A los dos años y dos días, me salió un requerimiento de que presentase un certificado laboral que ya estaba entregado. En miles de expedientes se volvió a pedir y yo no conozco a nadie que no lo hubiese presentado ya. Hay personas a las que les han reclamado dos y tres veces lo mismo. Mandas mails y no te contestan, llamas y no te atienden, ¡es la incertidumbre total!», lamenta la profesional, que cuenta con más de una década de experiencia. «El ministerio dice que le faltan funcionarios para ir más deprisa...»
–Claro, el trabajo se les acumula.
–Pero cada uno que presentó su expediente pagó 176 o 179 euros. Eso supone millones, un montón de plata que les permitiría contratar a alguno más, aunque sea interino.
El nuevo Real Decreto, que se aplica a los aspirantes más recientes, fue un intento de despejar el cuello de botella en el que se ha convertido la homologación de títulos extranjeros, pero Fernanda lo contempla con escepticismo y, de nuevo, con esa ironía argentinísima: «Cuando empezaron con el decreto nuevo, a los del viejo nos dejaron colgados, abandonados. ¡Eso no lo hacen cuando se abre una nueva caja en la cola del supermercado!».
La demora que lleva acumulada Catherine Piñera puede parecer modesta si se compara con la de algunas de sus colegas, pero ya ha bastado para desbaratar sus planes originales al venirse a España. Y, sobre todo, ella se ha resignado a contemplarla como el preámbulo de una espera más larga, de duración incierta, que resulta especialmente complicada cuando uno acaba de establecerse en otro país. La intención de la médica cubana era presentarse al MIR: inició los trámites de homologación a principios de año, se inscribió en los cursos para opositores de CTO y se trasladó a nuestro país en junio. No contaba con que los meses fuesen a pasar sin ninguna noticia del ministerio. «Todo esto es absurdo. Cada vez que entras a los portales de empleo te encuentras con cantidad de ofertas para médicos, porque hay una demanda inmensa, pero tú no puedes hacer nada. Si, al menos, hubiesen creado una categoría 'en homologación' que te permitiese acceder a algún trabajo... Me maravilla esta España».
La situación resulta especialmente dolorosa para una veterana como Catherine: «Tengo 25 años de experiencia, 25 años trabajando con niños y con adultos, hasta el pasado junio», recuerda, y cita partes de su currículum como el Máster en Urgencias Médicas o su tarea como médica de servicios marítimos. «Me duele mucho no poder hacer lo mío. He tenido momentos de gran depresión, de pensar en volverme a mi país. He intentado presentar reclamaciones y se van pasando la pelota».
«Yo también me siento muy frustrada por no poder hacer lo que amo», declara la joven que se manifiesta junto a Catherine en la plaza Moyúa. Es la colombiana Alejandra Spir, cirujana e investigadora que realizó parte de sus estudios en Alemania e Italia. «Me gradué hace dos años e inicié la homologación hace 8 meses, pero ya estoy comprobando que los plazos son aleatorios. Lo peor es que tenemos las puertas abiertas a muchos trabajos, pero no podemos entrar. Escribí a Cruces para ofrecerme como voluntaria en investigación, pero sin homologación tampoco se puede. Creo que al final hay una discriminación contra personas de otros países, cuando en Colombia la medicina es muy rigurosa», defiende. ¿Y de qué está viviendo? «A veces cuido personas mayores y mi esposo trabaja como repartidor».
A Rebeca Picado se le dibuja la emoción en la cara cuando recuerda el año y medio que trabajó como pediatra en su Nicaragua natal, antes de que «la situación socioeconómica» la empujase a buscarse un futuro en Euskadi, donde contaba con el apoyo de parientes. «Trabajar con niños es una experiencia muy bonita: ellos no mienten, son pacientes que siempre te cuentan la verdad. Yo no me dedico a esto porque me haya tocado: es una carrera agotadora, muy exigente, pero me encanta», explica.
Ese porvenir que le esperaba a este lado del Atlántico no ha resultado como ella se lo imaginaba. «Yo soy de las del decreto antiguo, llevo ya 18 meses esperando». La web del ministerio tiene un apartado que permite consultar si se ha producido algún avance en la homologación del expediente, y miles y miles de personas comprueban a diario si se ha producido la ansiada novedad, viven pendientes del seguimiento de algo que no cambia. «Yo miro la situación y me dice que ni siquiera han iniciado la revisión. Según las anécdotas de otros compañeros, a partir de ese momento pueden pasar otros 18 o 24 meses. Vine de Nicaragua en enero de 2022 y mi expectativa era tener todo el proceso finalizado para final de ese año», recuerda, como quien confiesa un vergonzoso exceso de inocencia. «Mientras tanto, de algo tenemos que vivir...», añade.
–¿Y en qué trabaja ahora?
–Durante un año estuve en un locutorio, con un trato bueno y una remuneración no tan buena. Actualmente trabajo de asistenta del hogar. Y no tengo ninguna queja, pero una estudia para ejercer y tener una mejor calidad de vida.
Como a todas sus compañeras, a Rebeca le resulta difícil conciliar los mensajes de las autoridades sobre la escasez de profesionales sanitarios y la aparente falta de interés por dinamizar las homologaciones. «¡Qué impotencia que haya tanta necesidad de pediatras! Y lo cierto es que, a veces, también siento rabia. Tengo un colega trabajando en Murcia y cada dos por tres nos manda anuncios de que hay plazas, por si acaso tenemos ya la homologación. Pero seguimos igual: hay compañeras que llevan tres y cuatro años. Una conocida de Nicaragua estuvo cuatro años y medio. Es mucho tiempo para dar una respuesta que, además, normalmente es positiva».
A Victoria Arancibia, el proceso de homologación de su título de psicóloga le ha acompañado buena parte de su vida. Inició la gestión hace ya diez años, desde su país, y los sucesivos trámites y el estancamiento burocrático la tienen todavía dentro de ese incómodo paréntesis biográfico y profesional. «Me he quedado en el limbo. Espero y espero y, mientras tanto, me apunto a Lanbide, hago cursos, cuido ancianos... Por suerte, tengo la formación para tratar con personas que sufren párkinson y alzhéimer, así que no me ha faltado el trabajo, pero muy mal remunerado y, al principio, sin Seguridad Social».
La psicóloga boliviana se arrepiente de dos cosas. La primera es que, confiada en la homologación de su título universitario, no emprendió los trámites para convalidar su bachillerato. «A la hora de buscar trabajo, me siento como si fuese analfabeta», se queja. La otra es haber reiniciado el proceso cuando entró en vigor el nuevo Real Decreto: «Tuve que darme de baja del anterior y empezar otra vez. Yo creo que cometí un error, porque he acabado a la cola de la cola». El de los psicólogos constituye un caso particular dentro de los problemas que afrontan todos estos profesionales extracomunitarios: según el movimiento Psicólogas y Psicólogos Migrantes, la interpretación de la normativa que hace el ministerio acaba por hacer directamente imposible la homologación.
Victoria no disimula su amargura: «No pensaba que un país como España nos iba a ningunear de esta manera. No solo nos afecta a los migrantes, también al resto de la población que sufre el colapso del sistema sanitario. Y justo ahora, con las necesidades en salud mental...».
–¿Y qué tal está la suya, cómo le ha afectado esta situación?
–Como persona, estoy deprimida, fatal de ánimo. La verdad es que me siento humillada y engañada.
«Yo soy psicóloga educativa, con una tesis de 97 sobre cien. Fundé en Bolivia un jardín de infancia que sigue funcionando. No vengo de una familia millonaria: trabajaba y estudiaba y no podía permitirme reprobar una asignatura. Con esto me vinieron a quitar la poca dignidad con la que viaja una», se lamenta, pero un momento después se recompone: «No, no: dignamente siempre hemos vivido».
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