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Celebrar el partido oficial 4.000 de tu historia con una victoria es estupendo. Lograr ese triunfo como lo hizo el Athletic en el Sadar ... es un adorno añadido a la efeméride. Los rojiblancos redondearon en el campo de Osasuna uno de los partidos más completos no ya de esta temporada sino de los últimos tiempos. Y con el añadido de embolsarse tres puntos que eran imprescindibles para seguir manteniendo viva la llama de la ilusión, un tanto mortecina las últimas semanas.
Pero si el buen fútbol y el triunfo ya son muy buenas noticias, sin duda la buena nueva del partido se llama Oihan Sancet. Sus tres goles destapan, por fin, al excelente jugador que venía apuntando desde juvenil. Hasta ahora se le veía como uno de los pilares sobre los que el Athletic tiene que construir su futuro. Desde anoche se puede decir que ya es un brillante presente, y no solo por los goles, que también, sino por todo lo que aporta al fútbol de ataque del equipo.
La magnífica victoria del Athletic se cimentó sobre los tres goles de Sancet, pero conviene repasar las tres jugadas para establecer los justos términos del triunfo. Las tres dianas fueron el colofón de jugadas colectivas, desarrolladas con sentido, velocidad y precisión, la primera y la tercera, y con pausa, paciencia y combinación la segunda. Fueron las tres jugadas largas, construidas desde el convencimiento de que se puede jugar el balón a ras de césped y al pie del compañero, o al espacio con ventaja. En definitiva, un fútbol distinto del que hemos estado viendo habitualmente; un fútbol que solo es posible si los protagonistas atesoran determinadas cualidades, las que tienen los que anoche estaban en el campo, sin ir más lejos.
En El Sadar pudimos disfrutar, por fin, de un Athletic diferente, seguro en el manejo de la pelota, un equipo que no rifó un solo balón, y que fue un dechado de sentido común y control del partido desde la ambición, incluso con el marcador a favor. Esta vez nadie pensó en conservar sino en disfrutar.
Todo el equipo brilló a gran altura porque cuando las cosas se hacen bien todo parece más fácil. La velocidad de Williams, el caudal de fútbol de Vencedor, la movilidad y la puntería de Sancet, la calidad de Berenguer, renacido después de tres meses de oscuridad, las apariciones de Muniain en todo el frente de ataque, sumaron para completar un partido que rozó la perfección y acabó en una victoria redonda que debe ser el inicio de un giro copernicano en la mentalidad de este equipo.
El Athletic solo tuvo diez minutos, los primeros del partido, en los que recordó al equipo inseguro y desesperante que hemos visto tantas veces. Compareció despistado y sin intensidad y encajó un gol que hacía temer lo peor en un Sadar que no se toma este partido precisamente como uno más y ante un Osasuna reconocible como el equipo aguerrido de siempre.
Pero tras el rápido empate empezó otro partido y éste fue una gozada para el seguidor rojiblanco, que pudo disfrutar incluso de un colchón de dos goles que es el mejor antídoto contra la angustia. El Athletic le pasó por encima a un Osasuna que ya no pudo hacer otra cosa que correr hacia atrás persiguiendo sombras.
Ya se sabe que el fútbol es una caja de sorpresas y que los entusiasmos desmedidos suelen acabar muchas veces en decepciones frustrantes, pero este partido reclama sin duda una reflexión sobre lo que puede y debe hacer el Athletic a partir de ahora. No pecaremos de optimismo desmesurado si decimos que el futuro ya está un poco más cerca después de esta magnífica noche en El Sadar.
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