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LUIS LÓPEZ llopez@elcorreo.com
Viernes, 4 de enero 2013, 15:26
No vivieron una experiencia extrema los más de 1.200 esquiadores que tuvieron que ser rescatados en Panticosa. La fuerza del viento que provocó la emergencia, el tiempo durante el que se prolongó y el volumen de aficionados afectados hacía prever situaciones de tensión y caos en la estación oscense. Pero no. Aunque el operativo se desarrolló desde las 15.30 horas del miércoles hasta las 8.30 del jueves -es decir, 17 horas en vilo, noche de por medio-, el incidente quedó reducido a una aventurilla. Prueba de ello es que los bienes más codiciados entre los afectados en plena crisis eran baterías de móviles y cigarrillos. «¡Dejaos de psicólogos y subid tabaco!», clamaban algunos cuando la Guardia Civil les informó de que se aproximaban expertos en salud mental para ayudarles a sobrellevar el cautiverio.
El amago de odisea comenzó a las 14.30 horas del miércoles, cuando las autoridades informaron a los esquiadores que estaban en el área de Petrosos, en la zona alta de la estación, de que debían bajar porque se aproximaban fuertes rachas de viento. Se formaron largas colas en la telecabina y solo logró tomarla una mínima parte de quienes allí esperaban antes de que, a las tres de la tarde, dejase de operar. Vientos de hasta 110 kilómetros por hora obligaron a detener el servicio y allí se quedaron más de 1.200 aficionados, muchos de ellos niños.
El origen del problema fue que, según las previsiones meteorológicas, las ráfagas no iban a superar los 30 kilómetros por hora, de manera que el empeoramiento del temporal pilló por sorpresa al Grupo Aramón, que gestiona la estación de Panticosa.
Con este panorama, las autoridades diseñaron un operativo de rescate en el que participaron 200 personas entre Guardia Civil, Bomberos, Protección Civil, personal sanitario y de Aramón, y vecinos de la zona. En un primer momento, durante la tarde y mientras había luz, los 300 esquiadores más expertos bajaron por las pistas por sus propios medios acompañados de monitores. Pero cuando cayó la noche casi un millar de aficionados seguían arriba, a cerca de 2.000 metros de altitud, esperando. Eso sí, al calor de la cafetería. La evacuación se realizó en grupos de cincuenta personas en cinco máquinas pisanieves, que dejaban a los afectados en zonas donde eran recogidos por todoterrenos. Concluyó alrededor de las 8.30 de la mañana de ayer.
Pitillo compartido
«Al final, ha quedado como una aventura», resumía Antonio Basagoiti, presidente del PP vasco, que se vio afectado junto a dos de sus hijas. «El único problema fue el tabaco, que era lo más deseado», bromeaba. En pleno vendaval compartió caladas con la candidata socialista a la presidencia de Aragón en las últimas elecciones, Eva Almunia, que también fue víctima del temporal.
Ni el desprendimiento de varias chapas del techo de la cafetería ni que el viento arrancase de cuajo una ventana minó el ánimo de los esquiadores. «No estábamos nerviosos porque había calefacción y provisiones de sobra», dice Lucía Lipperheide, otra vasca que vivió la experiencia con su hija Carlota, de 9 años. «Cada poco nos daban el parte de lo que ocurría, nos explicaron los protocolos, la Guardia Civil y los Bomberos llegaron rapidísimo...». Para hacer frente al hambre se repartieron caldos y chocolates. «Había barra libre: bocatas, macarrones, albóndigas, de todo» y «disponíamos de mantas de sobra». Poca tensión había, aunque la suficiente para que Carlota vacilase de «la cantidad de cosas que voy a poder contar durante años». La pequeña pasó la noche en vela en la cafetería atestada «porque no se quería perder ni un segundo de lo que estaba ocurriendo».
La experiencia tampoco será fácil de olvidar para el bilbaíno Enrique Uriarte porque era la primera vez que se ponía los esquís y se pasó la noche escuchando a Milikito, Fofó y Fofito, los payasos que sonaban por megafonía para tranquilizar a los más pequeños.
Al final, la crisis se solventó «de forma muy aceptable, sin el más mínimo incidente», resumió el consejero de Interior aragonés, Antonio Suárez. Eso sí, Panticosa cerró ayer para que los técnicos revisasen las instalaciones tras el temporal.
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