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XABIER GARMENDIA
Martes, 23 de octubre 2018, 21:51
Es una historia que se viene repitiendo entre muchos jóvenes desde hace un par de años. Recalan en suelo vizcaíno cuando aún son menores de edad, sin compañía y en busca de un futuro más halagüeño que en su país de origen. Cuando llegan aquí, la Diputación les acoge en un centro de protección para evitar que queden desamparados, pero al cumplir la mayoría de edad se quedan sin nada. ¿El resultado de la ecuación? La calle. El colectivo de los menores extranjeros no acompañados –bautizados como 'menas'– es uno de los principales motivos que explican el fuerte ascenso en el número de personas sin hogar en Bizkaia. Según el último recuento realizado por el Gobierno vasco la pasada semana, son 264 frente a los 155 que había hace tan solo dos años.
El estudio concluye que Bilbao es el municipio vasco con más casos en términos tanto absolutos como relativos. En total, los voluntarios localizaron la noche del jueves al viernes a 211 personas, lo que representa prácticamente el doble que en la anterior oleada. El incremento es aún mayor en Barakaldo, donde se ha triplicado el dato hasta alcanzar las 30.
De todas formas, fuentes de organizaciones que asisten a este colectivo puntualizan que «no son cifras exactas» porque el trabajo de campo no llega a todas las zonas y se lleva a cabo durante una noche en concreto. «Es una fotografía fija», inciden. Así lo corrobora también la viceconsejera de Políticas Sociales, Lide Amilibia, quien, eso sí, subraya la importancia del recuento para «acercarse a una realidad muy cambiante».
La publicación del estudio bianual coincidió este martes con las conclusiones de una encuesta elaborada en Bilbao por investigadores de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) a instancias del Ayuntamiento. El sondeo confirma el papel protagonista de los 'menas' en ese sustancial incremento y denuncia la falta de recursos para hacer frente al problema. En concreto, lamenta que las dificultades para acceder a programas de emancipación generen «procesos de transición muy complicados» cuando cumplen los 18 años. Según los expertos, esa «traumática situación» les aboca a utilizar recursos que, en principio, no están específicamente diseñados para ellos.
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«Durante la crisis, la llegada de 'menas' se redujo y hubo un redimensionamiento de los recursos», explica Gorka Moreno, uno de los autores del estudio. Con la recuperación económica, en cambio, la afluencia se ha duplicado sin un aumento correspondiente en dichos recursos. «Es como un río en el que el cauce se ha empequeñecido y llega más y más agua. Al final rebosa», ejemplifica. Sin ir más lejos, se calcula que entre las tres diputaciones vascas se tutela a cerca de un millar de menores extranjeros mientras que una comunidad limítrofe como La Rioja lo hace solamente con uno.
La encuesta también preguntó a un grupo de 'jenas' –antiguos 'menas' que ya han cruzado la barrera de los 18– sobre los motivos que les llevaron a abandonar su país de origen y recalar en Bilbao. La mayoría achaca el desplazamiento a la falta de oportunidades laborales, aunque los conflictos bélicos también tienen su efecto entre los procedentes de África subsahariana.
Su llegada a la capital vizcaína se produce en más de la mitad de las ocasiones por recomendación a instancia de otras personas. «No es algo nuevo. La inmigración siempre ha respondido a esos patrones», razona Moreno, que desestima la existencia de un efecto llamada e insiste en desligar esta situación con la crisis de los migrantes en tránsito.
Los resultados de una encuesta de la Universidad del País Vasco permiten realizar un retrato robot de la persona sin hogar que vive en las calles de Bilbao. El perfil más común es el de un hombre de 18 a 28 años que proviene del Magreb, mayoritariamente de Marruecos. Más de la mitad de ellos duermen a diario en la calle, mientras que uno de cada cuatro suele hacerlo en un piso o una pensión. «Eso no quiere decir que vivan allí de continuo. Hoy pueden dormir bajo techo y mañana no. Es una situación cambiante según el día», matiza Iraide Fernández, una de las responsables de la investigación.
Este retrato marcadamente joven hace que, en las estadísticas globales, la inmensa mayoría de los 'sin techo' perciba tener una buena salud. Solo el 12% confiesa estar «mal o muy mal». En todo caso, el estudio también alerta del incremento de otros perfiles como mujeres, solicitantes de asilo e incluso familias. De hecho, según el Servicio Municipal de Urgencia Social (SMUS), las familias completas atendidas han pasado de 8 a 125 en tan solo cuatro años.
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