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Directivos de un equipo benjamín suspenden un partido por insultos del técnico y la afición rival

El encuentro enfrentaba al Barrika y al Arteaga, de Derio, en la localidad costera; el duelo se paró a diez minutos del final

JUANMA MALLO

Miércoles, 5 de diciembre 2012, 11:09

El coordinador y el vicepresidente del Barrika suspendieron el pasado fin de semana un partido de benjamines, con niños de ocho años en el campo, debido a los insultos y la actitud violenta del entrenador y los familiares del Arteaga, de Derio, conjunto que visitaba la localidad costera. Los directivos entraron en el terreno de juego a falta de diez minutos para el final del encuentro y, según ha podido saber este periódico, dieron por finalizado el choque y dijeron a los chavales que se marcharan a los vestuarios. ¿Su argumento? La violenta actitud de los padres y el preparador del Arteaga, que había sido expulsado en el minuto 15 del encuentro por protestar al colegiado de forma airada, con constantes faltas de respeto.

A partir de que el árbitro decidiera apartar al entrenador, este se colocó en el mismo lugar que la hinchada visitante. Según un testimonio al que ha tenido acceso este periódico de uno de los padres de la escuadra local, «lejos de cambiar su actitud se dedicó el resto del partido a insultar vivamente tanto al árbitro como a varios de los chavales del Barrika, y lo que es peor, a calentar los ánimos de todos los aitas del Arteaga, creando así el caldo de cultivo necesario para que luego ocurriera lo que tristemente ocurrió».

De hecho, ya en los últimos minutos del duelo, los insultos y las faltas de respeto tanto al colegiado del duelo como a los padres de la entidad local se convirtieron en una constante. El partido, sin embargo, seguía su curso, según los testigos. Sin embargo, cansados de la actitud de su oponente, «de los enfrentamientos y los insultos», los directivos del Barrika saltaron al terreno de juego para dar por concluido un encuentro que marchaba 3-0 a favor del equipo costero.

El joven árbitro, mientras tanto, se vino abajo. «Se llevó el disgusto de su vida, con una llorera que los padres fuimos incapaces de detener y consolar», recuerda el escrito, que, eso sí, defiende la actitud de los otros dos técnicos del Arteaga, «supercorrectos y supereducados».

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