
Días de safari tras la famosa pantera de Lemoiz
Calabor, 40 años de sucesos en EL CORREO ·
En abril de 2003, el supuesto avistamiento de un gran felino tuvo en vilo a las autoridades... y a mí también, claroSecciones
Servicios
Destacamos
Edición
Calabor, 40 años de sucesos en EL CORREO ·
En abril de 2003, el supuesto avistamiento de un gran felino tuvo en vilo a las autoridades... y a mí también, claroAbril de 2003 fue el mes del safari. Me pasé un montón de días con los ertzainas y los forestales, batiendo los montes de Lemoiz en busca de la pantera, la famosa pantera negra que se había avistado en el pueblo. Fue una experiencia muy extraña, en la que nadie sabía a qué atenerse: había testimonios que confirmaban que por allí había suelto un gran felino, pero a la vez todo apuntaba a que el bicho no existía, porque la zona estaba llena de ganado y no se produjo ningún ataque. El ánimo de quienes la buscaban (bueno, quienes la buscábamos) era al principio de bastante temor y prudencia, porque no sabías si en cualquier momento te ibas a encontrar cara a cara con una fiera de 80 o 90 kilos, pero a medida que pasaban las jornadas fue evolucionando hacia el cachondeo. Parecíamos los cazafantasmas, allí en mitad del monte.
Todo empezó cuando una vecina vio el animal a lo lejos y lo grabó con su cámara de vídeo, porque entonces los móviles todavía no se usaban para esas cosas. Dijeron que era una pantera, aunque, en fin, también puede parecer un gato grande, y ahí se desencadenó la locura: publicamos las imágenes, empezaron a venir todas las televisiones y se montó el circo, pero al final fue un circo sin fieras. Ahí tenías a los ertzainas con las escopetas, los forestales con los rifles y yo detrás, con la cámara. Pusieron trampas con carne de cabra y cerraron zonas al público para rastrearlas a fondo. Ahora lo contamos todo con mucha risa, pero al principio todo el mundo estaba bastante acojonado, por si se escuchaba de pronto un buen rugido. Me acuerdo de ver a algún ertzaina con la pistola en la mano y expresión de circunstancias.
Pasaron unos cuantos días y, claro, el dispositivo cada vez salía con menos convicción, porque parecía imposible que de verdad hubiese una pantera por ahí. Por mucho que se investigó, tampoco se supo de ningún caserío de las inmediaciones donde tuviesen un gran felino como mascota, en plan el Currupipi de Jesulín. Yo, a falta de una buena foto de pantera, me tuve que conformar con muchísimas imágenes de los ertzainas, los forestales y los perros villanos que se emplearon en las batidas. Ellos fueron los únicos animales retratados en aquel safari, pero daba igual, porque la gente se volvió muy loca con el tema. Este tipo de cosas siempre se siguen mucho, es una mezcla muy curiosa de alarma y choteo: todo el mundo se ríe con la idea de una pantera en Lemoiz a menos que le salte justo delante. A mí me recuerda a las clásicas noticias de vacas que se escapan, con las que la gente se parte de risa, pero habría que verlos si les pilla a ellos.
Un par de años más tarde, tuvimos otra alerta por pantera, esta vez en la zona de Gorliz, y también quedó en nada. Alguna vez me ha comentado algún amigo lo chulo que habría sido que apareciese la famosa pantera negra de Lemoiz, pero, a mí, lo que me gustaría de verdad es que apareciera ahora, una pantera vieja y canosa, y demostrase a todos que siempre ha estado ahí.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
Jon Garay y Gonzalo de las Heras (gráficos)
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.