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La tormenta perfecta
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Elizegi y su junta se enfrentan a un escenario de máxima tensión debido a las pérdidas por la pandemia, el nuevo criterio de fiscalidad y la falta de presencia del equipo en EuropaEl Athletic organizó ayer un desayuno de trabajo con los medios de comunicación en el que el presidente, Aitor Elizegi, el contable, Jon Ander de ... las Fuentes, y el director general, Jon Berasategi, explicaron con todo lujo de detalles la situación económica del club. Es cierto que la hora fue un poco intempestiva para las costumbres de nuestro gremio -a las nueve de la mañana un periodista sólo sale a la calle a cubrir accidentes o catástrofes-, pero el ejercicio de transparencia se agradeció y resultó ejemplar. Sobre todo si se compara con algunos vividos en tiempos recientes de oscurantismo medieval, cuando estar en la zona noble de San Mamés tomando un café y escuchando las explicaciones de los rectores del club y luego sus respuestas a todas las preguntas de los medios era ciencia ficción.
Más allá de horarios y comparaciones históricas, lo cierto es que la situación económica del Athletic merecía este esfuerzo de información y transparencia. Porque, aunque es verdad que el club tiene «grandes fortalezas» como Elizegi se encargó de recordar -que en estas dos temporadas de pandemia se hayan inscrito más de ochocientos nuevos socios es una de ellas-, la situación es muy preocupante. De máxima tensión. Tanto que cada vez se antoja más incomprensible la despreocupación sobre las cuestiones contables de Ibaigane que muestran tantos y tantos socios, a quienes sólo parece preocuparles el importe de sus cuotas. Ahora bien, les hablas del déficit estructural del club, producto del sobrecoste de la plantilla, una losa de la que ya alertaba José Luis Markaida hace 25 años, y sientes que les importa menos que a Jupp Heynckes el famoso choque de bicicletas en Pekín. Cuando no es que este déficit sea importante. Es que es algo vital.
El Athletic tiene sobre su cabeza una espada de Damocles y un dilema endiablado. Necesita aumentar radicalmente sus ingresos si quiere garantizar su futuro y eso sólo puede hacerlo vendiendo -o esperando que otros les compren- a sus mejores futbolistas. Y también, a ser posible, consiguiendo entrar en Europa cada temporada, algo que no han conseguido en las cuatro últimas. Porque de los ingresos por televisión no se puede confiar en ningún crecimiento apreciable en los próximos años. Más bien al contrario.
A este escenario ya conocido se ha sumado otro todavía más angustioso con el que ha tenido que lidiar, como una maldición sobrevenida, esta junta directiva: el de la pandemia. Escuchando los datos que iban aportando ayer Elizegi, De las Fuentes y Berasategi -por cierto, ¡qué buen orador perdió Josu Urrutia durante su mandato!- uno tenía la impresión de que esta junta se ha visto inmersa en una especie de tormenta perfecta, como aquellos pescadores de Gloucester en la película de George Clooney.
Según iban ofreciendo datos, los menos versados en cuestiones de contabilidad acabamos haciendo las sumas más gruesas. Veamos, el Athletic ha calculado que el Covid le ha provocado un impacto negativo de 70 millones. Si a ello le sumamos que el cambio de criterio en la fiscalidad de Bizkaia le ha restado otros 26 millones en estos dos años y que el equipo lleva tres temporadas sin entrar en UEFA -añadamos unos 30 millones, aunque podrían ser algunos más, por este concepto- estamos hablando de casi 130 millones. Dicho de otra manera: del presupuesto entero de un club que, durante esta legislatura, y por si todas las inclemencias antes citadas fueran pocas, no ha podido beneficiarse de los ingresos por el pago de cláusulas de rescisión. A la junta anterior, como se recordará, le llovieron alrededor de 220 millones por Javi Martínez, Herrera, Laporte y Kepa.
Esta es la base objetiva con la que se debería partir en la próxima asamblea general, prevista para el próximo 23 de octubre. Lo contrario, es decir, volver a las andadas de la pasada temporada echando abajo presupuestos y balances sin apenas debate económico, tan solo por inquina hacia la actual directiva y por el deseo de desgastarla al máximo ahora que se abre un horizonte electoral, sería una grave irresponsabilidad. O algo peor teniendo en cuenta que acabamos de salir de una situación de emergencia mundial. Sería un nuevo espectáculo de cainismo en un club que tanto presume de su estilo y de su hecho diferencial.
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