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No está siendo el típico sábado anodino del mes de julio. El ruido de las barredoras y sopladoras se oye desde primera hora de la ... mañana en las calles de Vitoria para retirar las toneladas de hojas que desde el jueves siguen en el suelo por el impacto de la granizada. A eso habría que sumarle los martillazos para cambiar ventanas y claraboyas rotas o la labor de los bomberos para revisar las cornisas afectadas por la histórica tormenta. No hay tiempo que perder aunque, como reconoció la alcaldesa Maider Etxebarria, se tardarán «días» en recuperar la normalidad.
Una de las prioridades está siendo aliviar los 80.000 sumideros y garantizar que trague el agua durante el próximo episodio de lluvias. Pili, una vecina de Cercas Bajas, aguardaba a que se completasen los trabajos en su zona. «A mí me pilló en un soportal de la calle Vicente Goicoechea y el lateral más cercano al convento de las Brigadas se convirtió en un lago en cuestión de minutos. Yo vi a una pobre chica que se confió y le cubría hasta la mitad de la tibia», comenta a la vez que pide que se retiren las hojas de la plaza del Conde de Peñaflorida.
No muy lejos de allí, en el edificio foral de Hacienda, Finanzas y Presupuestos, aún se pueden ver las consecuencias de la potencia con la que cayó el granizo. Y es que muchas letras que estaban pegadas a la fachada se cayeron por el fuerte impacto. De la palabra 'presupuestos' faltan una 'R', una 'U', una 'E' y hay una 'S' que está a punto de caerse.
Los turistas, sin embargo, se sorprenden de la rapidez en la limpieza. «El jueves vimos por la televisión la 'pedregada' que había caído y pensábamos que nos íbamos a encontrar esto hecho unos zorros, pero os habéis dado prisa en arreglarlo», comentaban Jordi y Stela, dos barceloneses que sacaban fotos al kiosco de la Florida.
Quienes han tenido que levantar el portón han sido muchos garajes. «El viernes hubo muchas llamadas para saber cuando podrían ser atendidos y agendar las reparaciones cuanto antes. La gente está intentando solucionar lo antes posible las reparaciones. Las vacaciones tienen mucho que ver con esto. Calculamos que podría haber miles de coches afectados y las agendas podrían irse hasta septiembre», avisa Conrado Bernal, gerente de Adeada, la asociación de empresarios de automoción de Álava. «La mayoría de talleres no atienden hoy al público y hay algunos que estarán aprovechando para adelantar trabajo a puerta cerrada», añade.
María tendrá que pedir cita. Ella dejó aparcada su vespa en la calle Beato Tomás de Zumárraga el pasado lunes, se fue de viaje de negocios y este sábado por la mañana descubría cómo el pedrisco le había provocado varios desperfectos. «Me ha roto la 'nariz' de la moto. Cuando veía las fotos de los coches con las lunas rotas en el periódico, me temía algo mucho peor», señalaba.
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