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David Otero (Madrid, 1980) ha pasado de llenar estadios con El Canto del Loco a ser un obrero de la música y tener que hacer ... todo tipo de escenarios, desde los más pequeños a los grandes como el de Abandoibarra al que se sube hoy.
- El de esta noche va a ser uno de los conciertos más multitudinarios de su gira de verano.
- La verdad es que en esta gira estamos haciendo de todo, lo bonito es que mi proyecto actual es moldeable a todo tipo de escenarios. Hago bastantes concierto yo solo a guitarra y voz, hago festivales, hago fiestas patronales en lugares emblemáticos… Acabo de estar en Ferrol, voy a tocar en las fiestas de Las Rozas, he estado en Murcia, en Alcantarilla… Qué se yo, voy haciendo conciertos de muchos tipos y los disfruto todos.
- En tiempos en los que no se venden discos hay que tirar del directo para vivir.
- Sí, y la suerte que tengo es que las canciones que he ido escribiendo durante toda mi vida, tanto en solitario como con El Canto del Loco, se siguen escuchando mucho y la gente las siente con cariño. Es un gustazo comprobar que has participado de alguna manera en lo que a la gente le gusta cantar cuando se va de fiesta, cuando está con amigos o cuando va camino del trabajo. Y son los directos el momento en el que lo compartes.
- Imagino que varias de esas canciones ya clásicas sonarán en directo hoy.
- Sí, porque en mis conciertos hago un poco de repaso general por todas las canciones que he ido haciendo durante toda mi vida, desde las épocas más tempranas hasta la actualidad. Llevo ya 25 años dando guerra y eso son un montón de canciones.
- Ha tenido tres etapas: la de El Canto del Loco, la del solitario para el paraguas de El Pescao y esta última ya a cara descubierta con su nombre. ¿Por qué decidió abandonar el pseudónimo?
- Son decisiones que no tienen tanto que ver con lo racional como con lo emocional. Hay un punto en el que te apetece que te llamen por tu nombre, pero me costó, porque a nivel de marketing todo el mundo se tiraba de los pelos y me decía '¿pero qué haces? Estás loco'. Pero mi nombre es la mejor manera de mostrarme, de enseñarme, de 'venderme'. Es sentirme a gusto conmigo mismo.
- Un signo de madurez o de autoafirmación.
- Yo creo que es un signo de buscar el traje que mejor te sienta en un momento dado. Es un traje con tu marca personal para hacer las cosas a medida.
- Está a puntito de estrenar disco, 'Inteligencia natural'. ¿Puede adelantar algo al respecto?
- Pues a ver, es un disco que ha tenido un proceso chulo y largo. Hace un par de años me metí de lleno en una especie de psicoanálisis creativo para buscar lo que quería. A mí hacer canciones por hacer no me apetece, tengo que buscar una razón para contar algo y para hablar conmigo mismo. En ese proceso de análisis vi que lo que más me preocupaba era nuestra relación con la tecnología; no con la Inteligencia Artificial en sí, sino con las redes, con la forma que tenemos de comunicarnos y con cómo nos hablamos y decimos las cosas. Todo eso ha derivado en varias canciones que tienen esa temática y con el avance tan trepidante que estamos viviendo. Incluso hay otra canción, 'Deslizarme', que habla de las aplicaciones para ligar. Es un disco de conexión con lo emocional, siempre mirando lo que está pasando alrededor.
- Esas nuevas tecnologías también han afectado de lleno a la música, que se consume de una forma muy diferente a cuando usted empezó su carrera.
- Fíjate, cuando hubo todo este movimiento de piratería callejera yo reflexionaba y ya pensaba que era cuestión de tiempo que todo pudiera escucharse en el teléfono móvil. Es que el formato físico ya no es práctico, tener vinilos es más bien una cuestión romántica. Yo lo miro por el lado positivo y pienso en que hemos dejado de consumir tanto plástico. Lo malo es que el retorno al artista es menor, habría que cambiar la legislación, los acuerdos, los porcentajes… Pero luego veo a mis hijos escuchando música donde quieren, como quieren y sin necesidad de llevar una cartuchera de CDs o de cintas, y pienso que es el proceso lógico.
- Volviendo la vista atrás a tiempos más sencillos, ¿echa en falta el éxito masivo que vivió con El Canto del Loco? ¿O prefiere el trabajo de pico y pala de patearse escenarios más pequeños?
- Cualquiera que te diga que no echa de menos un momento en el que llenaba estadios y vendía millones de tickets te está mintiendo. Por supuesto que me encantaría vender millones de entradas y hacer giras multitudinarias y llenar como llenábamos en ese momento. Pero ahora somos una pequeña tribu de diez personas que viajamos juntos y felices, el tamaño mi proyecto para mí es perfecto porque me da la oportunidad de disfrutar un poco de todo el rango que te ofrece vivir de esto, desde grandes escenarios a otros chiquitos. Es una versatilidad enorme y además no pago el precio de una fama masiva.
- Tiene además la suerte de rodearse en colaboraciones con artistas de categoría como Rozalén o Ana Guerra.
- Cuento con muchísimos amigos en la industria y nos queremos mutuamente un montón. Por mi estudio están pasando artistas para componer, para crear o incluso buscando consejo, no solo en lo artístico sino también en el 'business', para que les asesore sobre contratos o sobre decisiones en la carrera. Y luego también para tomar una cerveza y disfrutar como compañeros.
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