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LEIRE PÉREZ
Viernes, 1 de noviembre 2013, 15:36
La decisión del grupo Mondragón de no echar un capote a Fagor cayó ayer como una losa sobre la planta de Edesa en Basauri. Durante dos horas, los 230 cooperativistas decidieron en asamblea su estrategia tras la cada vez más factible posibilidad de que la matriz de la firma eche la persiana «en una semana». Los trabajadores de la planta basauritarra, que han acordado no lanzar reproches a la Corporación, temen que sus peculiaridades den al traste con su futuro. Y es que no son un 'pata negra' del conglomerado.
En los años noventa, cuando Edesa se unió al movimiento cooperativista, sus empleados decidieron seguir cotizando a la Seguridad Social para no perder los derechos adquiridos. Se trataba de una plantilla envejecida, aunque con el cambio de siglo se rejuveneció gracias a los contratos de relevo. Su negativa de entonces a incorporarse a Lagun Aro EPSV, empresa que cubre la prestación de desempleo de los socios de Fagor y el resto de cooperativas, puede volverse ahora en su contra.
En Basauri no tienen claro que vayan a ser «recolocados» de igual forma que sus compañeros. «Tememos que nos dejen de lado», señala Jesús, con 37 años de servicio en la fábrica de la Avenida Cervantes. «En la reubicación pueden tener preferencia los de Lagun Aro, porque a ellos les tienen que pagar el paro y a nosotros no», argumenta. Un miembro del consejo social que prefiere no dar su nombre añade que, así como «Mondragón nos ha dejado caer porque no cree en nuestro plan de viabilidad, nosotros tampoco creemos que sean capaces de recolocar a las 1.000 personas que dicen; no nos han aclarado ni dónde ni cómo».
«Vamos a luchar»
«No es momento de dar pena, vamos a luchar hasta el final», advierte por su lado Fernando Otero. A partir del martes llevarán a cabo un encierro indefinido en el exterior de la planta. «No lo hacemos dentro porque estamos seguros de que en pocos días van a cerrarla», comenta otro trabajador. En grupos de diez, harán relevos de cuatro horas con el objetivo de que la movilización esté siempre viva. «Será en defensa de nuestro empleo y por la viabilidad de la empresa», explica Otero.
Junto al lazo verde en sus solapas, que pretende convertirse en un halo de esperanza, vestirán camisetas azules como «recuerdo» de las pegatinas que ponían sus progenitores en los electrodomésticos antaño. «Algo de ilusión en que las cosas mejoren todavía nos queda», comenta Asun Marín, una joven que lleva 13 años vinculada a Edesa. «Si no, nos iríamos a casa».
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