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Pablo Martínez Zarracina
Lunes, 2 de febrero 2015, 01:28
La diversión, Zavalita, se jodió en Bilbao la Nochevieja de 1987, cuando Sabrina actuó junto al Arriaga y las feministas no consiguieron tirarla a la ría. Yo lo he entendido ahora que el PSE ha llevado al Pleno la necesidad de organizar fiestones de fin de año más o menos municipales. Como aquel del 87, Gorordo al mando, que puso a Sabrina a saltar extramuros del Arriaga. Cantó cuatro temas: 'Boys', 'Get ready', 'Hot girl', 'Lady marmalade' y 'Material girl'. Obsérvese que los cuatro llevan títulos que podrían corresponder a películas porno. Y obsérvese incluso que, si tomamos las palabras que componen esos títulos y las intercambiamos al azar, el resultado es siempre el título una película porno.
Sabrina Salerno fue importante en nuestras vidas. Yo tenía trece años cuando lo de la teta. Y lo recuerdo bien: Salomé, Freud y el pecado mortal entrando como los SWAT en el salón de casa de mi tía Mari Ángeles. Lanzaban botes de testosterona. Aquella emisión revolucionó el jardín de infancia de un modo absoluto y obsesivo. También inesperado. Nos habían explicado que la pubertad consistía en pasar de ser un niño a ser un hombre, pero nadie nos avisó de que el hombre iba a ser precisamente Alfredo Landa. Después de lo de la teta, qué manera de poner a prueba la capacidad de pausa del Betamax.
En aquel estado de calentamiento global, llegó Sabrina a Bilbao por Nochevieja. Pagaba el Ayuntamiento y la artista italiana no consiguió empezar el quinto tema. No se debió, como era previsible, a que los hombres de la villa asaltaran el escenario golpeándose el pecho con los puños y emitiendo irritzis lúbricos. Qué va. Fueron las mujeres de la villa las que arruinaron el concierto. Las mujeres feministas, por más señas, que le lanzaron a la cantante "petardos, huevos y tomates", mientras coreaban consignas inamistosas como "¡Sabrina a la ría!".
Es probable que fuese al oír lo de la ría, y al reparar en el color que tenía por entonces la ría, cuando Sabrina subió a un coche y escapó. La prensa de la época documenta enfrentamientos entre quienes querían ver el concierto y quienes querían sabotearlo. Volaron botellas de cava. Normal. La desilusión de los partidarios del espectáculo debió de ser grande. Antes del 'show', ellos también coreaban consignas. "Mis sabrinitas / qué ricas son". Cántese con la melodía de 'Desde Santurce a Bilbao'.
'Lady marmalade'
Lo raro es que el cotillón del 87 en el Arriaga no terminase con muertos y Francesco Cossiga declarándole la guerra al Gobierno vasco. Piensen que todo sucedió en una fiesta de Nochevieja masiva y gratuita, con el personal borracho y puesto de optalidones, que era la época. Fue tal vez la última gran noche bilbaína, con todo el mundo en la calle y Sabrina medio en pelotas y las feministas rompiendo botellas de cava en la cabeza del patriarcado. Me lo imagino todo, no sé por qué, cómo una viñeta multitudinaria de Eguillor.
Y ahora estamos aquí, en fin, con los bares vacíos. Tenemos los museos, el prestigio y el BBK Live, pero nadie nos canta 'Lady marmalade' mientras vuelan proyectiles y la ciudadanía se une para algo tan bonito como tirar a la ría a un semejante. Nos hemos tranquilizado. Yo creo que la culpa es de la casta, la enseñanza obligatoria y el 'Facebook'. A grandes rasgos. Recuperar los cotillones municipales sería como poner al Ayuntamiento a organizarnos las verbenas, pero serviría al menos para traer de nuevo a Sabrina. Podríamos pedirle perdón y explicarle cómo nos ha ido, contarle que nos hicimos mayores, nosotros y la ciudad, y que fue doloroso y que quizá no fue para tanto.
En el 87, cuando Sabrina huyó del Arriaga y de una muerte segura, ocupó su lugar en el escenario, como es lógico, el grupo Huapachá Combo. Cuentan las crónicas que su concierto no fue lo que se esperaba. Algunos de los huevos que habían volado antes arruinaron el piano eléctrico de la banda. A veces parece que nada nos sale bien.
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