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En la crisis de 2008, que en Euskadi tuvo su mayor impacto algunos años después, el movimiento cooperativo vasco «ya demostró una capacidad de resistencia, ... o de resiliencia como se llama ahora», que permitió a las empresas con este modelo de negocio aguantar mejor los embates económicos. «Ahora lo hemos vuelto a poner de manifiesto», destaca con orgullo Rosa Lavín, presidenta de la Confederación de Cooperativas de Euskadi-Konfekoop.
En Álava se han creado doce nuevas compañías de diferente perfil -construcción, explotación agraria, laboratorio fotográfico o la cooperativa de 'riders' Eraman- que han generado 36 nuevos puestos de trabajo. El territorio cuenta con un total de 176, principalmente vinculadas a la industria, la construcción y los servicios, aunque el mayor número de socios se concentra en el sector de la enseñanza.
Lavín destaca el «arraigo» y la «solidaridad» de socios y trabajadores que «nos ha permitido en tiempos de Covid traspasar personal de una cooperativa a otra en función de las necesidades. Quienes peor lo han pasado, no se han sentido solos y eso es importante». Una de las máximas de este modelo empresarial.
Marc de Villalonga Gimnasio Fit365
Y no se arrepienten. La sala de entrenamiento funcional y alta intensidad que dirigen Marc de Villalonga e Iker Larrimbe en Castillo de Fontecha es una de las cooperativas surgidas en tiempos de pandemia. «Nuestros familiares y amigos nos decían que si estábamos locos, que dónde nos metíamos. Pero en esta vida hay que ser valientes», cuenta Marc.
La opción de formar una cooperativa pequeña -se exige un mínimo de dos socios- «nos la recomendó una amiga porque íbamos a poder recibir más ayudas que como sociedad limitada». Y desde el punto de vista fiscal también tiene bonificaciones. «No han sido unos inicios fáciles porque además el sector de los gimnasios también ha sufrido cierres por el Covid, pero hemos resistido», destaca.
A estos dos socios, que tienen un trabajador contratado, les hace especial ilusión el acuerdo al que han llegado con la asociación alavesa de autismo. «Trabajamos con estas personas la psicomotricidad y la activación del sistema nervioso. Les ayudamos a mejorar en su día a día pero también nosotros aprendemos muchas cosas de ellas», explica Marc de Villalonga.
La crisis sanitaria no les hizo cambiar de planes a la hora de montar su gimnasio «porque desde el principio pensamos en Fit365 para grupos reducidos, con clases de seis u ocho personas máximo, y una atención más personalizada». Llevan a su actividad diaria ese modelo cooperativo por el que han apostado.
Andrés García Garlan
El director gerente de una de las principales cooperativas alavesas, referente en el mundo agrario porque hace dos años, además, integró a Sagral, cree que con la pandemia «nuestro modelo económico y social ha salido fortalecido a la hora de atender a nuestros clientes y proveedores». Ocho cooperativas de primer grado forman parte de Garlan, cuyo radio de acción abarca también Burgos, Navarra, La Rioja o Soria. En total, 850 socios y 44 trabajadores.
En 1986 se puso en marcha esta cooperativa agraria coincidiendo con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea -la UE de hoy-. «Con un mercado más liberalizado, era conveniente la concentración a la hora de presentar una oferta más competitiva de los productos», recuerda Andrés García. Han pasado ya 35 años «y seguimos en primera línea. La crisis sanitaria mundial nos ha obligado a introducir cambios pero nos hemos adaptado y ha existido una solidaridad entre los socios que ha ayudado a salir adelante».
Garlan comercializa semillas, fertilizantes y productos fitosanitarios además de cereales, patatas y legumbres con 'Eusko Label'. El reto que tiene por delante es encontrar relevo generacional porque la media de edad de sus cooperativistas empieza a rebasar los 55 años.
Manu Muñoz I+Med
El proyecto que surgió en 2013 de una reflexión compartida por Manu Muñoz y Raúl Pérez maduró en el centro de investigación Lucio Lascaray de la UPV y dos años después adoptó ya el modelo cooperativo con cuatro socios. Ahora son 13 pero la plantilla de este laboratorio farmacéutico y de biomedicina la forman 53 personas -el 60% mujeres- y una media de edad de 33 años. «Somos una cooperativa de científicos», resume Muñoz, que tuvo claro desde el principio que para contar con un equipo de estas características -de «Champions», dice él- «o lo hacíamos a base de dinero, que no era el caso, o lo íbamos creando con socios nuevos».
Así ha sido y reconoce que el recorrido natural de cada trabajador es incorporarse como cooperativista. «No queremos que nadie controle nuestra empresa», justifica el director ejecutivo de I+Med, que está especializada en hidrogeles y nanogeles que se emplean por ejemplo para sustituir el líquido sinovial que protege las articulaciones del desgaste o los golpes, o bien como lubricante en la implantación de prótesis. La pandemia de 2020 les impidió presentar su nuevo catálogo de referencias «pero este año se presenta interesante. Tenemos ya ocho productos».
176 cooperativas hay en Álava según datos de la Confederación de Cooperativas de Euskadi-Konfekoop. El 68% son de trabajo asociado (industria, construcción y servicios), otro 22% corresponden al ámbito agrario y alimentario y el resto a enseñanza, transporte y consumo. Representan el 13% de las sociedades vascas.
9.727 socios y otros 3.323 empleos El mayor número de socios cooperativistas se da en la enseñanza (5.039) y entre este sector y el de trabajo asociado aglutinan el 84% de los puestos de trabajo.
25% de las cooperativas vascas se acogió a un ERTE durante 2020 y esta cifra a finales del año se redujo al 9%. Restauración, ocio y cultura fueron los sectores más castigados por estos expedientes temporales que afectaron más a las mujeres (55%) que a los hombres (45%).
Tienen trabajo por delante las cooperativas alavesas para consolidar su «buen momento» y algunas tareas ya están sobre la mesa. El director gerente de Garlan asegura que «tenemos que seguir creciendo, ganar volumen para ser más competitivos» y poder ofrecer una mayor gama de productos y servicios. Eso sí, «sin perder las señas de identidad del movimiento cooperativo y su economía social».
La apuesta por la innovación debe ser común a todos los modelos de negocio, coincide también la presidenta de Konfekoop, Rosa Lavín. Y un reto que también encaran las cooperativas es trabajar en el relevo generacional, sobre todo en el sector primario, «para no perder el trabajo de años».
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