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iván benito
Jueves, 15 de abril 2021, 00:56
Jota Cuspinera (Getxo, 1970) reconoce que no es un vasco auténtico. A los dos meses ya estaba en Barcelona y a los 10 años en ... Madrid. El baloncesto le llegó a los 15. No pasó de la etapa junior, pero le cogió el gusto a los banquillos después de verse casi obligado por su entrenador a presentarse al curso. Tras haber pasado por el Real Madrid y una temporada en el Baskonia, como segundo de Ibon Navarro, apostó por emprender su camino en solitario y sueña con sacar al Estudiantes de la zona baja después de 19 años en el club.
–Sabe de primera mano que el Baskonia no pone las cosas fáciles. ¿Qué espera esta tarde?
–Trataremos de competir lo mejor posible y si tenemos una opción de ganar, intentar aprovecharla pero será complicado contra un rival que sabemos que vendrá enfadado tras las derrotas en Valencia y Murcia. Conozco cómo funciona Baskonia y Dusko y sé que en estas situaciones salen con mucha energía. El poderío físico del Baskonia nos hará muy difícil controlarlos. Es posible que se hayan visto afectados por la falta de Jekiri en el interior, pero ahora tienen mucha versatilidad con el quinteto pequeño. ¿Cómo nos ajustamos al quinteto Henry, Giedraitis, Sedekerskis, Peters y Polonara? No es fácil para un equipo pequeño o mediano como el nuestro.
–¿Nota este año más diferencia entre los equipos de Euroliga y el resto?
–Diferencia ha habido siempre, pero creo que se ha acentuado con el nuevo formato. Siempre digo que cuando estos equipos ponen el 'modo caza', salen con todo a por el partido como si fuera una final, la diferencia es muy grande. Ese nivel físico y de ritmo de competición a los equipos pequeños nos cuesta igualarlo.
–¿Qué le atrae del proyecto del Estudiantes?
–Ahora, salvar al equipo. Descansamos la última jornada y, si no llegamos salvados, me puede dar algo (risas). El proyecto ahora mismo es ganar los dos partidos que nos den la tranquilidad absoluta. Estudiantes empieza a verla luz después de unos años de oscura travesía. Los últimos años han estado muy condicionados por ese dinero que se debía a Hacienda y que se ha ido pagando y nos puede animar a pensar en el medio plazo. Puestos a soñar, me gustaría un proyecto con jugadores de la cantera e incluso alguno que regrese, algo parecido al Joventut. Imagínese a Sergio Rodríguez o Carlos Suárez acabando aquí su carrera. Ayudarían mucho a asentar el proyecto.
–¿Qué es lo que tiene Barea para decir que ha aprendido tanto de él?
–Mucho trabajo detrás, mucha pasión, inteligencia y se disfruta estando con él porque lo hace todo muy fácil. Lo que me fascina es que le ves y no tiene las condiciones físicas como para ser un base titular e importante en la NBA como lo ha sido. Mide 1,78, tiene los brazos cortos y te le encuentras por la calle y no le asocias al baloncesto.
–La llamada del Real Madrid también tiene que seducir ¿no?
–Llegó Messina y quería un entrenador nacional. Me entrevisté con él y me contrataron durante sus dos años más luego otros tres con Pablo Laso. Aquello es otra dimensión. Hasta el punto que hubo una manifestación en las puertas del Bernabéu para que Laso no firmara el contrato y mira ahora. No se entendía su fichaje por no haber peleado por grandes éxitos y mira la que ha líado estos años.
–¿Por qué es tan complicado hacerse un hueco en la ACB?
–Porque todos los que hay son muy buenos. El nivel es altísimo y, como los entrenadores no van a la NBA, no dejan muchos huecos. Es un coto muy pequeño. Yo lo equiparo a ser ministro, aunque cada gobierno varía. No hay un camino que te lleve a ser ministro igual que no hay un para llegar a la ACB. Son las circunstancias las que te dan la oportunidad.
–No fueron las mejores cuando recaló en aquel Baskonia, preludio de la Final Four de Berlín.
–Sí, yo no la viví porque decidí tratar de buscar una carrera de primer entrenador. En aquella plantilla ya estaban Mike James, Davis Bertans y Darius Adams que se les veía que podían pegar el pelotazo en cualquier momento y pusieron al Baskonia en el sitio que les correspondía, por encima del año anterior. Guardo muy buen recuerdo de mi etapa en Vitoria.
–¿Notó la diferencia con respecto a estar en el Madrid?
–Sí porque el Madrid es un club de fútbol. Pasabas por las oficinas y había muchisima gente, muchos departamentos... Si solo coges la parte de baloncesto, no hay tanta diferencia. Pero hay otro brazo e influye a nivel de presupuestos, instalaciones y comodidades.
–Coincidió con Diop. ¿Esperaba el camino que ha tenido?
–Ilimane es un pívot con unas características muy particulares. Mucha envergadura pero poco peso. A los entrenadores nos gustan mucho las cosas que no tienes, como al ser humano, y valoramos menos lo que sí. Si lo tuviese todo, seguramente estaría en la NBA. Tendrá sus deficiencias, pero si lleva tantos años en Baskonia, con tantos entrenadores, es que sus virtudes también son importantes.
–También retumbaba el nombre de Sedekerskis.
–Entrenaba con el primer equipo. Le vi crecer y ahora le ha llegado la oportunidad de verdad. Hay que tener paciencia con los jugadores porque Luka Doncic solo hay uno. Necesitan tiempo, cada uno el suyo, y más en el Baskonia, que el nivel es muy alto y quiere aspirar a lo máximo. Necesitan apoyo y confianza para labrarse su camino, aunque el trabajo principal lo tiene que hacer ellos.
Expectativas de los jóvenes
–¿Cómo trabaja un entrenador las expectativas que se generan sobre un jugador joven?
–No hay una fórmula mágica. Guiarlo en el día a día en el trabajo, ponerle en situaciones que le hagan pensar y entender que el camino no termina nunca. Siempre puedes mejorar. Extraerle la capacidad de pelear para ser mejor. Porque si no la tienes, te pasan por la derecha y por la izquierda. No hay que fijarse en la excepción. A la mayoría de los buenos jugadores les ha costado llegar hasta ahí.
–Fue testigo o causa de la eclosión de Sergi García en Zaragoza, cuya progresión se ha enfriado.
–Sergi pasó de eludir el descenso a la Euroliga. El salto es enorme y sin paciencia, casi imposible. Te quita la confianza. Y sin ella, un jugador que pintaba tan bien parece mucho peor de lo que es. Lo bueno es que al final siempre encuentran su sitio y ya mucho más maduros logran triunfar en equipos como podría ser el Baskonia.
–¿Dónde marca más la diferencia el entrenador, en la pizarra o en el trabajo mental?
–El trabajo mental es muy importante. Combinar la exigencia física, táctica y actitud. No se entienden el uno sin el otro. Lo importante es conocer bien a tu plantilla para aplicar estrategias distintas con cada jugador, porque cada uno es diferente, tanto interiormente como exterior. Unos necesitan cariño y otros que les des un palo. La clave es identificar las necesidades de cada uno.
–¿Qué es lo que le hace jugar a muchos puntos en una época donde prima la defensa?
–En mi caso es un tema de supervivencia. Cuando me enfrento a equipos de Euroliga, creo que me va a costar más jugar cinco contra cinco que a campo abierto. Eso se traduce en muchas posesiones, en abrirles el camino a jugadores con mucha calidad, pero creo que es la mejor manera que tenemos para competir.
Fue comentarista de televisión durante un tiempo. ¿Cuál es el camino a seguir para volver a enganchar al espectador?
–Con los telespectadores no lo sé porque no soy un experto. Pero a nivel de aficionados, acercar el producto a los jóvenes, aunque creo que ya se hace, y a nivel personal, creo que el hecho de que muchos equipos cambien diez jugadores por temporada no ayuda a que la gente se identifique con los equipos.
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