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El Buesa Arena veneró a Adam Hanga (Budapest, 1989) durante tres temporadas y le pitó más tarde. El húngaro puso rumbo a Barcelona en un ... verano alborotador entre el Baskonia, que pretendió que continuaran él y Larkin con una sustancial mejora del contrato, los blaugranas y los agentes del jugador. El sueño de la NBA, el derecho de tanteo, una denuncia por presuntos impagos y finalmente un traspaso a la Ciudad Condal un 22 de agosto marcaron unos meses «durísimos» de los que el magiar se desentiende. «Fue parte del negocio, no dependió de mí. Yo estaba cagado». Más rápido fue su fichaje el pasado julio por el Real Madrid, con el que regresa de nuevo a una Vitoria por la que su hija mayor siente devoción.
– ¿A quién de todos los exbaskonistas (Hanga, Heurtel, Causeur, Poirier) le hace más ilusión volver al Buesa Arena?
– No lo sé. Creo que todos tenemos recuerdos muy cariñosos. Yo coincidí con Causeur en unos buenos años, clasificándonos para la Final Four, y a veces contamos batallitas.
– ¿Con cuál se queda?
– El nacimiento de mis dos hijas, obviamente. El otro día le pregunté a la mayor si se sentía húngara o española. Y me respondió que vasca (risas). Ella tenía ya casi cuatro años cuando me fui al Barça, así que tiene recuerdos. En Barcelona, además, tuvimos una niñera de Vitoria y a veces va cantando por la casa canciones del Alavés o el Baskonia (risas). A nivel deportivo, la oportunidad de jugar la Euroliga. Crecí mucho como jugador y encima llegamos a la Final Four. Fue histórico.
– ¿Cómo era aquel vestuario con James y Adams cabreados cada vez que les cambiaban?
– No nos aburrimos aquel año con ellos, no. A veces, cogía el rebote, se la pasaba a Darius y antes de que yo llegara al medio campo, ya había tirado (risas). Pero nos dieron mucho con su creación y talento y Perasovic lo sabía y aguantaba. Pero éramos un equipazo, mira donde está cada componente de aquella plantilla. Bourousis dominaba todo. La pena es que no llegamos a la final de la ACB.
– Con todos los problemas que está generando Mike James. ¿Le gustaría volver a tenerlo de compañero?
– Creo que Mike ha cambiado. Hace cinco años no tenía tanto carácter. Aunque en Vitoria ya pensaba que era el que más sabía. Pero al final es una máquina. Cuando está jugando y quiere jugar, es casi imparable, así que espero que deje de tener problemas porque le tengo mucho cariño.
– ¿Le dolió ser pitado en el Buesa Arena?
– Me preparé para ello. Les entiendo, pero yo quiero decirles que es mi carrera. Son decisiones que tengo que tomar yo y creo que siempre he hecho lo mejor para mí y mi familia. Igual que ahora que me van a pitar en el Palau por fichar por el Madrid. Estas cosas pasan en el deporte profesional. A mí me gustaría jugar en un equipo de Euroliga de Budapest, pero no hay. Así que yo siempre quiero competir donde se me quiera, se me respete y se tenga la máxima ambición por ganar. Los pitos me dolieron porque yo fui un profesional, pero no puedo cambiar lo que pasó.
– El presidente Josean Querejeta llegó a decir en este periódico que su actitud no se correspondió con lo que el club había hecho por usted. ¿Por qué algo tan bonito acabó tan mal?
– No entendí por qué dijo eso y no lo comparto. Creo que fui honesto y profesional. Todo empezó en enero. Me llegaron ofertas de equipos de la Euroliga y el club me ofreció un contrato de renovación muy bueno, pero en mi cabeza solo tenía el ir a la NBA. Los Spurs me dijeron que daría el salto al 99% y les creí. Le dije al Baskonia, lo siento, pero mi sueño está allí. Se acabó la temporada, el Baskonia y en San Antonio me dicen que no hay sitio para mí. Entonces me quedé sin equipo. Casi todas las plantillas estaban cerradas y la única oferta que me llegó fue la del Barcelona. Y allí empezó el tanteo y un negocio en el que yo no tuve nada que ver. Estoy seguro de que el Baskonia no me quería como jugador cuando igualó la oferta. Si no, me hubieran ofrecido antes otra vez la renovación. Todo esto igual la gente no lo entiende pero ya no era mi trabajo, no dependió de mí. Yo estaba cagado porque igual no jugaba ni siquiera en la Euroliga y por suerte al final acabé en Barcelona.
– ¿Le queda la espina de la NBA?
– Sí, porque tenía muchas ganas y me preparé para ello mental y físicamente. Ya no tengo malas sensaciones pero aquel verano fue durísimo. Estuve dos semanas en Estados Unidos y se comprometieron a llamarme. Regresé a casa y al final ni me respondieron. Mis representantes me acabaron diciendo que no me querían. Yo estaba muy enfadado con ellos, con mi vida y con todo. Porque si lo llego a saber, hubiera renovado con el Baskonia. Segurísimo. Porque estaba muy a gusto y para asegurarme mi futuro de cualquier lesión. Arriesgué pero es la vida. Sin San Antonio no hubiera ganado tres Copas y una ACB en el Barça ni hubiera fichado ahora por el Madrid.
– Ahora parece otro jugador.
– Totalmente. Tiro más triples que canastas de dos (risas). Creo que mi mejor cualidad es adaptarme a lo que me pide el entrenador y el equipo. Es curioso porque si le preguntas a Ponsarnau sobre mí cuando llegué a Manresa, dirá que no tenía defensa. Y cuando me 'drafteó' San Antonio, me dijeron que era bueno pero que no defendía. Así que me apliqué el cuento. Y cuando gané el premio de mejor defensor de la Euroliga jugando en el Baskonia fue algo muy importante para mí, pero no fue suficiente para ir a la NBA. Nunca se sabe. Si me hubiera dedicado a tirar 20 triples por partido, igual sí que me hubieran fichado.
– Su presente en el Madrid también parece prometedor.
– Siempre se puede mejorar (risas). Ayer lo hablábamos con Pablo. Si ganamos en Vitoria, nos vamos al parón como líderes de ACB y Euroliga y campeones de la Supercopa. No está mal. Somos conscientes de que no se puede ganar 92 partidos cada temporada así que estamos en buen camino y el parón de la ACB nos va a venir muy bien para desconectar.
– ¿Qué tal el cambio de Jasikevicius a Laso?
– Todos los entrenadores son distintos y buscan ganar de la manera que ellos creen mejor. Ahora estoy disfrutando más y tengo la oportunidad de demostrar que sigo siendo un jugador importante en ACB y Euroliga. Sigo en un equipo ganador y lo daré todo para conseguir nuestros objetivos.
– ¿Qué espera del Baskonia esta noche?
– Le veo en un momento peligroso para los rivales. Cuando un equipo cambia de entrenador, los jugadores reaccionamos. Tienen talento y jugadores muy buenos. Han perdido algo de confianza, pero seguro que ahora van a cambiar cosas y nos pueden sorprender. Será un partido complicado, con un pabellón lleno, la gente apretando y los jugadores con ganas de demostrarle al nuevo entrenador que quieren jugar. Va a ser un partido bonito.
'Solo los fuertes sobreviven', en árabe, por aquello de ser considerado un fenómeno lingüístico universal, fue el lema que escogió Adam Hanga para su primer tatuaje con 19 años. Ahí ya era consciente de que no todos los días sale el sol. Su padre, nacido en Guínea Ecuatorial y universitario en Budapest, abandonó a su madre y a él cuando tenía dos años. Como es lógico, no se acuerda de conocerle. «Alguna vez llamó, pero no tenía mucho interés. Solo volvió a llamar cuando fiché con el Barça, pero no tenemos trato», reconoce con un pasmoso aplomo.
«Mi infancia fue impresionante. No fue un problema no tener a mi padre. Al final fui muy feliz, crecí con mis abuelos, que me dieron mucho cariño. Perdí a mi abuelo George hace tres años y me dolió mucho. Pero no me puedo quejar de nada y todo ha ido por buen camino», relata ya con su primer tatuaje oculto por otros de recuerdos más felices. «Tengo a toda mi familia, fechas de nacimiento de mis hijas, mi madre y abuelos... La frase ya queda conmigo para siempre».
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