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D. González
Domingo, 17 de marzo 2024, 02:14
«Salvo un par de anormales, las carreras han desaparecido», constatan policías locales adscritos al turno de noche. Son los que han bregado de continuo ... contra el 'fenómeno guadiana' de las carreras ilegales. Alguno en Aguirrelanda acumula veinte años en este juego del gato y el ratón saldado el 13 de enero con el fallecimiento de Izaro y Cristian.
Esta pareja, en principio, sólo seguía las tandas entre otros turismos de mayor cilindrada. Una experiencia vivida por cientos de vitorianos ajenos al riesgo que corrían. «Aquí hemos visto de todo. Hubo una época en la que habría mil personas viendo. Algunos se traían sillas de playa y había un par de espabilados que vendían refrescos y comida», rebobinan desde la comisaría de Aguirrelanda. Las operaciones de la Guardia urbana se han sucedido en el tiempo. Simples parches.
«No hay voluntad política. Nosotros hacemos nuestro trabajo, pero vamos a Júndiz y se marchan a Miravalles. Y ahora vete tú a saber dónde», informan los agentes sondeados. «Pero tenemos claro que acabarán volviendo», vaticinan con firmeza. El sindicato mayoritario, el Sipla, lleva meses pidiendo «más agentes» para cubrir «mejor la calle».
Asiduos a estas carreras ilegales subrayan que «una parte está paradita ya que lo ocurrido fue muy fuerte». Mientras que «otros se han ido a Bizkaia hasta que aquí se calmen las cosas».
La noche del viernes 19 de enero, una semana después de la colisión mortal, unas quinientas personas se juntaron en el punto donde fallecieron Izaro y Cristian para rendirles un sentido -y ruidoso- homenaje. Empezaron a quemar rueda, hasta que los uniformados desplegados les pidieron que cesaran.
¿Y la solución anunciada de cámaras en esta recta de un kilómetro de longitud? Desde el Departamento de Seguridad Ciudadana señalan que «se valoró la posibilidad de destinar alguna cámara prevista para el centro, pero se descartó. Debe hacerse mediante una nueva contratación». Admiten que este proceso llevará «meses».
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