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Bienvenido Pereda
Bienvenido Pereda, el padre que cumplió años en el hospital días antes de morir

Bienvenido Pereda, el padre que cumplió años en el hospital días antes de morir

Pereda fue ingresado en el hospital a las seis de la tarde del día 3 de marzo, donde cumplió 32 años, el 20 de marzo

sergio carracedo

Miércoles, 2 de marzo 2016, 16:20

Bienvenido Pereda Moral fue uno de los 5 trabajadores que resultaron muertos a consecuencia de los disparos de la Policía Armada a la puerta de la iglesia de San Francisco, en Zaramaga, donde se celebraba una asamblea pacífica de trabajadores que fue disuelta de forma violenta. Aquel trágico 3 de marzo de 1976 que tiñó de sangre las calles de Vitoria, Bienvenido se encontraba con su vecino y amigo José Castillo, que al cabo de unos días también murió en el hospital.

En el momento de los disturbios y de los disparos también se encontraba junto a su amigo, ya que la misma bala que le atravesó el pecho y la médula a Bienvenido le destrozó el hígado a José Castillo. Según la versión de su familia, Bienvenido Pereda presentaba además dos tiros en una pierna.

Pereda fue ingresado en el Hospital a las seis de la tarde del día 3 de marzo y quedó hospitalizado con «herida de bala en el abdomen». Permaneció ingresado en el centro asistencial, donde cumplió 32 años, el 20 de marzo, y «evolucionó favorablemente». Sin embargo, la mejoría «se vio alterada por ciertas complicaciones provocadas por una septicemia -una infección grave y generalizada-, que le originó la muerte», según publicó entonces El Correo.

Si José murió a los cuatro días de los hechos, el 7 de marzo, Bienvenido lo hizo al mes siguiente, el 5 de abril, en el hospital Santiago de Vitoria. Este trabajador de la empresa Grupos Diferenciales, natural de Salazar de Anaya (Burgos) dejó viuda y un huérfano de solo 13 meses.

El 6 de abril, a las cinco y media de la tarde tuvo lugar el funeral, que fue «una gran manifestación de duelo», tanto que la misa tuvo que celebrarse en la iglesia de Belén, en Zaramaga, debido a la gran cantidad de personas que acudieron al sepelio y que hizo imposible celebrarlo en la parroquia del Buen Pastor, a la que pertenecía Bienvenido.

Finalizado el funeral, se organizó el cortejo, encabezado por cinco coronas y varios ramos de flores. Cerca de la residencia de Arana, camino del cementerio de El Salvador, se despidió el cortejo. Cuando un grupo de personas se dirigía hacia el centro de la ciudad hizo acto de presencia la fuerza pública, que obligó a que se disolviesen en pequeños grupos, sin que se registrasen incidentes. En el cementerio de El Salvador tuvo lugar la inhumación de los restos mortales de Bienvenido.

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