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Este periódico ha hablado con el portavoz del comité de empresa de Tuvisa, Asier López de Sabando, y con el presidente del consejo de administración ... de Tuvisa, Iñaki Gurtubai, para sondear las dos posiciones del conflicto que afecta a los autobuses urbanos de Vitoria.
El comité de empresa de Tuvisa está integrado por trece delegados. ELA tiene 3, UGT, 3; CC OO, 2; USO, 2; ESK, 2 y LAB, 1. «Y nunca ha habido mejor sintonía entre nosotros», asegura su portavoz, Asier López de Sabando. El veterano conductor desgrana los motivos que, a su juicio, han llevado a la plantilla a realizar paros y huelgas en diciembre y en enero y a colgar el uniforme de manera indefinida desde el próximo sábado (salvo servicios mínimos) si antes las partes no logran un acuerdo. Dice que el «hartazgo» no es cosa de un día. «Llevamos años reclamando que el sistema está mal, que nos aprietan demasiado y han estirado el chicle».
El detonante ha sido la reestructuración de la línea L7. Parte su recorrido coincide con el del tranvía de Salburua y para evitar duplicidades la empresa les comunicó en noviembre que prescindiría de dos autobuses (cada recorrido es cubierto por una media de 8 autocares). «Eso suponía once puestos de trabajo menos para una plantilla que ya tiene un déficit estructural y además nos dicen que la L5 se extiende a Arkaiate y que la L3-L9 van hasta Goikolarra. Eso implica que con el mismo tiempo hay mucha más carga de trabajo para líneas ya apretadas».
La reacción de comité no se hizo esperar. Retomaron reivindicaciones ya planteadas en 2019 y las presentaron a la asamblea de trabajadores. «Con más autobuses en las calles la calidad del servicio va a mejorar. Así dará tiempo a esperar a que los abuelos se sienten antes de arrancar, podrás de vez en cuando levantarte, ir al baño, descargar tensión... Vivimos en una situación de estrés continua. Conducimos vehículos de 18 metros por calles diseñadas para coches de 3-4 metros. Y la mitad de la flota tiene más de un millón de kilómetros. Es un trabajo matador física y psíquicamente».
López de Sabando responde a las críticas de Gurtubai sobre elevado absentismo laboral (20%) de la plantilla. «Las condiciones en las que llevamos trabajando sobre todo estos últimos años son una pasada; nos hacen trabajar con vehículos que se caen a cachos con lo que implica. En los últimos seis años el INSS ha dado 33 incapacidades en una plantilla de 300. Es una vergüenza. Y no hablo ya de las muertes».
Además de más autocares por línea, de cambios en las del sábado y la renovación de la flota -«los diez nuevos autobuses que se han comprado no son suficientes»- quieren modificar la manera en las que se les computa la jornada laboral. Aseguran que ésta comienza en el momento en que llegan a su primera parada de destino y por la noche cuando llegan a la última. No incluye, agregan, el traslado a las cocheras, el tiempo de repostaje, el de la entrega de recaudación.... En la lista de peticiones figura el conductor de garaje por las noches y retomar el servicio nocturno de grúa. «Lo urgente es nuestra salud y con ello mejorará la calidad del servicio, pero el Ayuntamiento no hace más que dilatar los plazos».
El concejal del PNV Iñaki Gurtubai no es un recién llegado a los asuntos de Tuvisa. Ahora lo hace como presidente del consejo de administración pero ya participó en 2019 en las negociaciones que frenaron el plante de los chóferes en la Final Four. Defiende que desde entonces ha habido cambios «para bien» y confiesa haberse «sorprendido» al desayunarse con el anuncio de huelgas el «mismo día que firmaba con Irizar la compra de diez nuevos autobuses eléctricos». «Tienen muy buenas condiciones laborales. Entiendo que quieran mejoras, pero todo con medida. ¿Una huelga indefinida? Van a dejar a la gente sin transporte público para tener más tiempo de descanso».
En el tira y afloja de estos días, el Ayuntamiento accede a que los dos autobuses que quita de la línea 7 refuercen la 4 y la 5 y haya un tercero para la 3-9 que comparten destino a Goikolarra. Además, la L-7 de Sansomendi-Borinbizkarra acabará en La Paz, «cerca del hospital Santiago». Son tres conductores y medio más por servidor. «Aquí no se va a ir a la calle nadie». ¿Y en el resto de líneas habrá refuerzos para que los chóferes puedan cumplir con las frecuencias? «No se justifica en todas las líneas». Además, sostiene, «se necesitarían más autobuses y no tenemos más vehículos en buen estado. Tenemos sólo cinco por la mañana y cuatro por la tarde para imprevistos». Es consciente de la antigüedad de la flota y asegura que tratará de comprar quince autocares más «en la segunda mitad de legislatura».
Las mayores discrepancias con el comité de empresa giran en torno a los fichajes y los descansos. Gurtubai asegura que su jornada laboral empieza a contabilizarse en el momento que arrancan el bus y concluye cuando hacen el relevo a las 14.00 horas en el turno de mañana y cuando estacionan en las cocheras en el de noche. «Trabajan menos de las 160 horas mensuales acordadas en el convenio», sostiene. «Están buscando contabilizar más horas para tener más libres al año y ya tienen tres meses entre vacaciones y las tres quincenas de libranzas, las libres disposiciones, las horas sindicales y la antigüedad».
Y cree además que «tienen un tiempo razonable de descanso. «El recorrido de cada línea tiene una duración de entre 7 horas y 20 minutos y siete horas y media en cada turno y esto incluye las regularizaciones a final de parada. La línea que menos descanso tiene es de una hora y diez», señala. Admite que hay 'horas punta' con gran flujo de pasajeros y de tráfico «en las que puede ser más complicado» pero añade «que también hay horas valle» y achaca algunos problemas de falta de plantilla y calendario «a un absentismo laboral del 20%».
El servicio nocturno de grúa es intocable «porque ahora nos cuesta 90.000 euros al año y si se hace con chóferes de Tuvisa sería 215.000» y sí accede a que la persona que se encarga de revisar niveles en garaje esté una hora más los sábados por la noche.
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