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Vanja Marinkovic | Escolta del Partizan
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Vanja Marinkovic | Escolta del Partizan
«Estoy en el club de mi vida pero me enfrento al que también es mi equipo»Vanja Marinkovic (Belgrado, 1997) es capaz de conducir por Belgrado mientras atiende a las primeras preguntas de esta entrevista. Se le nota cómodo, feliz, algo ... atrancado con el español pero sobre todo complacido por sus años en el Baskonia. Atrás quedan tres temporadas de militancia azulgrana y sobre todo una transformación impensable en junio de 2022.
Acabó un primer curso que parecía el último. Gris, plomizo y sin confianza individual. «No jugué nada bien», reconoce sin rubor. Tenía pie y medio fuera pero los caprichos del mercado de fichajes propiciaron su continuidad. El resto fue cosecha propia –y de su papel con Serbia– de una de las mecánicas de tiro más depuradas y elegantes de la actualidad. «Cuestión de confianza».
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Mañana, cuando salte al Buesa Arena para enfrentarse al conjunto vitoriano (20:30 horas), lo hará aclamado por la grada y homenajeado por la entidad con una camiseta que reflejará sus 198 partidos. «Qué pena que no sean 200», refleja el serbio mientras vive un presente ilusionante a las órdenes de Zeljko Obradovic. El 'brate' interrumpe la charla para aparcar y hablar en profundidad del regreso a su antiguo hogar.
– ¿Tiene preparado el corazón?
– No sé ni cómo me siento. Por un lado pienso que va a ser extraño y por otro no. Raro porque no estoy allí y no raro porque estoy en el club de mi vida. Pero también puedo decir que el Baskonia es mi club. Estuve allí tres años. Fue bien. Un año regular, pero otros dos bien. Yo creo que me van a recibir con aplausos. Espero que sí (risa picarona).
– ¿Habría algún motivo para que no sea así?
– Si meto alguna canasta importante, seguro (risas). Nada, nada. Yo siento que hay cariño, pero cada uno es libre de expresarse.
– Nunca fue la estrella del equipo y sin embargo se le quiere como a los que más. ¿Por qué cree que es?
– Porque los serbios somos únicos. Tenemos ese carácter que encaja en Vitoria. Damos siempre el 100%, da igual si meto o no meto. Defiendo fuerte, lucho… así juego yo siempre. Sea en el Baskonia, en el Partizan o con la selección. Y creo que la gente del Baskonia se ha visto reflejada en esa lucha aunque se pierda los partidos y eso es para mí lo más importante y con lo que me quedo.
– ¿Le costará contener la emoción en el homenaje previo?
– Espero que no. Nunca quiero que la gente me vea en público si estoy triste, feliz, llorando o no sé qué, pero seguro que va a ser muy emocionante. Creo que me faltaban dos partidos para los 200. ¡Qué pena! Me hubiera gustado el número redondo, pero para mí significa mucho el llevarme esa camiseta. Quiere decir que he dejado el club con buenas sensaciones.
– Aún tiene tiempo para jugar esos dos partidos.
– Sí, sí. Se puede cumplir pero… ahora estoy en Partizan.
– El club ha reiterado que le hubiera encantado seguir contando con usted.
– Lo sé, pero lo tenía claro. No sé qué puedo decir. Es mi equipo, mi ciudad, mi país. Para mí estoy en casa y el cambio ha ido bien. El Partizan es distinto al que dejé y la ciudad también va a más, pero nada que no haya visto. Cada verano pasaba aquí dos o tres meses y es lo que me gusta. Me falta un poco la calma de Vitoria. No se parece en absolutamente nada a Belgrado. Tardo veinte minutos desde el pabellón a casa y estoy casi al lado. Pero muy bien. Estoy en casa, invito a mis amigos y los fines de semana voy a casa de mis padres, que me echaban de menos. Soy el hermano pequeño, ya sabes (risas).
– ¿Ya se ve toda la vida en Belgrado?
– De verdad que aún no lo pienso pero… Tengo contrato de dos años. Entonces tendré 29. Dependerá de cómo vayan las cosas aquí. Pero podría ser.
– ¿Con qué partido se queda de los 198?
– El primero que me viene a la cabeza es el del Fenerbahce que metí tantos puntos (35). Luego el del triple ganador de Costello en Madrid también fue genial y el que le ganamos al Efes en casa después de dos prórrogas.
– Los tres corresponden al año de Peñarroya.
– Es verdad. Lo pasamos muy bien. Del primer año no va a ser, porque no fue bien. Pero voy a decir también el del año pasado contra el Panathinaikos en el Buesa, con la canasta final de Codi (McIntyre).
– ¿Qué pasó aquella primera temporada?
– Fue una montaña rusa total. Tanto de entrenadores (Dusko Ivanovic y Neven Spahija), muy distintos entre sí, como de jugadores. Creo que no había buen rollo. Quiero decir, no ganábamos, no jugábamos bien, no estábamos felices, y no había el ambiente que se respiraba estos dos últimos años. El ganar y hacer bien tu trabajo hace mucho y yo tampoco estaba muy allá. No jugué bien. No era yo y el equipo jugó regular y por debajo de las expectativas. Sin Copa, no estuvimos ni cerca del top-8 en la Euroliga y en ACB, semifinales contra el Madrid pero sin competir.
– Y había calidad aquel año.
– ¡Claro que la había! Granger, Baldwin, Simone (Fontecchio), Rokas, Costello, Tadas… Si está claro. Pero es que el baloncesto no depende de los nombres. No es salir a la cancha y ya juegas bien. Mira al año siguiente. Vino Darius Thompson, nadie sabía quién era y casi jugamos play off y luego le quería todo el mundo.
– ¿Tanto influye la química?
– Para mí, sí. El cómo está el equipo fuera de la cancha también es importante. Que surjan comidas, cenas, estar con las familias, sin ellas. Hacer cómo una pequeña familia y estar unidos hace mucho.
– ¿Se llegan a hacer amistades en un equipo de la misma intensidad que las de la infancia?
– Sin duda. Y te digo los ejemplos. Con Tadas (Sedekerskis) he estado los tres años fantástico. Con Dani Díez, seguro que también vamos a ser amigos para toda la vida. Con Matt Costello hablamos mucho por videollamada. Con Rokas (Giedraitis) solo fueron dos años pero ahora me veo con él aquí en Belgrado. Con Tadas y Dani hablo muchos días. Tenemos un grupo de Whatsapp bastante activo. Bueno, está también Nikos Rogkavopoulos pero no dice nada. Nosotros hablamos en español y él como si no estuviera (risas). Pero yo creo que con el tiempo va a aprender español.
– No suele ser lo habitual.
– Ya. Yo el segundo año en Valencia empecé a trabajarlo porque, en los clubes no lo necesitas, pero en los restaurantes, en los supermercados y así, te viene muy bien. Y luego, otra cosa de los serbios es ver las series y películas en versión original, así que eso me ayudó. 'La Casa de Papel' sobre todo. Y la película de 'Contratiempo' que me encantó. Y lo de Nikos lo creo porque es un trabajador incansable. Como pocos he visto en toda mi vida, de verdad. Siempre está haciendo algo. Llegas al gimnasio y está. Sales a la cancha y está tirando. El año pasado, en los días libres, iba al pabellón a hacer algo. Lo que fuera. Es muy buen chico y tiene la mentalidad que Baskonia necesita. Durante el verano hablamos y me dice, 'Brate, ahora estoy muy fino y muy fuerte. ya verás ya'. Yo le vacilo y le digo, está muy bien ser muy fuerte, pero hay que hacer algo sobre la cancha (risas).
– Rogkavopoulos necesita dar un paso al frente como el suyo. ¿Cómo se produjo ese cambio radical?
– Cuando no juegas bien, empiezas a pensar ¿qué puedo hacer? Te comes la cabeza para tratar de jugar más, tener más minutos y entonces demostrar tu juego. A mí me vino muy bien el verano con Serbia y con Pesic. Jugué más, cogí confianza y entonces ya… Es que cuando estás con confianza y feliz en la vida, puedes hacer de todo que todo parece que te va a salir bien.
– ¿Hubo algún día concreto en el que notó que le volvió la confianza?
– Puede ser el verme en un quinteto inicial con Jokic, Micic, Kalinic y estos monstruos. Pensé, joder, tengo que ser buen jugador para estar aquí. Podía hacerlo mejor y así fue. Si no tienes confianza, da igual que seas un tirador letal que no entra.
– Dicen que el asistente Alessandro Nocera y Alfredo Salazar le ayudaron mucho.
– ¿Sabes qué? Para mí, Alfredo Salazar es el más... una de las personas más importantes del club. Me ayudó mucho. Y con Alessandro y con Alfredo estuve cada día 15 minutos antes de entrenar haciendo cosas de técnica individual. Les estoy muy agradecido a ambos.
– Antes de ese cambio, ¿cómo recuerda ese verano de 2022 que parecía que se iba a marchar?
– Muy mal, la verdad. Hablé con el club al principio del verano y me lo dijo bien claro. Si quieres seguir, puedes seguir, pero tienes que luchar más para conseguir tus minutos porque no has jugado bien este año. No estamos contentos. Y era normal. No jugué nada bien. Fueron unos días tristes, de darle vueltas a la cabeza, pero ese verano cambió todo. La vida cambia todo muy rápido. En apenas una noche, cambia una mínima cosa y todo es distinto.
– ¿Cómo es ser entrenado por Zeljko Obradovic? ¿Se sale de los parámetros de la escuela balcánica?
– En lo de duro, no se le puede comparar con Dusko (risas). Pero la cosa va muy bien. El equipo está contento, casi todos con la misma edad, y creo que eso es importante. Todos saben a dónde han venido, estamos jugando bien y hemos ganado los dos partidos de liga.
– ¿Le llamó Obradovic para ficharle o cómo fue su fichaje?
– Sí, hablamos un par de veces. Pero yo lo tenía muy claro de antes ya. Acababa contrato y me quería el club de mi vida. Era el momento.
– ¿Qué mensaje de despedida le tocó más la fibra?
– Los hubo bonitos y especiales, pero el que más me emocionó fue el del club. Yo no tengo redes sociales ni poca gente tiene mi contacto, pero cuando vi que muchos me mandaron ese mensaje, que yo notaba que transmitía cariño, fue muy emocionante.
– ¿Quién es la persona más importante, a la que más vas a echar de menos este año?
– A muchos. Pero al que más, te digo a Ibai (Allué), al físio.
– ¿Cómo es estar en un equipo en el que todos menos uno son jugadores recién llegados?
– Eso fue rarísimo el primer día. Fuimos allí 16 jugadores nuevos perdidísimos. Sabíamos quienes éramos porque nos hemos enfrentado varias veces, pero nunca habíamos jugado nunca. Y los primeros entrenamientos fueron raros. Pero en este club pasa mucho. Y creo que nos hemos adaptado muy bien. Iremos poco a poco y seguro que al principio nos costará, pero al final de liga el equipo va a funcionar.
– ¿Qué partido se va a ver mañana?
– Duro para nosotros. Habrá muchas ganas en el Buesa de ver al equipo y nos lo pondrán difícil. Los dos equipos estamos con chispa y confianza ante el año nuevo, así que seguro que será interesante e igualado.
– ¿Cómo ve al Baskonia este año? ¿Tiene mejor equipo?
– No he podido ver mucho. Solo el primer cuarto contra el Tenerife y se jugó bien. Pero tampoco puedo mucho más. Seguro que necesitan tiempo para ajustarse a los cambios pero seguro que luchan por los play offs como siempre.
– Ahora cuenta con otro serbio como Jaramaz.
– He hablado con él. Dice que está muy contento y le gusta el club y la ciudad. Ya le dije que encajaba bien. Llega con experiencia en Euroliga y creo que tiene la calma y la paciencia en el juego que le vendrá bien al equipo.
– ¿Esa mecánica de tiro de dónde viene?
– Hay que ser de Serbia para tirar bien. Con eso ya vale (risas). Es cierto. Lo llevamos en la sangre.
– ¿Lo de montar buenas fiestas también? Se les vio descontrolados en la celebración del bronce en los Juegos.
– Brutal. La mejor fiesta de mi vida. Todo lo que vio la gente, fue así y más. Tenemos buena fiesta y buenos tiradores (risas).
– ¿No les quedó la espina de haber estado tan cerca de ganar a Estados Unidos?
– Por un momento sí, pero le dimos más importancia a acabar venciendo a Alemania y llevando a casa la medalla.
– Eso le faltó aquí en Vitoria. Una buena celebración de un título.
– ¡Ayyyy…! Sí, sí. Una Liga, una Copa…
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