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Armarios con montañas de ropa, baños donde cuesta una eternidad encontrar la crema que se busca, trasteros salpicados de cajas a punto de reventar... Nada se les resiste a Laura y Shelsia Balbino. Ellas, madre e hija, se mueven con destreza por la jungla del desorden y, aunque aclaran que «cada organizadora profesional tiene su propia sistema», son algo así como las Marie Kondo de Vitoria. «Nosotras no obligamos a nadie a tirar nada», advierten. Desde 2018 se dedican como empresa (Laura Balbino Professional Organizer) a organizar cualquier espacio de la casa pero también mudanzas, documentación... y hasta la llegada de un bebé al hogar. Y de paso, aseguran, cambian «la vida» a los clientes dentro y fuera de la capital alavesa, allá donde requieran sus servicios.
La organización va en el ADN de Laura Balbino. «Nací organizada», comenta esta brasileña a la que su hija vio desde cría poner cada cosa en su lugar. La idea de transformar esa capacidad en una forma de vida se la dio la propia Shelsia, quien descubrió que había personas que ejercían como 'personal organizer'. Tras un curso, y a la tercera clienta, «me di cuenta de que me encantaba mi trabajo». Y eso que cada proyecto les lleva horas. Lo primero, cuentan, es visitar el lugar que requiere de su ayuda -donde toman fotos de la 'crisis' en cuestión- y charlar con los clientes para conocer desde su rutina a sus gustos o necesidades. De ahí surge una propuesta interactiva y, si hay acuerdo, contrato de confidencialidad incluido, madre e hija se ponen manos a la obra. «Volvemos a los 15 días para ver si ha funcionado», agregan.
En ese tiempo, entre el antes y el después, comprueban que no sólo han logrado dar la vuelta a un rincón de la casa sino «cambiar la vida a los clientes». «El desorden causa confusión mental y estrés y que no lo veas no quiere decir que no exista», sostiene Laura, quien forma parte de la Asociación de Organizadores Profesionales de España (AOPE). La clave para no convertir la casa o el trastero en una leonera y caer en ese caos vital pasa por «no dejarlo para después» y, sobre todo, por «no esconder el orden». Así, si un día llegas agotada a casa y no te apetece ordenar la compra del supermercado, lo mejor es dejar las bolsas donde las veas para recordarte la tarea pendiente en lugar de guardarlas tal cual en el armario para perderlas de vista.
Shelsia explica que «no se trata de obsesionarse» y, al igual que su madre, se muestra convencida de que «organizar es un hábito que se aprende». Pero, si a alguien le faltan ganas o ideas, ellas mismas ofrecen talleres para empaparse del arte del orden. «Nuestra casa es nuestro paraíso, el lugar donde sentirnos bien», reitera Laura, convencida del poder que ejerce una estantería o unos cajones con todo en su sitio. Eso sí, advierte su hija, este trabajo «va mucho más allá de ordenar para hacer una foto bonita para Instagram». Quedan avisados.
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