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Cuando los exploradores y conquistadores españoles fundaban poblaciones en el continente recién descubierto solían bautizarlas con nombres de ciudades peninsulares. Todos hemos oído hablar de Guadalajara en México, Cartagena en Colombia o de Córdoba en Argentina, núcleos urbanos de una gran importancia en la actualidad. Lo que es más desconocido es la titularidad de pueblos como Victoria, también en la actual Colombia.
Fueron adelantados alaveses los que fundaron Nuestra Señora de la Vitoria (en textos antiguos) o Victoria en la denominación más moderna. Y se ha publicado recientemente (historia perdida 'Vitoria, la primera ciudad del México Hispano') que Hernán Cortés también llamó así al primer asentamiento en el país norteamericano.
Victoria es un municipio colombiano situado en el departamento de Caldas, en la región conocida como Magdalena Centro, en un triángulo entre Medellín, Bogotá y Mariquita. Residen en él unas 10.000 personas. Es sabido que hay asentamientos humanos que llevan el nombre de Vitoria en Portugal y Brasil y el de Victoria hasta en 24 ciudades del mundo, muchas de ellas en América y Filipinas, pero la población colombiana es mucho más familiar para los alaveses.
Aunque el registro oficial de su fundación es del 23 de diciembre de 1879, ya en tiempos de una Colombia independizada de España, se sabe que ha habido cinco lugares distintos con ese nombre en la zona. La primera se retrotrae a 1553, gracias a la expedición encabezada por los alaveses Hernando de Salinas, según unas versiones, y Asensio de Salinas Loyola, según otras. Fue construida en terrenos pertenecientes hoy al municipio de Samana, cerca de los ríos La Miel y Manso.
Por diversas circunstancias que explicamos más adelante aquella ciudad duró poco tiempo y los nuevos intentos de erigirla otra vez acabaron fracasando hasta en otras tres ocasiones más. El último y definitivo tuvo lugar en la desembocadura del río Guarino en el Magdalena, ya en el siglo XIX.
Hay que decir que la presencia alavesa en Colombia y todo el norte de Sudamérica estuvo liderada en principio por el alavés Pascual de Andagoya, que como sabemos es el primero que oye hablar del Perú, sus enormes riquezas y del imperio inca. En 1530 dirigió una expedición para reconocer y recorrer toda la costa del Pacífico de la actual Colombia, lo que le convirtió en gobernador de San Juan (1539). Las luchas internas entre distintos conquistadores impidieron asentamientos reales en los primeros años de exploración aunque todos los ojos estaban puestos en el oro y la plata de la región.
Desde el inicio de esta exploración y conquista se muestra una inusual presencia alavesa, mayoritaria entre los vascos. Sin duda el reclutamiento en la propia provincia por parte de Andagoya de tipos dispuestos a seguir la aventura americana fue un éxito. Especialmente si se ve la lista de los pasajeros que acompañaron al adelantado alavés: Hernando de Archua (Archua), Juan de Zárate (Aperregui), Cristóbal de Zárate (Aperregui), Iñigo de Varte (Délica), Juan de Echavarri (Echavarri), Pedro de Urbina (Larrea), Mateo de Zárate (Manurga), Juan Baustista Ortiz Sáenz (Morillas), Francisco de Guerena (Vitoria), Juan de Ugarte (Artomaña), Francisco de Lespe (Délica), Juan de Ondategui (Vitoria), Martín de Oñate (Vitoria), Hernando de Zárate (Fontecha), Sancho de Luyando (sin especificar origen).
En el libro 'Los vascos en Antioquía durante el reinado de los Austrias (siglos XVI y XVII)', el colombiano de Medellín John Alejandro Ricaurte, doctor en historia y master por la UPV, destaca que «fueron muy importantes las redes migratorias instauradas por individuos provenientes de Álava, que penetraron en el territorio histórico antioqueño desde la gobernación de Mariquita y realizaron algunas fundaciones. Ellos, por ejemplo, participaron en el establecimiento de Nuestra Señora de la Vitoria y posteriormente, cuando esta fue abandonada, pasaron a fundar Nuestra Señora de los Remedios. En su recorrido atravesaron varios de los actuales municipios antioqueños como Granada, Cocomá, El Peñol, Santo Domingo, San Carlos, Yolombó, Cancán y Sonsón».
La primera de estas ciudades, Vitoria, fue erigida en 1553 en las sabanas de Guariño por al menos una decena de alaveses liderados por Asensio de Salinas Loyola. Aunque en otra versión, Lucas Fernández otorga la fundación a Hernando de Salinas. En cualquier caso, son alaveses de apellido Salinas, emparentados entre sí, y, al parecer, procedentes de la primera villa alavesa.
Esto es lo que publica Lucas Fernández en su libro 'Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada' : «Y desde aquella ciudad (Mariquita) metiéndose por lo más fragoso de sus montañas vecinas, hasta las cabeceras del río de la Miel, que estarán a once leguas de la misma ciudad de Mariquita: y entre aquel río y el Guariño, reconocida una numerosa cantidad de indios que lo habitaba, eligió por mejor sitio el sombrío de una montaña, donde Hernando de Salinas, como cabo principal, y no Diego Asencio, que solamente fue poblador, fundó la ciudad que llamó Victoria (la 'c' se ha añadido después) si bien mudada a unas sábanas altas y rasas después, o por los bandos de Ospinas y Salcedos que en ella se introdujeron, o por las pocas conveniencias que ofrecía el país desde que faltó la labor de las minas, la que se había conservado algunos años con vecindad muy ilustre, se despobló como otras, para que de sus pobladores se acrecentase la de Mariquita, donde los minerales de plata y oro han ido siempre en aumento».
Prosigue Ricaurte que los alaveses formaron dos bandos liderados por familias oriundas de Añana y del valle de Ayala –Ospina y Salcedo- . Los primeros son conocidos por haber fundado en 1560, en el valle de Corpus Christi la ciudad de Remedios. Actuaron bajo la dirección del capitán Francisco Martínez de Ospina, apoyados por su hermano Diego y otros alaveses apellidados Salinas, Beltrán, Loyola y Caicedo.
En cuanto a la otra facción liderada por el también ayalés Lope de Salcedo Jáuregui, a quien se le tiene como opositor a la familia Ospina, se sabe que en 1561 fue comisionado por la Real Audiencia para reubicar y refundar Remedios en el valle de San Blas. Remedios era la que habían fundado inicialmente el capitán Ospina y los suyos.
Estos alaveses establecieron una de las redes migratorias de vascos más importantes de Sudamérica durante el siglo XVI. Nuevas familias alavesas se asentaron posteriormente con apellidos como Montoya, Mendoza, Montoya Ortiz, Montoya Salazar, Beltrán Caicedo, Beltrán Castillo, Salazar y Ossio (Ocio).
La explicación al enfrentamiento entre alaveses deriva precisamente de la codicia por el oro. Al parecer fue Martínez de Ospina quien tuvo la suerte de que al llegar al valle de Corpus Christi, los indios que allí vivían, comandados por los caciques Punchina y Motambe, huyeron al escuchar la primera detonación de las armas de fuego de los conquistadores y allí mismo fundó una villa que denominó Nuestra Señora de los Remedios y nombró los alcaldes ordinarios. Se trataba de un país muy rico en minas de oro y se integró en la demarcación de Antioquía. Como la Audiencia no tuvo noticias de la expedición resolvió abrir una investigación al capitán Martínez de Ospina, pero el juez enviado fue acallado con oro, lo mismo que otros que tuvieron la misma misión. Sin embargo, al ser enviado Lopez de Salcedo, declarado enemigo de Ospina, aquel le obligó en 1560 a presentarse ante la audiencia y dar cuenta de su conducta. José Antonio de Plaza en su libro 'Memorias para la Historia de Nueva Granada' sostiene que aquello originó un gran enfrentamiento entre familias, las afectadas y las que fueron tomando partido con unos o con otros. «Después de reiterados escándalos que contribuyeron a despoblar aquellos lugares, se consiguió finalmente la destrucción de la ciudad de Victoria».
Nuevas investigaciones de expertos de un lado y otro del charco nos están indicando que para contar la verdadera y completa historia de Álava deberemos acudir necesariamente a estos nuevos relatos en los que familias enteras alavesas se trasladan a América a labrarse un futuro, con las minas, con la espada o con la cruz. Es sorprendente como Ricaurte, por ejemplo, puede escribir un capítulo entero dedicado al pueblo de Berantevilla y a algunos de sus vecinos colonizando tierras colombianas. Pero eso formará parte de otra historia perdida.
Los historiadores también resaltan la presencia de tres conquistadores con el apellido Salinas, que luego la genealogía relaciona con Salinas de Añana. Se trata como hemos comentado de Asencio o Asensio de Salinas Loyola –emparentado con Ignacio de Loyola- y Hernando de Salinas, vinculados como hemos visto a la fundación de Vitoria y Juan de Salinas, al que por su importancia le dedicaremos un capítulo especial y que estuvo ligado a la historia de Ecuador. Algunos autores insisten en dejar abierta la duda de quién de ellos fundó Vitoria, pero lo que era cierto es que tuvieron que enfrentarse a indios muy belicosos como los Pantágoras y Amaníes y a condiciones muy duras del terreno.
Pedro Aguado describe en 1582 cómo se produjo la fundación. Todas las otras poblaciones que hallaba Salinas en su camino estaban arruinadas y quemadas. Hasta que halló en lo alto de una loma cinco o seis casas abandonadas que estaban en pie, y le pareció que aun cuando era montuoso, quedaba alto para poder fundar una ciudad. Así en 1557 fundó la ciudad de Vitoria, en tierras de los Palenques, «desde donde se ve el río grande de la Magdalena, la provincia de los canapeyes y otras muchas tierras».
Otra descripción de la ciudad es de López de Velasco en 1574. «Tendrá treinta vecinos poco más y un teniente de gobernador, dos alcaldes ordinarios y un alguacil mayor. Poblóla el capitán Asensio de Salinas Loyola año de 65 o 66, por allanar aquella tierra y por algunas minas de oro que hay en ella; está en tierra caliente, húmeda y montosa por estar metida entre una montaña espesa y y tierra doblada y en que hay muy pocos naturales, de los cuales no se tiene relación alguna hasta agora: este pueblo tiene un descargadero en el río Grande, para las mercaderías que llevan a España, que se llama el Puerto Viejo».
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