
El 14 de marzo de 2018, el Athletic jugó su último partido de competición europea, y no fue una despedida honorable, sino más bien ominosa. ... Los aficionados que acudieron a San Mamés aquel jueves por la noche, para impulsar al equipo rojiblanco frente al Olympique de Marsella, y esperanzados con una remontada después del 3-1 en contra del Vélodrome, utilizaron dos veces las cartulinas que el club dispuso para el mosaico de bienvenida al equipo; la segunda vez, al acabar el partido, y por el envés blanco, a modo de pañolada.
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«Queda un erial, un proyecto en ruinas, si alguna vez estuvo en pie», clamaba la crónica de EL CORREO después de la victoria francesa (1-2) en el que sería también, como premonitoriamente apuntaron muchos, el último partido en competición europea para Aritz Aduriz, que, además, desquiciado por todo lo que sucedía en el césped, fue expulsado en el minuto 75 por el inglés Anthony Taylor.
En aquella última incursión europea actuaron seis futbolistas que todavía pertenecen a la plantilla rojiblanca: De Marcos, Yeray, Núñez, Lekue, Vesga e Iñaki Williams, que fue el autor del gol del Athletic en el minuto 73, aunque el OM ya había conseguido los suyos, obra de Payet y Lucas Ocampos.
Intentar la remontada una semana después de caer con justicia en Marsella era, para la afición, un ejercicio de fe ciega, en ningún caso alimentado por todo lo que estaba sucediendo en la temporada. Una de las crónicas del día siguiente hablaba de los fieles a San Mamés: «Cargan desde hace meses con una mochila llena de decepciones, simplemente abrazaron su fe rojiblanca y acudieron como la sangre a la herida para estar junto al Athletic y alimentarle con su cariño». El título lo resumía todo: 'Retrato perfecto de un año nefasto'. Nada salía bien, el equipo se había metido desde el principio en una dinámica negativa, sobre todo de ideas y de juego, así que intentar superar a un equipo entonces mejor, no entraba dentro de la lógica del fútbol, aunque los athleticzales nunca pierden la esperanza.
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A Ziganda se le achacaba un planteamiento muy plano, sin alternativas, e incluso se recordaba que en el partido de ida utilizó de salida a Mikel Balenziaga después de tres meses de lesión y se rompió, y que en la vuelta hizo lo mismo con Mikel Rico después de 21 días de baja y se tuvo que retirar antes de la media hora. Todo lo que podía pasar mal, pasó, y entre los jugadores también cundió el desánimo, como en la grada. «Ha sido un palo muy duro», confesaba Iñaki Williams. «Es un momento muy jodido para todo el Athletic, para toda la afición y para todos los compañeros, la verdad que me voy hundido a casa».
En las apagadas páginas del día siguiente, los comentaristas mostraban su desazón por el espectáculo. «El escenario era La Scala de Milán, pero cantaba Leonardo Dantés el baile del pañuelo», se escribía en un artículo de opinión. «No nos hemos engañado a lo largo de la temporada contando tantas miserias», apuntaba la ahora ya casi centenaria periodista Sara Estévez en su columna. El expresidente José Julián Lertxundi decía en la suya que, «cuando no hay resultados falta la confianza, y esta carencia es letal para conseguirlos. Este endiablado circulo vicioso está haciendo estragos en este Athletic». Con su habitual toque de humor, Patxi Herranz, en 'La Espinillera', relataba: «Nuestro Waterloo. Ganó la física a la fe. Ganaron los franceses con un baño descomunal. Hicieron lo que les dio la gana. El Athletic nunca entró en la eliminatoria. Fin de ciclo».
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Además, no fue solo la derrota en un nefasto partido, sino la impotencia que sufrieron muchos vecinos de Bilbao al paso por sus calles de los vándalos ultras franceses. Un guarda de seguridad tuvo que ser hospitalizado al recibir un golpe con la hebilla de un cinturón en la cabeza, y otro sufrió la fractura del cuarto y quinto metacarpiano y una herida en el dorso de la mano. Una aficionada del Athletic también fue herida tras el lanzamiento de una bengala desde la grada francesa.
Fue todo muy triste y desagradable, no solo lo del césped, sino también lo de la grada, y pese a esos antecedentes, regresar a Europa vuelve a convertirse en una ilusión. El episodio del OM solo fue un acto fallido en una larga historia que otra vez se retoma.
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