
Al sector primario le falta oxígeno como demuestran las continuas protestas. En el Valle de Ayala, se suma además la crisis industrial, pero ganaderos y ... agricultores hacen malabares para seguir viviendo del caserío y del trabajo en el campo.
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En sus conversaciones se respira cierto pesimismo y algo de resignación, pero mantienen el pulso firme ante los nuevos desafíos. Así lo demuestran al menos las ayudas concedidas esta semana por HAZI, la sociedad del Gobierno vasco para impulsar el sector, que entregará un millón de euros a una treintena de proyectos. Desde el cultivo hidropónico de piparras al montaje de una planta generadora de abonos orgánicos derivados del purín de vaca. Desde la revalorización de excedentes alimentarios a la producción de setas.
Alberto Campo, es un amurriano que se dispone a abrir un centro de interpretación de la horticultura junto a su huerta en Aldaiturriaga. «Nosotros producimos frutas y verduras y transformamos el excedente cuando estamos en plena temporada. Lo que queremos es montar un aula donde dar cursos a colegios y asociaciones y unas taquillas exteriores donde dejar los productos y que la gente pase a recogerlos cuando le venga bien», añadió.
Él también pertenece a otro colectivo que ha recibido financiación, Ekotarro. «Somos cinco productores que hacemos zumo de manzana, puré de calabacín, mermelada, gazpacho...». Todos envasan sus productos en Orduña y allí quieren mejorar la accesibilidad del espacio.
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En una línea parecida trabaja el laudiarrra Jon Lekanda que tiene su huerta e invernaderos en Larrazabal «produciendo desde hace hace once años en ecológico». Su canal de distribución es el grupo de consumo, personas que reciben cada semana una cesta de productos hortícolas y frutas frescas. «Queremos poder elaborar el excedente y venderlo aquí mismo», señala.
El pastor Fidel Alonso, que reparte su tiempo entre el entrenamiento de perros pastores que son campeones y su rebaño, se dispone también a diversificar su negocio en el caserío llodiano de Morteru con un proyecto de quesería, sala de despiece y punto de venta de ganado ovino. «Queremos matar los corderos en el caserío, como en Europa, en lugar de llevarlos a Villarcayo que además de estar lejos, genera mucho estrés a los animales», confiesa. Es una oportunidad para tener un lugar adecuado donde elaborar el queso y ofrecer sus productos en una sala de ventas justo al lado de su casa.
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Uno de los proyectos más innovadores es el de Andoni Fuentes, que gestiona una hípica en Okondo y que se propone abrir el primer centro de descanso y recuperación de caballos alavés en la misma localidad. Hará una inversión que supera el medio millón de euros para acondicionar un terreno de cinco hectáreas donde los caballos mayores podrán encontrar descanso; los atletas convalecientes, un retiro deportivo y rehabilitación y el resto, entrenamiento. «No es un hospital, sino un centro donde puedan compartir vida con otros caballos y ser felices», asegura.
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