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El vecino de la villa, Mikel Aretxaga, reside en el barrio de Madalena, zona que quedó devastada con los ataques aéreos el 31 de marzo de 1937. J.G.L.
«Nos metimos en un horno antiguo mientras caían las primeras bombas»

«Nos metimos en un horno antiguo mientras caían las primeras bombas»

El durangués Mikel Aretxaga Motxobe (1932) es uno de los supervivientes del ataque contra la villa por parte de la aviación italiana y tenía cuatro años cuando ocurrió dicha tragedia

Jueves, 28 de marzo 2024

Muchos recuerdos en la cabeza del vecino de Durango Mikel Aretxaga Motxobe (91 años) tras el bombardeo de la villa por parte de la aviación italiana el 31 de marzo de 1937. Este domingo se cumplirá el 87 aniversario de aquella tragedia que devastó el municipio y causó la muerte de 213 personas.

«Tenía 4 años, a punto de cumplir 5. He nacido, crecido, casado y todavía vivo en la casa que derrumbó el bombardeo, y que hubo que arreglar, claro. En aquella época acudía a la Escuela Vasca, que se levantaba donde ahora están los Juzgados de Ezkurdi. Mi hermana era andereño con otra amiga, habían estudiado vascuence y estaban enseñando», rememora.

El Gobierno vasco avisó a estos centros educativos que trasladaran a todos los niños fuera de Durango con el objetivo de que no sufrieran y se evitasen muertes con las bombas. Muchos de ellos, de edades comprendidas entre los 5 y 10 años, fueron trasladados junto a los profesores y andereños hasta Santander en grupos divididos. Permanecieron allí por espacio de un mes, y poco después embarcaron rumbo a Inglaterra, a Bélgica y a Rusia. «A mi hermana le tocó quedarse en Francia», añade recordando que acudió a esta escuela entre 1935 y 1937.

Les denominaron como 'los niños de la guerra'. No obstante, él permaneció en Durango y el día del bombardeo comenzó a haber movimiento en la villa. «Empezaron a tocar las campanas en la torre, sirenas y la gente corría a resguardarse, caminaba por la calle, sin saber qué hacer. Mi padre y el tío eran alfareros y tenían un taller en    la planta baja, a ras de calle. Contaban con un horno antiguo que no se usaba y en aquel momento de miedo y bombardeo, nos metimos ahí. Esperamos a que dejaran de caer bombas», detalla.

Los primeros ataques fueron en la calle de Kurutziaga y en la torre de Santa María. «Al principio no llegaron hasta aquí –señala Madalena, el barrio donde ha crecido y vivido–. Salimos a la calle tras el primer ataque, que había golpeado terriblemente, con un montón de muertos. En nuestra casa no golpeó el primer bombardeo de las 8.30 horas», subraya.

Ante la amenaza de la segunda sirena, que finalmente cayó sobre las cinco de la tarde, decidieron sus padres y las tres hermanas irse de casa y marcharse al barrio de Goiuria, que hoy en día pertenece a Iurreta. «Vimos pasar los aviones y el segundo bombardeo en el pórtico de la iglesia de esta zona, donde estuvimos parte de la tarde y de la noche. En ese momento, mi padre y mi tío comentaron la idea de marcharnos toda la familai. Cuando oscureció, ambos bajaron a Durango para ver lo que había pasado y vieron que el segundo ataque había golpeado bastante la casa», relata con un nudo en la garganta.   

La familia al completo decidió abandonar su casa y marcharse a Bilbao, donde tenían unos familiares. Allí vivió seis meses y no fue hasta septiembre de 1937 cuando Mikel Aretxaga volvió a la casa natal. Su vida ya nunca sería la misma.

Acto de recuerdo el domingo presidido por el lehendakari

Este domingo se realizará el acto conmemorativo del 87º aniversario del bombardeo de Durango, acaecido el 31 de marzo de 1937. A las ocho de la mañana se realizará una ofrenda floral en recuerdo y homenaje a las personas fallecidas en el cementerio de la villa. Media hora más tarde, sonará el toque de alarma del primer ataque aéreo. A las 9.00 horas se procederá al encendido del pebetero en el pórtico de Santa María. El parque Benita Uribarrena, por su parte, será testigo del acto institucional en su recuerdo a las 10.00 horas, presidido por el lehendakari Iñigo Urkullu. Por la tarde, a las●19.30, llegará la ofrenda floral de recuerdo y reconocimiento en Santa María, acompañada por la actuación de Kriskitin Dantza Taldea.

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