
Delitos sexuales en Euskadi
Condenado a 17 años por violar, vejar y robar a su sobrina en Vitoria durante 3 décadasSecciones
Servicios
Destacamos
Edición
Delitos sexuales en Euskadi
Condenado a 17 años por violar, vejar y robar a su sobrina en Vitoria durante 3 décadasDesde 1992 a 2020. Durante esas casi tres décadas, una vitoriana sobrellevó en silencio un suplicio de una crueldad inimaginable. Su tío –la persona que ... ocupó el lugar de un padre ausente– la sometió a toda clase de tropelías. Agresiones sexuales, vejaciones, violencia física y hasta amenazas para robarle dinero. Todo ello sin que nadie de su entorno fuera consciente de la zozobra. A consecuencia de este tormento, desde niña encadenó especialistas para lo que parecía anorexia o desequilibrios mentales y que, en realidad, fueron mecanismos de defensa para tratar de ahuyentar a su verdugo.
Ese hombre, de 65 años y oriundo de Gipuzkoa, compareció a mediados de marzo ante la Audiencia Provincial de Álava. Negó todas las acusaciones y cargó contra su sobrina. Aunque en la decisión de los magistrados Jesús Poncela –redactor de la sentencia–, Francisco García Romo y Ana Zulueta ha pesado más el demoledor testimonio de la propia víctima, su familia, una hija biológica del investigado –quien se derrumbó al contar que ella también sufrió un ataque sexual a los 9 años– o cuatro peritos que corroboraron la pesadilla, iniciada cuando tenía 12 años y estirada hasta la cuarentena.
Con esas piezas, este órgano judicial acaba de imponerle un global de 17 años y cuatro meses de cárcel por un «delito continuado de agresión sexual» y otro «continuado de robo con violencia o intimidación». También le obliga a indemnizar a su víctima con 20.000 euros y le prohibe contactar durante los próximos 27 años, en sintonía con la petición del fiscal Fidel Cadena y de la acusación particular, la abogada Sara Lorenzo.
Son números rotundos, porque éste no fue un caso más para esta sala, especializada en los asuntos más graves. El relato de los hechos estremece. Primero se sucedieron las agresiones sexuales en casa, compartieron techo durante su infancia y adolescencia. «Como mecanismo defensivo», reza el fallo, desarrolló «anorexia nerviosa». Pasó muchos periodos en centros psiquiátricos. Por «miedo», jamás contó la razón de sus desvelos. Y nadie dio con la tecla.
Al alcanzar la mayoría de edad, esta chica se emancipó. Logró un empleo. El acoso de tu tío alcanzó entonces una nueva dimensión. Aparte de las violaciones, comenzó a exigirle un diezmo. «En ocasiones, ésta se lo entregaba para evitar ser agredida». Si se negaba, «le propinaba fuertes golpes». A sus allegados les ponía excusas. «Me caído de la bicicleta», aseguraba. También contó lo mismo al chico con el que se casó y con el que acabó rompiendo. Llegó a permanecer cuatro años seguidos ingresada.
En 2018 recibió el alta. Y su tío tardó poco en aparecer. Más golpes, más violaciones, más amenazas. Hasta que un día, harta de todo, denunció. En el juicio se vio que tiene el alma hecha añicos. «Como consecuencia de los hechos padecidos ha desarrollado un trastorno de estrés postraumático, depresión y síntomas disociativos de los que no se recuperará», abunda la sentencia.
Una vez lanzada la petición de ayuda, sus primeros pasos no resultaron fáciles. En parte porque las dos hermanas y la actual pareja de este hombre secundaron la versión exculpatoria. En el otro lado, tres testigos validaron su testimonio. La expareja del encausado le definió como «agresivo». El exmarido de la denunciante confirmó que «a veces llegaba con golpes y me decía que se había caído, cuando me cansé admitió que su tío le pegaba». Y por último, la hija del investigado. «Una noche llegó superborracho, me tocó y me dijo que 'cuando me crecieran las tetitas íbamos a jugar como con mi prima'».
Los peritos convocados también otorgaron verosimilitud la denuncia. «Tengo claro que su trastorno de alimentación (la anorexia) fue un intento de dejar de ser una diana sexual», aseguró uno de ellos. Esta condena puede recurrirse al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La palygorskita, los cimientos del vino rancio en Nava del Rey
El Norte de Castilla
Una moto de competición 'made in UC'
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.