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Tomeu Rigo fue el primer citado para las pruebas médicas a las que fue sometida ayer la plantilla del RETAbet en el centro IMQ Colón, que tuvo un buen ajetreo de personas haciéndose los test del coronavirus. No fue el caso de los baloncestistas -lo ... harán la próxima semana- cuyas exploraciones buscaron lecturas de su estado físico. «Están bien, tienen buena pinta», comentó el doctor Javier Gil cuando sólo habían pasado los primeros hombres de negro. Llegaron cada quince minutos, provistos de mascarillas y guantes, mantuvieron entre ellos la distancia de seguridad y se mostraron aliviados por tener un motivo extra para aparcar su confinamiento, que será mayor desde que el lunes entremos en la Fase 1. Fueron atendidos por el cardiólogo Zigor Madaria.
«A ver si volvemos a la pista. Cuando empezamos nadie esperaba estar dos meses confinados. Ha sido duro», reconocía Rigo, que ayer celebró su 23 cumpleaños lejos de sus Pitiusas, pero feliz porque ve la luz al final del túnel. «Al menos he podido salir de casa y moverme de Miribilla que no es poco».
El escolta balear tenía otro motivo para ser el jugador de moda de la franquicia por el torneo virtual que ganó la víspera guiando a los Bucks a la gloria en formato NBA 2K. «Desde pequeño he jugado a la Play y sobre todo en mis años de residencia en Sevilla donde jugábamos torneos. Es uno de mis hobbies, me invitaron y salió bien». También espera un final feliz para cerrar este convulso curso. «Hemos dado un paso, al menos. Sigue la incertidumbre porque jugar depende de muchas cosas. Espero que se pueda. Cada uno tiene su opinión. Yo no estoy en contra de poder jugar. Nada tenemos mejor que hacer que acabar la Liga. Y si no se juega será un verano muy largo».
Cada jugador es un planeta que forma parte de un sistema solar. Cada uno con su casuística. Uno de ellos vive desde hace diez días una situación ajena al resto. Emir Sulejmanovic es musulmán y se encuentra en pleno ayuno por el Ramadán, que se prolonga durante un mes. No puedo ingerir nada mientras haya luz solar. «Lo llevo bien, pensaba que iba a ser más difícil. Los primeros días tuve más hambre, ahora estoy más acostumbrado. Podemos desayunar a las cinco más o menos y cenar a las nueve de la noche. Lo hago cuando puedo, pero si estoy en competición puede ser peligroso para mi salud y lo dejo».
El jugador bosnio, como la mayoría luciendo una poblada barba, también se apunta a avanzar «paso a paso. Esperamos que todo esté bien. Hemos intentado entrenar en casa, pero no es lo mismo. Hemos hecho el esfuerzo». Y sobre jugar la fase que remate la campaña dice que «lo veo bastante lejos, no lo veo muy claro».
Otro jugador asiduo a las redes sociales durante el parón ha sido Sergio Rodríguez, al formar parte de una iniciativa culinaria promovida por Movistar que le ha convertido en el chef de los hombres de negro. «He mostrado esa faceta que es un poco llamativa, pero nada fuera de lo normal. Sí he aprovechado para hacer además alguna cosa diferente». Desde Los Realejos le han remitido no pocas bromas familiares y amigos por otro motivo. «Calla. Un canario que se chupa todo el agua en Bilbao y cuando llega el buen tiempo no puede salir de casa. Hay que apechugar y tener paciencia».
Tomeu Rigo
Emir Sulejmanovic
Sergio Rodríguez
Le ha tranquilizado mucho que en la lejanía «mi familia y amigos no han tenido problemas». Y reconoce haber llevado bien el aislamiento. «He estado acompañado en casa, pero fuera de la cancha soy un tipo bastante casero y no he notado excesivamente el cambio».
Antes de someterse a las pruebas médicas avanzó que los resultados nunca podrán ser buenos, entendidos como una cercanía a como estaban dos meses atrás. «Todo el mundo estamos en condiciones físicas malas. En verano puedes entrenar fuera de cancha y hacer tus ejercicios. Todo deportista profesional está muy lejos de su capacidad máxima. Es el parón más grande de mi vida».
De cara a retomar la competición, al alero canario le preocupa «en qué condiciones, en la salud de los jugadores y no sólo por el coronavirus. Una lesión de cara al año que viene, tengas o no contrato, supone una situación muy delicada». El tema le da pie a ser explícito sobre el futuro. «Si Bilbao quiere tendrá a Sergio Rodríguez aquí».
Ondrej Balvin y el RETAbet siguen tendiendo puentes para la continuidad del pívot checo en otra muestra de la ventaja que trata de sacar la franquicia a la indefinición de un mercado que va a tardar en activarse. Claro que a falta de una oferta cautivadora que disipe todas las dudas, que no está al alcance del club de Miribilla, el riesgo que se corre es gastar excesiva tinta en la letra pequeña. Léase cláusulas de salida o condiciones deportivas para cambiar de aires que pueden dejar indefenso a un equipo pese a recibir unos miles de euros a cambio. El Bilbao Basket aspira a mantener al checo junto a Lammers para el siguiente curso. Si lo logra, sería para enmarcar.
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