En el caserío 'Apraiz' de Busturia, dentro del cajón de una mesita de noche, yacía oculta durante años una carta reveladora. «Muy señor mío, comprendo la ansiedad que reina en su familia, pues no sé cuánto tiempo estará desprovisto de noticias referentes a su hijo…», rezaba la misiva firmada por Gregorio Uranga y dirigida a los padres de Anjel Lekuona, el busturitarra fusilado por los nazis. «… hemos sufrido la ocupación de los alemanes, que como Vd. sabe han cometido crímenes horrorosos, siendo una de entre las víctimas, su hijo», les trasmitíó el compañero de cautiverio de Lekuona, que acabó asesinado en un campo del Tercer Reich el 9 de abril de 1945.
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Su sobrino Antón Gandarias descubrió la historia de su tío «después de que mi ama me enseñara la carta. Ahí empecé a tirar del hilo para saber más sobre su vida», cuenta a EL CORREO. «No podemos darle fin a esta historia. Me gustaría saber más sobre él», apuntó. Durante el proceso de investigación coincidió con Unai Egia, «que curiosamente estaba indagando en la vida de otro vasco al que asesinaron el mismo día que a mi tío», detalló.
A escasos metros del baserri familiar de los Lekuona, en la plaza Aberrien alde hildakoen plaza del barrio Altamira de Busturia, se erige ahora un tótem en su memoria. El panel informativo, que fue descubierto ayer por el alcalde de la localidad, Aitor Aretxaga, y el embajador de la República Checa, Libor Secka, recoge de manera cronológica y detallada el destino de este «héroe» local. «Lo fue junto con el administrador del crematorio de Praga, Frantisek Suchy. Ambos lucharon desde sus áreas y por encima de la presión nazi, con valentía y humanidad», destacó el embajador checo.
Lekuona fue fusilado cuando era prisionero en el campo de concentración de Hradischko, tras ser deportado desde Francia, donde se había exiliado después de la Guerra Civil española. Sus cenizas reposan en el memorial del crematorio civil de Stranice en Praga, junto con los de otros prisioneros asesinados cuyos restos fueron guardados y documentados por los encargados del crematorio, pese a que les habían ordenado deshacerse de ellos. Hace dos años se colocó también en Busturia un 'Stolperstein' o placa-baldosa en su recuerdo.
«La memoria histórica ha unido a Busturia con Hradischko, ciudad con la que en adelante compartimos el sentimiento y deseo único de construir la paz», expresó también, por su parte, el primer edil de la localidad de la comarca de Busturialdea.
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El acto, que sirvió para hermanar a ambos pueblos, contó también con la presencia de la diputada general, Elixabete Etxanobe, así como de la consejera de Igualdad, Justicia y Derechos Sociales del Gobierno vasco, Nerea Melgosa. «El ejemplo de vida de Anjel se hace extensible a todas las víctimas del nazismo por defender la democracia y la justicia social», subrayó Melgosa.
La ceremonia concluyó con una ofrenda floral en honor a Lekuona, el baile de un aurresku y la canción 'Txoria txori', de Mikel Laboa, interpretada por los alumnos de la escuela local.
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