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Esta Semana Santa Durango será escenario de la representación de la Pasión Viviente y Muerte de Cristo del 16 al 18 de abril. Cumple su 30 aniversario como un evento que marca la continuación de una tradición arraigada en la villa y que revive esta emotiva interpretación que congrega a miles de vecinos de la comarca y del resto de Bizkaia.
En la década de los 90, un grupo de vecinos de la localidad se unieron con la intención de revivir una celebración que se remonta a los años 60, cuando se representó en la localidad entre 1961 y 1965. Tras perderse aquel año y recuperarse casi tres décadas después, esta celebración ha persistido gracias al esfuerzo y dedicación de más de un centenar de participantes voluntarios. El organista Xabier Arana, con experiencia durante los últimos 20 años en la representación, sabe de lo que habla y ha interpretado la gran mayoría de papeles –excepto Judas–, además de haber sido director durante varios años y actualmente miembro de la junta directiva.
«Lo bueno es que hay gente joven implicada y se ha producido un relevo generacional. Pero uno de los principales problemas es que no tenemos gente, faltan voluntarios. Es triste que en Durango, un pueblo con 30.000 habitantes, no haya 200 personas para poder tomar parte en la representación que realizamos. Nos vendría bien medio centenar de vecinos para hacer de pueblo y de todas las edades», subraya, antes de recordar con nostalgia los primeros años en los que llegaron a reunir a 200-250 vecinos de la villa. «La implicación de la gente era muy grande», detalla, recalcando que lo que más le gusta es lo bien que se presta la plaza de Santa Ana para hacer toda la representación.
Sentido de pertenencia
«Juanjo Echarte y Basilio Arana fueron los que en los años 60 vieron que esta localización podría prestarse para todo y se puede ver el palacio de Herodes, Pilatos, calle del rio, el Sanedrín, el escenario central, el mercado, la última cena, crucifixión, resurrección o el huerto de los olivos, con una panorámica de 180 grados que el espectador lo ve todo sin moverse de sitio y en la misma plaza de Santa Ana», detalla este vecino, que esta vez interpretará el papel de ciego. Precisamente, Juanjo Echarte hijo retomó el testigo de su padre y fue durante muchos años director, honor que ha ostentado en los tres últimos años Markos Echarte, hijo de este último. Este joven de 26 años, interpretará esta vez el papel de Judas y quiere recordar también a los fallecidos en esta trigésima edición. «Esta tradición es un sentido de pertenencia, un recuerdo a lo familiar y a lo mío. Una unión hacia mi padre y mi familia», prosigue.
Este año, dos de las directoras son Susana Alarcón y Josune Goienetxea. «Es un hito y es una cifra redonda. Cada vez somos menos gente y hay más dificultad para cubrir todos los personajes. Estamos con ilusión y es un reto», confiesa la primera, que lleva interpretando papeles desde hace una década y ha llegado a hacer de la Virgen María. «El ambiente en la plaza es muy bonito, con mezcla de generaciones», concluye, mientras los actores ensayan las lecturas los lunes y miércoles a las 21.00 horas en la plaza de Santa Ana.
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