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H. Rodríguez
Domingo, 15 de octubre 2023, 00:32
En el Gorbea pastan 10 rebaños de ovejas. Cuatro están en el lado alavés, cinco pacen en la vertiente vizcaína y el último anda por ... los terrenos de la zona denominada Gorbea Txiki. «Hace 20 años había 48, y hace tres lustros éramos 24. Esto se acaba». La negra predicción la hace Asier Urien, un pastor de 45 años de Zigoita. Cuida de 650 cabezas de latxa. El año pasado perdió una veintena por la acción del lobo. «Este año aún no me ha tocado pero a otros compañeros sí y sé que cualquier día será a mí», asume. Entre el cánido y su ganado están 10 mastines y 180 gps que le ayudan a tenerlo localizado. También muchas horas de vigilancia in situ. «Subo todas las mañanas y todas la tardes. Las cuento, las junto con ayuda de los mastines y vuelvo a casa. Aquí no hay horarios, ni derechos laborales y los costes son cada vez más altos», cuenta. Gasoil, comida, cuidados veterinarios de los mastines (unos 3 euros cada uno al día), los geolocalizadores o el pienso que da a las que que tiene bajo techo, hacen que sea complicado sacar beneficios. «Dicen que el lobo está en extinción, pero son las latxas y los ganaderos los que lo estamos».
Manu Mendibil, pastor y ganadero en la zona de Kuartango, cifra en 4.800 euros el gasto anual que realiza solo en su decena de mastines. El año pasado perdió ovejas «día sí y día también» pero en lo que va de año se han librado. «Me ayuda un chico de la escuela de pastores que me ha mandado la Diputación de Álava, pero yo estoy con ellas casi todo el día». El sacrificio está dejando de ser rentable, así que este hombre de 56 años, de abuelo y padre pastor, que con una sola mirada sabe si a su ganado le pasa algo, no quiere «de ninguna manera» que su hijo siga su camino. «Aquí ha habido lobos siempre. En invierno mataban alguna oveja y se asumía. Pero ahora matan intocables. Yo no quiero que lo exterminen, pero tiene que haber controles, batidas o extracciones. Quieren que estemos aquí las 24 horas del día, que gastemos un dineral en perros, que se vuelva a lo de antes... osea que los demás van en coche, pero yo, tengo que ir en burra porque soy pastor», plantea.
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