
«Mi madre y mi abuela han hecho todo por mí y mis hermanos», expresa Melwin Pantzar
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El base sueco del Surne, clave ante el Granada, quiere ganar la Europe Cup y agradece el sacrificio de su familia y la confianza del Bilbao BasketJosé Félix Cachorro
Bilbao
Martes, 25 de marzo 2025, 00:01
Su sencillez ya destacó en sus primeros días en Bilbao. Durante su presentación en septiembre de 2023 como nuevo hombre de negro, no paró de ... sonreír y expresarse con modestia. Se comportó con humildad pese a que en enero de ese año rompió el récord de valoración de la LEB Oro al sumar 53 créditos como jugador del Valladolid por sus 38 puntos, 5 rebotes, 7 asistencias y recibir 12 faltas contra el Cáceres de Vasileiaidis. El Bilbao Basket se fijó en aquel portento de 23 años y le fichó.
Aquel prometedor base se llama Melwin Pantzar, un profesional de primer nivel en la actualidad. El domingo lideró al Surne en la victoria contra el Granada en Miribilla para alejarse del descenso. ¿Acertó en venir a Bilbao? «Sí, sí. Estoy muy contento de estar aquí. Muy agradecido por darme la oportunidad después de que estuve en LEB Oro.», sostiene el exterior sueco, en cuyo vocabulario abunda la palabra 'gracias'.
El nombre de Pantzar sonó fuerte años atrás, cuando Pablo Laso le situó como tercer base del Real Madrid. El club blanco fichó en 2016 al chaval que había brillado en la cantera del Solna Vikings sueco. En su nuevo destino compartió vestuario con Doncic, Campazzo y Llull, De ellos aprendió «cómo cuidaban sus cuerpos y su mentalidad. Si tenían un partido malo, lo dejaban pasar porque venía otro». Los derroteros del basket de élite, con la llegada a Madrid de ases como Laprovíttola, llevaron después al nórdico hasta el Mónaco, y de ahí al Valladolid.
No fue nada fácil su etapa inicial en el extranjero porque tuvo que aprender un idioma y adaptarse a un país muy distinto al suyo. Sobre todo, añoraba a su familia. «Ahora les echo de menos, pero ya es otra cosa. Aquí estoy ganando dinero, haciendo mi carrera. Yo les puedo ayudar en otras cosas. Les echo de menos, claro que sí, pero ya estoy acostumbrado y mi familia también», dice el nórdico después del último entrenamiento en Artxanda, y recuerda que «mi abuela y mi hermana sí vinieron a verme el año pasado, contra el Baskonia en casa, pero mi madre aún no ha podido venir. Ojalá algún día pueda viajar hasta aquí», dice en una conversación con este periódico.
Pantzar comenzó a practicar baloncesto por obligación. En su infancia jugaba a fútbol e innebandy, «que es hockey pero sin hielo. Desde los 6-7 años, siempre baloncesto». La razón de su pase al deporte de la canasta es muy simple. «Mi madre me mandó jugar a baloncesto. Yo no quería, pero me dijo que tenía que hacerlo. Ella trabajaba mucho. Con el innerbandy, ella tenía que estar en el pabellón y ayudar a otros padres, pero no podía porque trabajaba mucho para cuidar a nuestra familia. En el baloncesto no era así porque ella me podía dejar allí. Desde ese día sigo aquí», explica el '19' del Bilbao Basket. Habla desde el corazón cuando asegura que «me criaron mi madre y mi abuela, que han hecho todo por mí y por mis hermanos. Les estoy muy agradecido».
Este joven de Estocolmo reproduce en la cancha el sacrificio que ha visto en sus semejantes. Su fuerza física y su paciencia le hacen un jugador seguro. «Cuando eres joven, tienes hambre porque quieres lograr tus retos, hacer tu carrera, mejorar. En el Bilbao Basket estamos muchos jóvenes y tenemos hambre», indica el escandinavo. Así lo demostró el domingo al apretar los puños tras meter un canastón. «El partido era importante y me vinieron emociones. A veces me paso, pero sólo es cariño, no va contra nadie».
Pantzar vivió uno de los «mejores días» de su vida al clasificarse con Suecia para el Eurobasket, lo que no ocurría desde 2013. «Fue en mi ciudad, delante de mi familia, de mis amigos». Él fue decisivo para alcanzar el objetivo. Considera «interesante» la semifinal entre el Surne y el Dijon en la Europe Cup porque «los dos equipos estamos jugando bien». El nórdico desea ganar el torneo continental, una meta más.
En la intimidad aparca su vitalidad deportiva. «En Bilbao no hago muchas cosas. Me gusta estar en casa tranquilo, jugando a la play, leer libros. Si hace buen tiempo, me gusta ir a la playa, dar un paseo. Me gusta ir a restaurantes. Me gusta la comida de aquí». Así es Pantzar, tan sencillo y humilde fuera de la pista como fiable y combativo cuando se viste de corto.
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