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El sociólogo José Antonio Oleaga (Bilbao, 1960) sostiene que la crisis del coronavirus ha colocado a la sociedad frente a un espejo que le ha ... devuelto una imagen de fragilidad. «Nos ha dicho que tenemos eslabones muy débiles», subraya.
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- El coronavirus llegó a nuestras vidas y las puso patas arriba. ¿Hemos superado el miedo escénico inicial?
- Como en muchos otros fenómenos sociales, no hay uniformidad en las respuestas. Las personas mayores, por ejemplo, siguen con el coronavirus muy, muy presente. La gente joven, los adolescentes, sin querer se está viniendo un poquito arriba. Hemos pasado la fase del primer golpe sanitario, pero todavía queda un recorrido importante.
- Miles de muertos en España, contagios masivos, las UCI casi colapsadas... El drama humano ha sido tremendo. ¿Somos conscientes de lo vivido o todavía no tenemos la perspectiva suficiente para entenderlo?
- Los que hemos tenido la suerte de que la muerte no nos ha tocado de cerca lo hemos visto desde una pequeña barrera. El tema de asumir la pérdida y el duelo es prácticamente universal. Habrá gente que responda un poquito mejor y otra, un poquito peor. Es que algunas personas mayores salían de casa, se las llevaban al hospital y ya no las volvías a ver. El drama ha tenido que ser muy duro.
- ¿Qué ve cuando pasea por la calle: tristeza, desorientación, algo de luz, esperanza...?
- Veo diferentes actitudes. Ves personas con mascarilla, personas en grupo en torno a una mesa, hay muchísima menos gente de la que suele haber... Está todo un poco segmentado. Tenemos gente que lo vive como una situación amenazante, gente que empatiza con otra... En general, detecto una actitud más bien expectante, de preguntarse hacia dónde vamos. La frase típica es 'vamos a ir viendo'; ya no tienes planes para medio plazo, ni siquiera para el verano. Estamos recibiendo además mensajes muy contradictorios.
guías en el camino
- Los seres humanos necesitamos seguridad y de repente el suelo se ha tambaleado y no se descartan nuevos temblores en el futuro. ¿Estamos preparados para esta incertidumbre?
- Socialmente, el ser humano necesita certidumbres. Hay gente que se maneja mejor con escenarios de incertidumbre, pero, en general, nos gustan las cosas seguras. Ahora no tenemos certidumbres de cómo comportarnos en sociedad, si vamos a sobrevivir o no en caso de caer enfermos, tampoco laborales... En este momento hay un montón de gente cuyos proyectos vitales han quedado en suspenso. Podríamos decir que la sociedad de Euskadi está ahora mismo en ERTE, expectante ante lo que nos viene. Socialmente, estamos en ERTE todos.
- En momentos de crisis las personas buscan guías, ciudadanos que les indiquen el camino. ¿Dónde hay que mirar para encontrarlos?
- Lo que nos gusta es alguien que nos ofrezca certidumbres, alguien que nos diga 'yo os puedo decir hacia dónde vamos si me seguís'. Hay que tener claro que tenemos diferentes líderes. Están los políticos, que elegimos nosotros, y ahora han adquirido un protagonismo inusual los líderes científicos, como Simón, Bengoa... Nos gustan los líderes que son de una pieza, no los que mienten, los que echan la culpa a otro o los que dicen 'yo hago muy bien las cosas'. Pero sí, hacen falta líderes.
- Las desigualdades sociales eran ya muy acusadas y esta crisis las ha agravado. ¿Hablar de no dejar a nadie atrás es solo un enunciado, una quimera?
- Las crisis en general, como sociedad, nos ponen frente a un espejo. Nos pasó en 2008 y nos pasa ahora. ¿Y el espejo qué nos ha dicho? Tiene usted eslabones muy débiles. ¿Qué ha pasado en las residencias? ¿Qué ha pasado con el sistema sanitario?
- Eran ventanas cerradas que se han abierto de golpe.
- Por eso, nos pone contra el espejo de nuestras debilidades. También nuestras fortalezas, pero, claro, las debilidades es lo que más nos interesa corregir. De repente el sistema sanitario es fundamental. Pues no hace mucho en algunas comunidades se estaba recortando por aquí y por allá. La Osakidetza actual tampoco tiene nada que ver con la Osakidetza de los años 80 y 90. Aquella era un referente estatal y europeo, y hoy en día es un buen sistema sanitario. Y entonces surge la pregunta: 'hombre, a ver si hemos descuidado un poquito eso'.
- ¿La vuelta a la actividad es un antídoto contra la depresión o solo es un gran árbol que nos impide ver el bosque?
- Ha sido una búsqueda constante del equilibrio entre el tema sanitario, que no se nos vaya de las manos, y el económico, que la crisis nos dure lo menos posible. Mientras haya crisis, la parte de abajo, los desfavorecidos que se nos han caído, la tenemos que sostener de algún modo. ¿El Ingreso Mínimo Vital? Bienvenido sea. También necesitamos dejar de hablar del coronavirus, tener otras cosas de las que hablar.
inseguridad
- ¿Estamos más cerca unos de otros a pesar de la distancia social? ¿Somos conscientes de que la salida debe ser colectiva o cada uno remará por su cuenta?
- En las situaciones críticas siempre buscas el arrope, el consuelo, la ayuda y el apoyo de la comunidad. El problema es comunitario y necesitamos una respuesta comunitaria. Todos debemos aportar nuestro granito de arena en ser corresponsables en ese equilibrio: tenemos que volver a trabajar, a relacionarnos, pero también tenemos que impedir que se vuelva a una emergencia sanitaria. Dentro de dos o tres años volveremos a centrarnos en nuestros quehaceres y nuestra cotidianidad. Pero no será todo igual. Nunca se vuelve a ser igual.
- ¿En qué sentido?
- También en la crisis de 2008 se decía 'cuando volvamos'. Pero todo no puede ser igual. Si antes íbamos en una dirección, el parón del coronavirus tiene que hacer que la modifiquemos. En las residencias, por ejemplo, se va a meter mano sí o sí. El sistema sanitario y la inversión en investigación, pues quizás se lo piensen un poquito más.
estado de ánimo
- Los políticos hacen permanentes llamamientos a la necesidad de trabajar juntos por un objetivo común. Todo lo contrario a lo que están haciendo ellos.
- Son referentes sociales, aunque a veces se les olvida. Lo que hacen se tiene muy en cuenta. La forma de relacionarse los políticos en Madrid me subleva. No dejamos de decirles que no queremos eso, y no hay manera. Aquí, en Euskadi, veo otro talante.
- ¿Quiénes salen peor parados de esta pandemia?
- La parte baja de estratificación social es la que se va a llevar todas las bofetadas, porque van a ser los primeros que van a salir del mercado laboral: cuanto menos cualificación tengas, peor; cuanto más empleo sumergido tengas, peor. Inmigrantes irregulares no hay muchos, pero todos ellos a la calle. Las empleadas de hogar, muchas de ellas sin alta en la Seguridad Social, pues lo van a pasar muy mal.
- ¿El estado del bienestar está en peligro?
- Pues yo creo que puede salir hasta fortalecido. Porque igual lo que nos ha demostrado esta crisis es que el famoso estado de bienestar, lejos de ser sólido y cubrir a todo el espectro, tiene bastantes fisuras. Cuando haces una casa al principio te queda bien cerradita, pero después de 20 o 25 años, como no hayas hecho reformas, empiezan a salir goteras, humedades... Si es verdad que queremos que vayamos todos en el grupo, tenemos que pensar en reforzar algunas cosas. El espejo del que hablamos nos viene muy bien casi como acción política.
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