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Francisco Góngora
Martes, 13 de enero 2015, 09:14
Si echamos la vista atrás sorprende la cantidad de alaveses que se enfrentaron un día a los británicos. Unas veces salieron ganadores y otras muchas, perdedores. En estas líneas hemos hablado de Tristán Orive-Salazar, de Simón de Anda o de Ignacio y Miguel Álava, pero hay más. En esta ocasión vamos a hablar de Martín de Álzaga, nacido en Ibarra de Aramaio en 1755, un desconocido aquí, muy célebre en la ciudad porteña donde tiene plaza y calle, porque estuvo en los principales hechos de su historia.
Álzaga (con tilde esdrújula como lo escriben los argentinos) llegó a Buenos Aires a los once años. Solo hablaba euskera y empezó como ayudante de tendero, pero amasó una de las grandes fortunas de su tiempo. Esclavos, armas, telas, traficó con todo. Pero nos vamos a fijar en un episodio fundamental de su vida. Cuando puso su dinero y su talento para expulsar a los británicos.
En el contexto de la guerra entre Francia y España contra Inglaterra, el 25 de junio de 1806, una escuadra británica al mando de Sir Home Popham, compuesta de 12 barcos, desembarcó en las playas de Quilmes, provincia de Buenos Aires , entonces territorio del Imperio español de Ultramar. Tomaron tierra 1600 hombres al mando del general William Carr Beresford. Entraron como pedro por su casa. No hubo apenas resistencia porque la sorpresa fue mayúscula. El Virrey del Río de la Plata, Rafael de Sobremonte, se dio a la fuga. El día 27 los invasores entraron en la ciudad. Un navío inglés fue enviado a Londres con un gran botín obtenido de los comerciantes de Buenos Aires. El día 28 el General Beresford arrió la bandera española e izó en el fuerte el pabellón de Gran Bretaña..
Rendición limitada
Pero la rendición no pasaba de la propia ciudad. El capitán de Navío Santiago de Liniers y Bremond, al servicio de las armas españolas, se negó a prestar obediencia a los ingleses y al nuevo autoproclamado Gobernador. Liniers desembarca en Montevideo y propone al Gobernador español Huidobro la reconquista de Buenos Aires. El 23 de julio salió de esa ciudad con unos 600 hombres por tierra rumbo a Colonia del Sacramento, donde debía encontrar más auxilios y una flotilla para transportarlos a la costa occidental del Plata.
Los vecinos de Buenos Aires, criollos y españoles por igual, comenzaron a armarse para defenderse. Ahí es donde Álzaga entra en acción. El alavés fue capaz de reunir cientos de armas -para eso era un avezado contrabandista de ellas-. Además alquiló en secreto las casas que daban a la Plaza Mayor, para cavar túneles que permitieron minar el fuerte con explosivos caseros. Era un gran organizador. Alquiló una granja para que los voluntarios pudieran entrenarse y reunió tropas de caballería. La red de espías de los ingleses nunca pudo descubrir este ejército secreto, esta verdadera guerrilla urbana que preparaba Álzaga.
El 1 de agosto, se produjo el primer combate en Perdriel, entre las tropas criollas al mando de Juan Martín de Pueyrredón, una guerrilla entrenada y patrocinada por Martín de Álzaga, y el famoso regimiento 71 de Highlanders con 550 hombres, quienes obtuvieron la victoria en esa ocasión, pero las tropas criollas / españolas quedaron intactas. El 3 de agosto Liniers salió de Sacramento con sus tropas ocupando 25 buques tomando rumbo hacia el Paraná. Desembarcó el día 4 en las Conchas, a siete leguas de Buenos Aires donde se le unió otra fuerza de criollos. El día 11 las tropas de Liniers con el apoyo de la caballería de Pueyrredón y los guerrilleros entrenados por Álzaga atacaron a las tropas inglesas en las calles de Buenos Aires iniciándose una encarnizada batalla calle por calle. Las tropas criollas ascendían a unos 1936 hombres, cinco cañones y dos obuses.
Situación insostenible
El 12 de agosto, los ingleses se habían atrincherado en la Plaza Mayor y el fuerte. Las tropas criollas comenzaron el ataque a las 9 de la mañana desde distintos puntos. La situación se hizo insostenible para Beresford y sus tropas. Tras ordenar replegarse al fuerte finalmente izó una bandera de rendición y más tarde apareció la bandera española.
Pero la flota inglesa no había abandonado el Río de la Plata. Llegaron numerosos refuerzos al mando del general John Whitelocke. Esta fuerza naval tomó Montevideo en junio de 1807, eliminando con facilidad las fuerzas de Sobremonte.
Álzaga, que hacía funciones de alcalde, ordenó el arresto del virrey y su reemplazo por Liniers. Volvió de nuevo a organizar las milicias de voluntarios de la ciudad, un ejército de más de seis mil hombres, y pagó con sus propios fondos la formación de un regimiento de asturianos y vascos. El 2 de julio de 1807 se produjo el esperado ataque, y Liniers fue derrotado en Miserere, en las afueras de la ciudad. Pero Whitelocke les dio tres días de descanso a sus tropas antes de atacar. Álzaga convenció al desalentado Liniers de preparar la defensa y aprovechó al máximo el tiempo: organizó la defensa casa por casa, iluminó con miles de lámparas la ciudad para seguir trabajando de noche, y se aseguró que en todas las azoteas se acumulara todo lo necesario para la defensa de Buenos Aires.
Los ingleses atacaron el 5 de julio, dándole otra ventaja: marcharon divididos en trece columnas, que fueron derrotadas por separado. Al mediodía del 7 de julio, los ingleses se rindieron y evacuaron la ciudad. Pero Álzaga incluyó en las condiciones de la rendición que debían entregar también Montevideo.
Este era el retrato físico del héroe argentino según el escritor Juan Manuel Berutti: "Este hombre era alto de cuerpo, flaco, seco, muy tieso, algo inclinado para adelante; a cabeza cana, pues tenía más de sesenta años y de una cara y un aspecto muy respetuoso".
Independentista
Según algunos historiadores locales "Alzaga fue el primer hombre, en el virreinato del Río de la Plata, desde 1806, que proyectó la independencia de esta parte de América y trabajó por ella todo cuanto pudo. El creó el partido que dio origen al sistema de Juntas, y a él se debe, en gran parte, la reconquista de Buenos Aires (1806), la defensa (1807), la primera Junta de Montevideo (1808), la primera de Buenos Aires (1809), los movimientos revolucionarios del Alto Perú (1809), los trabajos que prepararon el ambiente contrario a Napoleón en 1810 y la misma caída de Cisneros (el virrey), el 22 de mayo de 1810.
Sin embargo, Álzaga es detenido dos años más tarde, juzgado por conspiración y ahorcado junto a otros cuarenta. Para muchos fue el crimen más grande de la historia argentina, resultado de la lucha de poderes que siguió al proceso independentista.
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