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Hace ya un par de semanas que Aritz deshizo su maleta de regreso de Irlanda, la de Julen rodará por suelo colombiano hasta finales de ... agosto y Sandra vuela hoy hacia casa desde Bruselas... aunque con billete de vuelta en la cartera. «Voy una vez cada tres meses más o menos y no falto en verano ni en Navidad», cuenta esta joven que trabaja en la sede belga de Microsoft como manager de operaciones para pequeñas y medianas empresas. Ella se quedó hace un lustro en el 'gigante' tecnológico al que llegó con una beca Global Training bajo el brazo, el mismo pasaporte que en los últimos meses ha llevado a los otros dos veinteañeros al extranjero. Y no son los únicos. Decenas de alaveses viajan cada año dentro de este programa impulsado por el Gobierno vasco desde 2012 y gestionado a través de diversas entidades (Cámara de Comercio, UPV/EHU, Hetel, Ikaslan...) como vía para que menores de 30 años formados en áreas tan variadas como la ingeniería forestal, la fisioterapia, la arquitectura, la educación, la robótica o la cocina sumen experiencia laboral e internacional a su curriculum.
En 'casa' no se lo ponen fácil a la hora de meter la cabeza en el mercado laboral. Con casi un 20% de paro entre los jóvenes vascos, reconoce Julen, «es muy complicado encontrar un trabajo cuando no tienes nada de experiencia». «Por las referencias que tengo de amigos creo que si me hubiera quedado en Vitoria no habría llegado nunca a una empresa como Microsoft», ahonda Sandra. Las becas Global Training, un total de 400 dotadas con 1.400 euros mensuales y destinos variopintos, de Estados Unidos a India, Portugal o Australia, ofrecen esas prácticas profesionales que aquí se niegan a la generación del futuro y fomentan la movilidad internacional con el objetivo de que el talento, enriquecido y ampliado, regrese a Euskadi. La tasa de inserción se ha situado en ediciones anteriores en torno al 70% una vez finalizado el programa.
La beca Global Training no supuso ni la primera estancia en el extranjero ni las primeras prácticas profesionales para el vitoriano Aritz Bronte pero, reconoce, «ha sido una de las mejores experiencias» de su vida. A sus 23 años, y recién llegado de Irlanda, busca «una nueva aventura» profesional mientras disfruta del verano en su ciudad. «No tengo ningún lugar en la cabeza, tampoco descarto quedarme aquí, iré viendo», resume este graduado en Educación Infantil por la Universidad de Mondragón que el último curso ha trabajado en una escuela del condado de Galway.
Durante la carrera había estado de Erasmus en Bélgica e hizo prácticas en varios centros de Vitoria, pero en el colegio irlandés al que entró con la beca pudo «conocer una metodología diferente y ver el funcionamiento desde cero de una escuela que llevaba dos o tres años en marcha». En su aula convivían pequeños de cuatro a siete años, mezclados y con un aprendizaje «conjunto». «No olvidaré la bienvenida que me dieron los niños y los padres», asegura este veinteañero. Porque el curso que ha permanecido en Galway, un rincón celta salpicado de colinas y castillos, le ha servido como educador pero también como ciudadano del mundo. «Te enfrentas a retos como el idioma. Vas con el inglés de aquí y te encuentras con el gaélico, que es muy difícil. Sólo sé decir unas pocas palabras», admite. Pero, más allá de esos obstáculos lingüísticos, Bronte sólo encadena buenas palabras para lo que ha vivido en Irlanda: «Sales de la universidad y que ésta sea tu primera experiencia laboral, tan completa y tan bonita, es para estar orgulloso».
Cuando Sandra Herrán supo en 2014 que desembarcaría en Microsoft con una beca Global Training, cuenta, no le «imponía» el nombre de la empresa, pero al pisar una de sus sedes europeas en Bruselas «fue un choque». «Me vi con 21 años, sólo con una pequeña experiencia laboral con el trabajo de fin de grado y un ritmo que era una locura», recuerda esta vitoriana titulada en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Mondragón. Comenzó con un proyecto de logística para el que le dieron «manga ancha» y antes de finiquitarlo ya le habían ofrecido quedarse. «Vine para seis meses y mira...», apunta.
Hoy, un lustro después, se ha hecho un hueco como manager de operaciones para pequeñas y medianas empresas y partners y no se imagina a corto plazo en la capital alavesa. «Tampoco me veo aquí para siempre y sé que cuando vuelves lo haces con otras exigencias y sabiendo que vas a tener que sacrificar cosas», admite. De su ciudad añora a la familia y las amistades -«cada vez que vuelvo les veo más mayores», dice- y, como a la gran mayoría de quienes han hecho carrera fuera, se le hace la boca agua con la gastronomía casera. «El ambiente en la calle tampoco tiene nada que ver. Aquí las tiendas te cierran a las siete y el supermercado, a las ocho», retrata sobre la capital europea. De puertas para adentro de Microsoft continúan las diferencias: hay zonas de sofás para reuniones informales, cafetería propia y «flexibilidad» para trabajar desde casa. «Es una empresa difícil de entender porque es muy grande pero estoy súper a gusto», afirma. A Bill Gates, eso sí, aún no ha tenido el gusto de verle en persona.
Julen Beitia tiene ya trabajo para su vuelta a Euskadi aunque « estoy más abierto que nunca a irme donde surja una oportunidad porque para 2020 seguramente volveré a estar desempleado», vaticina a menos de una semana de cumplir 27 años. Lo celebrará en plena feria de las flores en Medellín, la ciudad en la que aterrizó hace casi un año con una beca Global Training para la sede sudamericana de Team Engineering Consulting Group, donde ha trabajado en «proyectos líderes». «Ha sido una experiencia muy enriquecedora, también en la parte personal. Te quitas estereotipos de encima, haces amistades, aprendes a ser independiente...», relata a apenas un mes de tomar el avión de vuelta.
A este vitoriano, graduado en Geología por la UPV/EHU y con un máster en Geología y Geofísica de Reservorios, se le quedó «la espinita de hacer un Erasmus» en la universidad y vio en este programa el momento de dar el salto internacional. «Cuando me presenté estaba haciendo algún curso, en paro, y no me había centrado sólo en buscar trabajo porque sabía que era muy complicado cuando no tienes nada de experiencia», asume. Con la beca encontró una forma de sumar hojas a su currículo y también de conocer a fondo el país que lo acogió. «He viajado todo lo que he podido y más. Cartagena, Bogotá, los carnavales de Barranquilla...», enumera este apasionado de las frutas. El mangostino, confiesa, su mayor descubrimiento en esta aventura.
400 becas Global Training lanza el grupo SPRI a través de la Agencia Vasca de Internacionalización. El presupuesto asciende este año a 4,12 millones de euros.
En los cinco continentes. Empresas y organismos ofrecen prácticas en 51 países: Alemania, Brasil, China, India, Estados Unidos, Marruecos, México, Australia, Bulgaria, Austria, Perú...
1.400 euros brutos mensuales recibe el becado, que puede elegir entre áreas de trabajo como la educación, el marketing, la biomedicina, la animación 3D, la nutrición, el diseño de interiores, la automoción...
Compañías de renombre. Microsoft, Harvard Medical School, ONU Mujeres o CAF, entre otras, participan en el programa.
30 años sin cumplir, empadronamiento en Euskadi, formación superior y un nivel de inglés B1 o B2, según la titulación, son los principales requisitos. Los interesados pueden presentar solicitud hasta el 13 de septiembre.
Entre los destinos de las becas Global Training hay empresas pequeñas, medianas y 'gigantes' como Microsoft. La multinacional y la Cámara de Comercio de Álava trabajan mano a mano desde hace siete años en busca de «apasionados por la tecnología» para las 18 plazas que la firma levantada por Bill Gates ofrece dentro de este programa. «La experiencia es muy positiva y aporta crecimiento tanto personal como profesional», destaca Montserrat Pardo, directora de relaciones internacionales de la compañía, sobre unas prácticas que alimentan «la proactividad, la inteligencia emocional o la habilidad para superar situaciones adversas» por parte de los becados.
En Microsoft, donde conviven decenas de nacionalidades, «se fomenta la movilidad de talento internacional». «Disponer de jóvenes preparados para la movilidad geográfica supone un gran beneficio para la empresa», sostiene Pardo. Quienes aterrizan en alguna de sus sedes, como Bélgica, Malta o Noruega, se encuentran con «un entorno de trabajo donde cada uno se sienta cómodo de expresar sus opiniones y ser ellos mismos». Desde 2012, la primera edición del programa, han pasado por allí 186 chavales.
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