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antonio corbillón
Jueves, 7 de abril 2016, 01:48
El hielo es como el diamante. Acumulaciones geométricas cristalinas. Y el mejor tallador de diamantes humanos sobre el hielo trabaja en Toronto. Detrás del talento del doble campeón del mundo de patinaje artístico, el madrileño Javier Fernández, está Brian Orser, héroe del deporte blanco en Canadá y el entrenador más solicitado. Hasta el punto de que prepara a la vez a Fernández y a su gran rival, el japonés Yuzuru Hanyu.
En la última década, Orser, de 54 años, y su equipo de entrenadores han convertido el Cricket, Skating & Curling Club de Toronto en el epicentro del patinaje mundial. Un logro en una ciudad que tiene diez veces más pistas de hielo que toda España, donde apenas hay 10 homologadas. «No sé si es el mejor, pero está claro que tiene el mejor equipo multidisciplinar», resume Pedro Lamelas, director de la revista Hielo Español. Buen amigo de Javier Fernández, Lamelas sabe que el patinador madrileño estuvo a punto de perderse. Tenía tanto talento, le salía todo tan a la primera que, a los 17 años, le venció «la pereza de los genios».
Aquel mirlo blanco imposible en un país con apenas 400 federados (en Canadá hay 180.000) no veía futuro a sus capacidades. Le salvó el entrenador ruso Nikolai Morozov que le ofreció en 2010 entrenarle gratis en su escuela de Nueva York. Allí empezó a darse cuenta de lo que era trabajar en serio y apreciar el esfuerzo de sus progenitores. Sobre todo su padre, un militar que se dedicaba a montar cocinas en los ratos fuera de servicio para pagarle los trajes, los patines o un programa de competición, que nunca baja de 10.000 euros para presentar unos pasos y una coreografía con opciones.
Un año después, la federación española sondeó al doble medallista olímpico Brian Orser, mito en su país y que había logrado armar un gran equipo en un club de Toronto. En la decisión no influyó la polémica que acababa de sufrir el preparador, despedido tras un agrio enfrentamiento con la coreana Kim Yu-Na, después de hacerle ganar el oro olímpico en 2010. Técnico y pupilo empatizaron enseguida. «Brian es como un padre -insiste Pedro Lamelas-. La palabra clave es enderezar. Estuvo muy encima para cambiarle». En el joven español, Orser vio su propio espejo. Nacido en los albores de la navidad de 1961 en Belleville (Ontario), su hermana mayor que solía llevarle a la pista descubrió enseguida que había nacido para ello. Mientras el resto de chicos solía apostar por el hockey, él se decidió por el patinaje artístico apoyado por su madre, Joanne. Si Brian es clave para Javier, su carrera hacia el éxito se la debe a Doug Leigh, su descubridor y entrenador hasta que se hizo profesional.
Más arte que músculos
Supo ver lo mismo que él en el español: un artista por encima del deportista de élite que también es. Así le llegaron los éxitos que le convirtieron en Mister Triple Axel, al ser el primer patinador capaz de volar tres giros completos en unas olimpiadas (Sarajevo 1984). Ya lo había hecho en 1979 cuando era junior en el campeonato canadiense. «Me gusta la sensación de volar. Me gusta desafiar a la gravedad», se explicó. De todo ello, lo que trata de hacer llegar ahora a la nueva generación es que «estuve allí (en lo más alto) y no es fácil. Le puedo transmitir a Javier las cosas que puede esperar».
Campeón mundial, a su hoja de servicios solo le faltó el oro olímpico. Y lo perdió de la forma más dolorosa. En casa (Calgary 1988) y frente a su gran rival, otro Brian, el americano Boitano. Quedó para la historia como La batalla de los Brian. Le eligieron para portar la bandera canadiense durante el desfile, era el icono de su equipo. Pero un juez se decantó por una diferencia de apenas 0,10 puntos en favor del americano. Canadá lloró. Orser entró «en estado de shock». Tardó diez años en superarlo. «El tiempo que necesité para poder ver el vídeo de la competición». Aún así fue capaz de recomponerse y ser competitivo hasta los 41 años (un anciano para este deporte) cuando ganó su último título nacional. Después llegó su exitosa vida de entrenador. Entró en el Cricket Club con apenas media docena de críos con aspiraciones de campeón. Ahora tiene a los tres mejores del mundo y otros 60 que llaman a su puerta para que acabe de pulirlos.
Brian Orser tuvo que superar el obstáculo de su homosexualidad en una especialidad en la que algunos creen que se rompen las fronteras estéticas entre lo masculino y lo femenino. Hizo lo imposible por ocultarlo hasta que en 1998 su exnovio Craig Leask le exigió 5.000 dólares al mes como pensión de separación ante el juez. Con el tiempo y su capacidad para hacer equipos, Brian disipó cualquier desconfianza. «Lo más importante es que, cuando estés en el hielo, seas tú mismo», suele repetir a su entorno.
Desde hace años vive en el barrio gay de Toronto donde se deja ver con su pareja Rajesh Tiwari, que dirige la Fundación Brian Orser dedicada a recaudar fondos para luchar contra el sida y en favor de la salud femenina. «Todos mis atletas y sus padres saben de mi vida, no oculto nada», insiste. Aunque, algún secreto se guardará para que todos los que quieren volar sobre el hielo le busquen.
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