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EUROPA PRESS
Martes, 28 de mayo 2013, 11:15
Científicos de la Universidad de California Irvine, en Estados Unidos, han desarrollado un compuesto sintético derivado originalmente de una toxina de la anémona del mar, que aumenta la actividad metabólica y se muestra potencial como un tratamiento para la obesidad y la resistencia a la insulina, según publica 'Pro- ceedings of the National Academy of Sciences'.
Los investigadores han detectado que este compuesto, bautizado como SHK-186, bloquea selectivamente la actividad de una proteína que promueve la inflamación a través del canal de potasio Kv1.3. Los canales de potasio regulan el potencial de la membrana celular y controlan una variedad de procesos celulares. El estudio presenta la primera evidencia de que este candidato a medicamento también puede funcionar en la lucha contra la obesidad.
La Universidad Irvine ha cedido la licencia para comercializar el SHK-186 a Kineta Inc., una compañía de biotecnología ubicada en Seattle, que está desarrollando este compuesto para el tratamiento de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, la artritis psoriásica y el lupus. También ha autorizado el uso de SHK-186 para el tratamiento del síndrome metabólico y la obesidad.
Mayor quema de calorías
En pruebas con ratones obesos que consumían una dieta alta en grasas y en azúcar, la terapia a base de SHK-186 redujo la ganancia de peso, los depósitos de grasa blanca, el hígado graso, el colesterol y el azúcar en la sangre mediante la activación de la quema de calorías de grasa marrón, la supresión de la inflamación de la grasa blanca y el aumento de la función hepática. El compuesto no tuvo efecto sobre los ratones que consumían una dieta estándar, lo que sugiere que la alimentación que causa obesidad desencadena la expresión de la diana Kv1.3.
«Estos datos son muy interesantes y apoyan firmemente la idea de que la inhibición del canal Kv1.3 proporciona un método altamente eficaz para la gestión de la obesidad y sus alteraciones metabólicas asociadas», aseguró el doctor George Chandy, director del trabajo. Aunque se necesitan más estudios, la potencial relevancia clínica de este descubrimiento es enorme para un número significativo de personas que padecen de obesidad y sus complicaciones asociadas».
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