
Dos años y tres meses de prisión para ella. Tres años a él. La Audiencia Provincial de Álava dictó ayer sendas sentencias orales contra los ... camareros empleados en dos de los pocos narcobares que resisten activos en el término municipal. Tras años con infinidad de procesos penales, estos puntos de venta han caído a un segundo plano en el Palacio de Justicia. En gran parte, por la presión de la Policía Local y las posteriores responsabilidades dictadas por los juzgados.
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A día de hoy, los que operan en Vitoria «se cuentan con los dedos de una mano», deslizan desde la comisaría de Aguirrelanda. La pasada década, por ejemplo, llegaron a contabilizarse alrededor de 25 establecimientos 'hosteleros' que lo mismo despachaban una cerveza que un gramo de cocaína.
«Ahora lo que se lleva son los narcopisos, mucho más complicados de detectar», especifican integrantes de la Guardia urbana, el cuerpo que más ha perseguido esta práctica ilegal en los últimos tiempos en la capital alavesa.
Fuentes internas de Aguirrelanda cifran en «un mínimo de treinta» los narcopisos desperdigados por el término municipal. Coronación, Zabalgana, Salburua, Lakua, Casco Viejo y Zaramaga concentran el mayor número. Un vistazo al pasado ofrece la dimensión real de este número. Uno de los primeros narcopisos detectados en Vitoria data de 2018. En el marco de una macroplantación de marihuana desmantelada en un pabellón de Júndiz saldada con la aprehensión de 137 kilos de esta droga, investigadores de la Policía Local descubrieron que la mercancia se vendía principalmente en una vivienda de Aranbizkarra.
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¿Qué se busca con este cambio de ubicaciones? «Burlar cualquier control policial. Los narcobares cantan muchísimo y al final caen por la presión al local y a la clientela», puntualizan. En uno de los más activos en su momento, ubicado frente a un instituto, agentes uniformados se sentaban en las mesas como unos clientes más para frustrar las ventas.
«Ahora se contacta por redes. Whatsapp, Telegram, Instagram han sustituido al boca a boca del pasado», describen. En esos contactos virtuales se cierran las cantidades y las horas de 'visita' a las casas. Son encuentros fugaces. Generalmente en horario diurno para evitar quejas vecinales.
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Además, la legislación actual es más severa con las ventas de droga en establecimientos abiertos al público, donde atienden los últimos de la cadena del narcotráfico. Los dos camareros juzgados ayer fueron detenidos en su momento con cantidades mínimas de heroína y de cocaína. A pesar de ello, las penas iniciales solicitadas por la Fiscalía de Álava ascendieron a 4 y 7 años de cárcel, respectivamente.
Los abogados defensores -Óscar De la Fuente y Eva Faes- llegaron a un acuerdo rápido. Con el añadido de que estos condenados manejan serias opciones de evitar Zaballa. Los dos -una mujer de edad media y un treintañero- abandonaron la sala de vistas con lágrimas en los ojos.
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