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Iratxe Bernal
Miércoles, 12 de abril 2023
Si hoy dedicáramos a llenar la nevera exactamente el mismo presupuesto mensual que hace un año sólo nos llegaría para comer 25 días. Eso es lo que en la práctica significa que el IPC de los alimentos haya subido un 16,6% en los últimos doce meses. Dicho de otro modo, también muy elocuente, hacer la compra cuesta a las familias españolas 860 euros más ahora que hace un año, según estimaciones de la OCU. Sumemos, además, el encarecimiento de la energía y los combustibles (con incrementos que han llegado al 80%) y la escalada del euríbor, que ha elevado la cuota de la hipoteca media en 250 euros mensuales.
Pensarás que, dada la situación económica, no hay escapatoria, que no es posible ahorrar, pero ahí va un dato que te hará cambiar de opinión: según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición cada semana tiramos a la basura medio kilo de comida, lo que según estimaciones de Ayuda en acción equivaldría a unos 250 euros por persona al año.
Aunque la inflación hace que ahora duela más, la verdad es que este desperdicio debería abochornarnos en cualquier momento. Sobre todo, porque puede evitarse con planificación. Eso sí, hay que entender que planificar implica mucho más que hacer una lista a la que ajustarnos en el supermercado.
Aquí te van algunos consejos para empezar a crear tu propio método de ahorro y consumo responsable en la cocina.
El ahorro empieza en casa y no en el supermercado porque lo primero que hay que hacer es no comprar lo que ya tenemos. Así que arrancaremos pasando revista a la despensa, la nevera y el congelador. Anota lo que hay y, muy importante, para cuántas elaboraciones o raciones da.
Lo siguiente será detallar en una lista qué vamos a comer cada día de la siguiente semana. ¿Por qué cubrir sólo siete días? Básicamente por dos razones. La primera es que así damos menor cabida a posibles imprevistos que nos desbaraten el programa (comidas fuera de casa, sobras que dan para más de un día, caprichos de última hora…) y, la segunda, porque es más fácil controlar los gastos cuanto hacemos compras pequeñas. Además, ir más a menudo al súper te permite, al cargar con menos peso, ir a pie o en el transporte público y ahorrar combustible.
A la hora de detallar qué platos vas a preparar para cada día ten en cuenta que el número de raciones no tiene por qué ser siempre el mismo. Habrá días en que, por ejemplo, los peques no tengan jantoki y otros en los que quizá tengamos previsto cenar con la cuadrilla.
Tener en mente un tope de lo que podemos gastar en esa compra semanal limitará nuestras opciones, sí, pero también nos servirá para centrarnos y planear la compra con la cabeza fría.
¿Sabes eso de que hay que ir al súper después de comer? Pues aquí pasa lo mismo. Si haces la lista con hambre te apetecerán platos más recargados o precocinados, que siempre encarecen la compra, además de ser menos saludables.
¿Crees que la marca más renombrada sería tu favorita en una cata a ciegas? Te sorprendería la cantidad de veces que escogerías productos de alguna de las marcas propias de las cadenas de distribución. Éstas componen ya la mitad de la cesta de la compra de los hogares españoles según datos recopilados por NielsenIQ, y no es por una mera cuestión de precio. También aportan calidad y variedad. Por ejemplo, una cadena como Eroski, pionera hace ya cuarenta años en su lanzamiento, cuenta con cientos de productos de marcas propias ligados a las denominaciones de origen más reconocidas. Muchos de ellos son de consumo diario o semanal y están integrados en la cesta creada para ayudar a las familias a paliar el efecto de la inflación.
Pertenecer a los clubs de fidelización da acceso a ventajas (desde descuentos directos a cupones o puntos) que, bien empleadas, pueden abaratar nuestra compra. Además, algunas cadenas, como es el caso de Eroski, colaboran con empresas de otros sectores para ofrecer a estos clientes ofertas en otros productos o servicios.
A la hora de seleccionar las recetas que vas a realizar durante la semana procura decantarte por las que no requieran de preparaciones muy elaboradas (supondrán un menor gasto energético), se puedan congelar (así evitas cocinar algunos días), resulten aprovechables para elaborar otros platos (que debes incluir también en la lista) y, sobre todo, que puedas elaborar a partir de productos de disponibilidad garantizada (para evitar improvisar en el súper) y precio asequible, como los de temporada o los congelados.
Al idear el calendario tendrás que prestar también atención a factores, ajenos a la propia comida, que puedan condicionar la elección de los platos. Hablamos de detalles como echar un vistazo antes al menú escolar para no repetir al menos los mismos grupos de alimentos o asegurarte de que las preparaciones de entre semana sean aptas para el 'tupper' si es que algún miembro de la familia come en la oficina. Sí, si lo sumas todo parece más difícil que un sudoku, pero lo irás perfeccionando y podrás reutilizar las plantillas, así que el esfuerzo se amortiza en todos los sentidos.
Si compras alimentos frescos, muy perecederos o con una fecha de caducidad muy próxima y no tienes previsto congelarlos tendrás que priorizar los platos que vayas a preparar con ellos y colocarlos los primeros días de tu agenda.
Antes de salir de casa comprueba que llevas la lista con todos los ingredientes que vas a necesitar para elaborar las recetas previstas (puedes hacerla en el móvil) y tus propias bolsas para evitar tener que pagar por ellas en la caja.
¿Qué oferta es más económica, un 2x1 o un 3x2? No importa que no lo sepas; la calculadora del móvil lo tiene claro, así que recurre a ella para saber qué oferta es la que más te conviene. Olvídate de los 'por si acaso' o 'por este precio no está de más cogerlo' y ajústate a lo que vas a consumir según tu programa de menús o, al menos, a lo puedas almacenar en óptimas condiciones. Además, hay que saber comparar. No te quedes con el precio final y fíjate en lo que cuesta el kilo, el litro o la unidad.
Ya lo hemos dejado caer antes; debes incluir el gasto del desplazamiento en el total de la compra. Si la haces en comercios de proximidad y poco a poco podrás prescindir del coche la mayoría de las ocasiones. Si, en cambio, no te es posible organizarte así y te es más práctico hacer una compra mensual recuerda que, aunque en la mayoría de las gasolineras ya no ofrecen bonificaciones que rebajen el precio del combustible, hay estaciones de servicio ligadas a cadenas de supermercados en las que repostar ayuda a sumar descuentos en la tarjeta de fidelización.
Finalmente, una vez en casa es importantísimo guardar adecuadamente cada producto. Además, ¿te acuerdas de lo de la periodicidad que decíamos al principio? Pues aquí tienes otra razón para marcarte un día concreto en el que hacer la compra; en casa tienes una capacidad de almacenaje limitada. No sirve de nada comprar mucho si luego no te entra todo en la nevera o la despensa.
Sirve raciones pequeñas, sobre todo a los txikis de la casa si son malos comedores o el plato del día no está entre sus favoritos. No se trata de que coman poco, sino de que no estropeen nada. ¿Cuántas veces has tirado la comida que han dejado en el plato después de que la hayan mareado con el tenedor o la cuchara? Prueba a darles de entrada únicamente lo que sabes que sí van a comer... o les vas a obligar a comer. Si quieren más, que repitan, y lo que al final quede en la fuente se podrá aprovechar o congelar.
El café a media mañana, el trayecto corto que podríamos haber hecho a pie, esa camiseta que no nos hace falta y no sabemos cuándo nos pondremos pero que es tan barata… Estos pequeños desembolsos se llaman gastos hormiga y cuando, lejos de ser aislados, son una constante en nuestros hábitos de consumo pueden suponer una cuantía nada desdeñable a final de mes. Vamos, que pueden pasar de hormiga a marabunta y hacernos un destrozo en nuestro presupuesto doméstico. Para evitarlos (o al menos, controlarlos) lo mejor es identificarlos. Cada quien tiene los suyos. ¿Qué hay de esa comisión bancaria que podrías evitar o reclamar o de esa suscripción a una revista o plataforma a las que ya no prestas atención? Para saber dónde están lo mejor es llevar durante unos meses un control exhaustivo de nuestros gastos. Apunta todo lo que gastes, así tomarás conciencia de en qué se te va el dinero más allá de los gastos premeditados.
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