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Iñaki posa junto a la maqueta del avión y otros recuerdos del avión que exhibe en su tienda. NAHIKARI CAYADO
«¡Cómo no iba hacer mío el dolor del accidente aéreo en Oiz!»

«¡Cómo no iba hacer mío el dolor del accidente aéreo en Oiz!»

El iurretarra Iñaki Uribesalgo asegura que lo que vio allí hace 35 años «me marcaron mi vida». En recuerdo a las 148 víctimas, les brinda una ofrenda floral

NAHIKARI CAYADO

Iurreta.

Sábado, 22 de febrero 2020, 01:00

Aquel fatídico 19 de febrero de 1985, un avión que realizaba el trayecto entre Madrid y Bilbao se estrelló en las faldas del monte Oiz sin dejar supervivientes, con un saldo de 148 víctimas mortales. Iñaki Uribesalgo tenía por aquel entonces tan solo 15 años, pero no puede olvidar de su cabeza aquel continuo sonido de sirenas que desfilaba por Iurreta, localidad en la que residía y sigue viviendo a día de hoy. Pero lo que realmente se le quedó grabado fueron las dantescas imágenes que vio una semana después del accidente. «Me marcaron mi vida». Recuerda que subió al monte con su aita y solo el morro del Boeing 727 se mantenía intacto a diferencia del resto. Ese día recogió algunas piezas que, junto con otras que ha ido hallando a lo largo de los años, exhibe en la floristería que regenta en Iurreta. Comparten espacio con una maqueta del avión siniestrado y recortes de la época.

Hace cerca de una década, además, decidió acercarse hasta la cima del Oiz, a 1.026 metros de altura, para honrar a las víctimas y a sus seres queridos con una ofrenda floral. «Siempre me habían gustado los aviones, las flores y el monte Oiz, que es lo primero y lo último que veo desde la ventana de mi casa. ¡Cómo no iba a hacer mío ese dolor también!», lanza Iñaki Uribesalgo.

Aprovecha la víspera del día que tuvo lugar esta catástrofe aérea para ascender a uno de los emblemáticos montes del Duranguesado y depositar las flores junto a la antena de EiTB con la que colisionó el ala de babor del vuelo de Iberia 610. La aeronave quedó fuera de control durante un kilómetro y acabó estrellándose contra el suelo a 300 kilómetros por hora y deslizándose por la ladera noroeste del Oiz. Según la versión oficial de lo ocurrido aquel día, martes de carnaval, el comandante José Luis Patiño se desvió de la ruta habitual de aproximación y volaba a varios cientos de metros por debajo de lo establecido.

«El aparato quedó hecho mil pedazos, fue imposible retirarlos todos, por lo que a día de hoy si se busca aún se pueden encontrar restos», sostiene este florista de Iurreta, que no hace mucho se ha hecho con otro pequeño resto. El martes volvió a la cumbre del Oiz para depositar su ramo de flores. «En memoria y recuerdo desde Iurreta. Por favor no quites este recuerdo y respétalo», reza la leyenda que Iñaki Uribesalgo ha colocado esta vez junto a un majestuoso centro floral.

Pero este no es el único gesto que este iurretarra tiene con aquel trágico accidente en las crestas del Duranguesado. Visita también el cementerio de Derio, donde se encuentran los restos de las siete personas que viajaban en aquel fátidico vuelo y que no pudieron ser identificadas, para honrar a estas víctimas con otro centro floral.

Uribesaldo lo hace de forma anónima, haciendo caso a lo que le dicta su corazón. Este iurretarra de grandes valores humanos recuerda el dolor que sintió cuando vio en la televisión a una mujer que lamentaba no poder acercarse hasta el monte Oiz para honrar la memoria de su esposo que viajaba en el vuelo que no llegó a su destino.

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