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Si hay un género periodístico que gusta a Josu Urrutia es la autoentrevista. Quizá en un futuro disfrute también de las que conceda a los medios que, según él, trabajan por el bien del Athletic, pero por ahora las autoentrevistas son sus preferidas. Contestando a las preguntas que le elige su propio gabinete de prensa, al presidente del Athletic se le nota cómodo y relajado. A ratos, incluso parece divertirse de sus ironías y de los sobreentendidos que lanza al espacio exterior en forma de pequeños dardos a sus críticos. Nada que ver, por supuesto, con su actitud en las ruedas de prensa convencionales, tan arduas y desagradables para él. La diferencia llama la atención. Sería la que existe entre estar tumbado en una hamaca en la playa o en una mesa de quirófano.

Pero vayamos a lo importante. Urrutia se concedió una entrevista el pasado viernes y ajustó cuentas con la actualidad. Uno de los temas que trató fue el de la filosofía del club, que en los últimos días ha estado en candelero a raíz del más que probable fichaje por el Athletic de Youssuf Diarra, un joven de 17 años nacido en Mali. Se trataba de una cuestión polémica se ha discutido mucho sobre ella en las redes sociales y, como suele hacer en esas situaciones, el presidente rojiblanco la desactivó a su estilo: martilleando una obviedad que no respondía en absoluto al interrogante que se había planteado. Dijo Urrutia que el 10% de los habitantes de Euskadi ya son personas procedentes de otros países y que Lezama es un calco de esa situación. Y dijo también que la filosofía del Athletic sigue estando muy clara: jugar con futbolistas nacidos en Euskalherria o formados en equipos vascos.

Bien. Hasta ahí todos de acuerdo, podríamos decir. El problema es que el interrogante que plantea Diarra similar, por cierto, al que planteó en su día Laporte es si puede considerarse formado en un equipo vasco un chaval que apareció por estos lares a los 17 años, cuando sus padres se trasladaron de Lérida a Navarra y él fichó por el juvenil del Ardoi. Josu Urrutia debería dar su opinión al respecto. Nadie como él, el gran paladín de las esencias, para señalar los límites de la filosofía y distinguir bien las apuestas arriesgadas de las trampas en el solitario.

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