
EL CORREO se muda a la Gran Vía
Un nuevo comienzo ·
Después de 55 años en Bolueta, EL CORREO ha pasado a ocupar dos plantas del Edificio SotaSecciones
Servicios
Destacamos
Edición
Un nuevo comienzo ·
Después de 55 años en Bolueta, EL CORREO ha pasado a ocupar dos plantas del Edificio SotaEn el periodismo clásico existía la tradición de disculparse cada vez que el propio medio se convertía en noticia, porque se entendía que poner el foco sobre uno mismo trastocaba de alguna manera la esencia del oficio y violaba una regla no escrita del pudor profesional. Pero, a la vez, siempre ha habido ocasiones en las que no queda otro remedio que informar de algún acontecimiento de tipo más o menos interno, ya que la comunidad que forman un periódico y sus lectores acaba teniendo un aire casi familiar, con unos lazos que incluyen ese interés compartido por lo que podríamos llamar la biografía del diario. Así que vamos a asumir la recatada fórmula de aquellos colegas de otros tiempos -«por una vez, la noticia somos nosotros»- para dar cuenta de un hecho poco común, inusual, podríamos decir que extraordinario: tanto, que solo se ha producido otras dos veces en los casi 111 años de historia de este periódico. ¡EL CORREO se muda! O, aprovechando esa licencia ocasional para emplear la primera persona del plural, ¡nos mudamos!
Después de 55 años en su sede de Bolueta, nuestra 'fábrica de noticias' se ha trasladado al Edificio Sota, el imponente inmueble que hizo levantar el empresario Ramón de la Sota a principios del siglo XX en la Gran Vía bilbaína. Allí se han confeccionado ya estas páginas que usted tiene entre las manos, o estas informaciones que lee en su pantalla, aunque el coronavirus se haya cruzado en los planes de traslado y haya forzado a que el desembarco de la plantilla se vaya produciendo de manera gradual, con atención concienzuda a las medidas de seguridad. Las nuevas dependencias, que contemplamos todavía con los ojos maravillados de quien estrena un juguete soñado, ocupan dos plantas completas del edificio. En una -blanquísima y presidida por un gran friso de pantallas, como un corazón que mantiene el pulso informativo- se encuentra la redacción junto al departamento técnico y las dependencias del máster, mientras que la otra acoge a Publicidad, Marketing y Administración, además de la sede central de Vocento: son todas piezas fundamentales en este puzzle del periódico que hay que rehacer todos los días. Además de la mejora en términos de accesibilidad y comunicaciones con toda Bizkaia, nuestra nueva dirección en el número 45 de la Gran Vía de Bilbao ha hecho realidad un viejo objetivo: reunir en una misma ubicación la sede central y lo que llamamos 'la tienda', esa embajada del periódico en el centro de la ciudad que interactúa de forma directa con los lectores.
Como tantas otras cosas, el traslado al Edificio Sota se ha visto afectado por la pandemia: va a tratarse, en cierto modo, de un reencuentro paulatino después de todos estos meses de teletrabajo, que han vuelto del revés las rutinas periodísticas pero también nos han reafirmado en la importancia de nuestra labor informativa.
La sede de Bolueta, donde se ha confeccionado EL CORREO desde 1965 hasta ahora, ha sido el escenario de las grandes transformaciones tecnológicas que ha experimentado el periodismo: las máquinas de escribir dieron paso a los ordenadores, como parte de un salto que lleva desde las linotipias hasta la edición digital. Aquí nació la web del periódico en 1996.
La primera redacción de 'El Pueblo Vasco', donde empezó a publicarse en 1910, estaba en la Plaza Circular, pero dos años después se trasladó a su ubicación tradicional de la calle Ledesma. Ahí se produjo la fusión con 'El Correo Español', impuesta por las autoridades franquistas en plena Guerra Civil, y ahí permaneció durante más de medio siglo.
Eso sí, como todas las mudanzas, también esta combina la ilusión con una dosis de melancolía y nos lleva a volver la vista atrás, para repasar el itinerario que ha recorrido el periódico por el mapa de la villa. La primera redacción de 'El Pueblo Vasco', la cabecera original de EL CORREO, estuvo en la Plaza Circular, pero aquel emplazamiento embrionario no duró más que un par de años: en 1912, las oficinas ya se habían trasladado al número 6 de la calle Ledesma, donde permanecerían más de medio siglo. De aquella redacción se cuenta que no tardó en desarrollar un curioso apéndice hostelero: en 1926 abrió el cercano Café La Granja, muy apreciado por los señores redactores de la época, que se acostumbraron a pasar allí buena parte de su jornada laboral: los cronistas recogen que, al aproximarse la hora de cierre del periódico, solía decaer el ambiente en el establecimiento, ya que el regente acudía a pastorear hacia el trabajo a los periodistas que seguían en el bar. Incluso había uno, el popular Juan de Hernani, que escribía en su mesa del café y entregaba después las cuartillas a un recadero.
En 1965, la redacción de EL CORREO saltó al barrio de Bolueta, al número 7 de Pintor Losada, que entonces aún lucía el nombre mucho más castizo de Calle del Verdel. Allí ha transcurrido la vida profesional de quienes hacemos hoy el periódico, así que, para evitar la deriva nostálgica, vamos a acudir a alguien que pudo contemplar aquellas instalaciones igual que nosotros miramos ahora las nuevas, con cierta reverencia ante lo nuevo: en aquella mudanza, un colega que firmaba C. Prieto describía las linotipias como «monstruosas máquinas de escribir», comparaba las estereotipias con «gigantescos asadores de castañas» y se admiraba ante el increíble Unifax, una máquina que parecía llegada del futuro y recibía fotos «tomadas en los más variados lugares del mundo».
A lo largo de estos 55 años y pico en Bolueta han ocurrido muchas cosas: desde la emancipación de la rotativa, que se estableció en Zamudio, hasta la lluvia de cócteles molotov sobre las ventanas traseras en un ataque de 'kale borroka', pasando por mil peripecias profesionales y personales. Allí se ha metamorfoseado además la práctica cotidiana del periodismo, que fue moderando su cara canalla: primero se dejó de beber (alcohol, se entiende) en horas de trabajo y después se dejó de fumar, pero por fortuna nunca se llegó a perder la seña de identidad de contar con un bar de cabecera. Los Gemelos, al otro lado de la calle, ha acogido tantos encuentros como la propia sala de reuniones del periódico.
¿Qué se le pasaría por la cabeza a uno de aquellos compañeros de antaño si entrase ahora mismo en la redacción del Edificio Sota? El lugar no le resultaría desconocido: 'El Pueblo Vasco' se refirió en su momento a las casas de Sir Ramón de la Sota (con ese tratamiento solían designar al magnate) como «uno de los monumentos más expresivos» del Bilbao de los años 20, además de elogiar los ascensores de Eguren, los cristales de Deprit, la cerrajería de Barrenechea y hasta los timbres y teléfonos de Au Monde Elegant. Probablemente nuestro encorbatado colega de hace un siglo se pasmaría de no ver por ningún lado linotipias, ni manchurrones de tinta, ni siquiera máquinas de escribir, echaría de menos aquella humareda de tabaco que se podía cortar a cuchillo y se quedaría hipnotizado ante el luminoso muro de televisores, pero seguro que al poco rato se sentaría en su sitio y se pondría a escribir alguna noticia. Porque cambian las sedes, cambian las costumbres, pero el oficio y el periódico siguen siendo los mismos.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Pastillas, cadáveres en habitaciones distintas... la extraña muerte de Gene Hackman y su mujer
Oskar Belategui | Mercedes Gallego
Favoritos de los suscriptores
Noticias recomendadas
Pastillas, cadáveres en habitaciones distintas... la extraña muerte de Gene Hackman y su mujer
Oskar Belategui | Mercedes Gallego
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.