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Aún con los rescoldos humeantes de los incidentes del choque contra la Roma en la memoria, la ciudad de Bilbao afronta a corto plazo al ... menos otros dos partidos europeos (que pueden ser tres) en los que «se juega mucho». No sólo por la vertiente deportiva, sino también por el prestigio internacional como organizador de grandes eventos y la repercusión que cualquier incidente pueda tener a nivel europeo. «No podemos desaprovechar esta oportunidad», insiste desde hace semanas Juan Mari Aburto cuando se refiere a la final de la UEFA Europa League del 21 de mayo.
La amenaza más evidente para el buen discurrir de ese partido y del choque de vuelta frente al Rangers escocés (17 de abril) son los ultras que ya protagonizaron los altercados contra la Roma. En el seno de la instituciones existe una «preocupación» evidente, como ayer volvió a verbalizar el alcalde de Bilbao. «No vamos a permitir que los radicales se adueñen de la calle. Están de sobra. Que sepan que se encontrarán con la firmeza de la Policía y de la ciudad», reiteró en un espacio de Radio Bilbao minutos antes de que se conociera la multa impuesta por la UEFA al Athletic.
Ya han pasado casi dos semanas desde el partido frente al club italiano, y las autoridades vascas involucradas en el dispositivo de seguridad se han negado en repetidas ocasiones a compartir en público qué falló en aquel despliegue para que se produjeran los enfrentamientos entre los radicales de ambas escuadras y, sobre todo, no se atajaran las algaradas protagonizadas por los ultras locales después del choque. «Lo que esos tenían eran ganas de zurrar ertzainas», insistió ayer el primer edil bilbaíno.
Lo único que está claro -porque Aburto ha ido insinuándolo- es que de cara a la final del 21 de mayo (y puede ser que también para el choque frente al Rangers) estará ya operativa la valla perimetral que rodeará todo el estadio y que servirá de un primer filtro de acceso a San Mamés. Contra la Roma se probó sólo el tramo del sector de la afición visitante, que no evitó el choque con los ultras locales y de hecho, provocó momentos de tensión en los prolegómenos del encuentro.
Esa situación, según desveló ayer Aburto, no volverá a producirse porque la «explanada no podrá estar ocupada» por radicales que no tengan entrada. El alcalde también ha deslizado en alguna ocasión que incluso podrá establecerse un primer anillo de control extra antes de la calle Luis Briñas para garantizar la seguridad en todo el perímetro del campo. «En estos momentos estamos trabajando en el dispositivo del Rangers pero aún nos falta por saber, por ejemplo, cuántos seguidores vendrán desde Escocia», analizó el alcalde.
Que el temor a que los ultras puedan 'reventar' la final de mayo se ha instalado entre los dirigentes institucionales quedó patente el pasado viernes. Gobierno vasco, Diputación de Bizkaia y Ayuntamiento de Bilbao presentaron una «campaña de sensibilización» de cara a la afición local... en la que se pidió en repetidas ocasiones «responsabilidad» a los aficionados vascos ante un «evento deportivo internacional de gran trascendencia».
Sería complicado de asimilar que en una cita en la que se pretende transmitir al mundo los «valores de nuestro país y dar a conocer nuestra identidad propia y singular», la imagen que se llevaran los visitantes que acudan a Bilbao y los espectadores que sigan el encuentro por televisión sea la de incidentes protagonizados por encapuchados que atacan a la Policía y cruzan y queman contenedores en plena calle.
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