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Uno de cada cinco alumnos vascos de Primaria y Secundaria afirma haber sufrido algún tipo de acoso escolar en su corta vida. La mayoría de ... víctimas –si lo cuenta– busca refugio en familiares o amigos, pero muchos de estos casos nunca llegan a ser tratados por un profesional. «Muchas veces no saben a qué puerta tocar. Es una situación muy dura y tanto las víctimas como sus familias están perdidas a la hora de buscar ayuda», expone Joana Méndez, trabajadora social y mediadora, que junto a la psicóloga Zulaima García y el profesor especializado en terapia ocupacional Samuel García han creado la Fundación Ehunbide, un servicio sin ánimo de lucro para abordar casos de bullying de manera integral.
Este recurso gratuito, pionero en Vitoria y que cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de la capital alavesa y la Fundación Vital, nace para acompañar «social, emocional y psicológicamente» tanto a menores involucrados en situaciones de acoso escolar como a sus familiares. Pero sus puertas también están abiertas para los agresores y para otros agentes de la comunidad educativa que tengan que hacer frente a esta triste realidad. En demasiadas ocasiones, los colegios e institutos no cuentan con el tiempo o los recursos necesarios (a veces por falta de formación o por dudas) para abordar esta problemática que ya no solo se limita a las aulas sino que también se ha extendido a las relaciones virtuales.
«Por eso desde la Fundación vamos a ofrecer un espacio seguro y un apoyo transversal mientras dure todo el proceso», sostiene Méndez, que junto a sus dos compañeros ha trabajado de la mano de profesionales de la Universidad del País Vasco UPV/EHU para poner en marcha este servicio. Están en el número 10 de la calle General Álava y próximamente presentarán su proyecto a los agentes educativos de la ciudad además de realizar varias jornadas de puertas abiertas del 21 al 25 de octubre.
En Ehunbide contarán con un espacio de mediación concebido como un «lugar seguro» para abordar situaciones de bullying entre chavales desde los 5 o 6 años hasta los 20. «Muchas veces la solución es un cambio de colegio o que el agresor pida perdón y ya está. Aquí vamos más allá». A esto se suma el apoyo terapéutico para tratar las consecuencias emocionales en las víctimas y un acompañamiento a las familias.
También realizarán diferentes formaciones para identificar casos de acoso y poder intervenir de la manera más adecuada. Estas charlas estarán destinadas a docentes, familias y también a los propios menores, porque «es importante que los alumnos se conviertan en agentes activos, y que su único cometido no sea poner la situación en conocimiento de un adulto si son testigos de un caso de bullying. Hay que dotarles de herramientas para que sean capaces de actuar».
En las instalaciones de la calle General Álava se ha habilitado además una sala de ocio pensada para que víctimas de acoso escolar puedan acudir allí de manera puntual para «estar tranquilos y trabajar en la reparación de relaciones», siempre acompañados de la presencia de una educadora social.
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