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El Obispado de Vitoria ha pedido al Ayuntamiento que las ocho casonas que posee en los diferentes concejos puedan reconvertirse en edificios con hasta ... cuatro viviendas familiares una vez que sean reformadas. Se trata de inmuebles catalogados como unifamiliares que superan los cien años de antigüedad (cinco son del siglo XIX y dos del XX) y que en algún caso incluso se remonta al siglo XV según los datos del catastro. El principal argumento que emplea la Diócesis se basa en que esta nueva ordenación permitiría proteger con más garantías su valor patrimonial por una cuestión económica. Es decir, que cuatro particulares podrían asumir la renovación de los inmuebles de manera más holgada que un solo titular.
Los ocho edificios, ubicados en Betoño, Ilarraza, Arkaia, Ali, Berrosteguieta, Matauko, Mendiola y Monasterioguren, se encuentran en su mayoría vacíos y situados cerca de conjuntos parroquiales de los concejos. El Obispado asegura que, pese a que los edificios «no se encuentran catalogados», representan un «indudable interés arquitectónico e histórico que hay que conservar», y que sería más factible de proteger con este nuevo modelo urbanístico.
La clave
1500 es el año en el que se construyó la casa cural de Monasterioguren (en la imagen), según el catastro
Ubicaciones. Los edificios están en Ali, Betoño, Arkaia, Matauko, Berrosteguieta, Mendiola, Monasterioguren e Ilarraza.
Dimensiones. Seis de las casonas tienen más de un siglo y todas salvo la de Betoño superan los 250 metros cuadrados.
No cabe duda de que los inmuebles aumentarían su valor de manera significativa con esta modificación urbanística, ya que permitirían albergar hasta cuatro familias donde en la actualidad la normativa sólo contempla una. Ese es, de hecho, uno de los motivos que expone el Obispado para sustentar esta petición en sus alegaciones al Plan General de Orcenación Urbana (PGOU), a las que ha tenido acceso este periódico. La Diócesis, en concreto, quiere que «pueda optimizarse el aprovechamiento» de los edificios «en aras de facilitar la conservación y el patrimonio», siempre que se «mantenga su exterior como vivienda tradicional». En este sentido, advierte que la rehabilitación de estos edificios «puede no resultar económicamente viable si constituyen una sola vivienda».
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No obstante, este aumento en el valor de las casonas también se aplicaría en una hipotética venta de los edificios por motivos obvios. Esta opción no está descartada, aunque fuentes del Obispado señalan que «todavía no hay nada sobre la mesa» para estos edificios. Los mismos medios enmarcan la alegación en una «formalización» que planeaba desde hace tiempo, y que la medida responde a reflejar en el documento urbanístico de mayor rango «cuestiones que ya se habían abordado» con la Administración local. «Se trata de aprovechar esta revisión del Plan General para actualizar y proteger el patrimonio diocesano de cara al futuro», explican. Al mismo tiempo, creen que los inmuebles podrían «tener un uso más acorde con las necesidades actuales». Tampoco descartan una futura utilidad de tipo social, como podría ser un albergue para personas sin hogar o en situación de vulnerabilidad.
En caso de que la alegación prosperase, el Obispado podría reconvertir sus ocho casas curales en una treintena de viviendas como máximo. A pesar de que el número máximo de viviendas por edificio pasaría a ser de cuatro, hay algunos inmuebles que no alcanzan el tamaño suficiente para llegar al tope. Para poder dividir el inmueble en cuatro, se precisan 340 metros cuadrados, una cifra que sólo superan tres edificios (Matauko, Ali y Arkaia).
Los edificios son, en su mayoría, grandes casas antiguas cercanas a la parroquia de cada concejo, que servían como residencia de los curas. El ejemplo más claro es el de Monasterioguren, que data al menos del año 1500 según los datos del Catastro. El inmueble, el más antiguo de los ocho que enumera el Obispado con diferencia, se encuentra pegado a la iglesia, hasta el punto de que pertenecen a la misma parcela. En la misma situación se encuentra también la casa de Mendiola. Sin embargo, la Diócesis prevé solicitar la división del terreno más ligado a la casona respecto al «conjunto parroquial», algo que ya se llevó a cabo en el caso de Matauko en el pasado.
Pero al margen de esta modificación, el Obispado incluye una recalificación en la casona de Betoño. En concreto, la Diócesis solicita al Ayuntamiento que «subsane un error» que arrastra desde el anterior Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). La solicitud se centra en el «doble uso» que tiene recogida la casa cural, donde el edificio principal está catalogado como equipamiento, y el terreno-huerta, como residencial. En este sentido, la institución religiosa pide ahora que toda la parcela sea considerada residencial. Se trata de un paso necesario para que este inmueble pueda albergar un mayor número de viviendas. No obstante, es el edificio de menor tamaño entre los que recoge el Obispado. Tiene una superficie de 170 metros cuadrados con dos alturas, y su antigüedad es «al menos de 1800».
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