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MARIBEL MARTÍNEZ
Jueves, 22 de septiembre 2011, 04:39
Hubo un tiempo en que vascos y canadienses compartieron lengua. Fue en el siglo XVI, cuando los balleneros del Cantábrico navegaban hasta la Península de Labrador para cazar cetáceos después de que se extinguieran en su zona. Una relación que dejó numerosos vestigios tanto lingüísticos como arqueológicos, toponímicos e históricos en el estuario del río San Lorenzo. Y, posiblemente, genéticos. Eso es lo que pretende establecer el grupo de investigación de la UPV Biomics, con la catedrática de Biología Celular Marian Martínez de Pancorbo a la cabeza. Junto al Fondo Cultural para el Estudio y la Difusión de la Cultura Vasca Jauzarrea han organizado el congreso internacional 'Tras la estela de los balleneros vascos', el punto de partida de este estudio.
Los balleneros iniciaron una industria muy activa en la costa atlántica de Canadá. Así lo prueban restos materiales de navíos y contratos de compraventa. Con el tiempo, algunos marineros se asentaron allí y tuvieron la necesidad de comunicarse: así nace el algonquino-vasco, una lengua que mezcla el euskera y el 'micmac', la propia de esos pueblos. Las explotaciones trajeron una gran riqueza a Euskadi. El comercio de grasa de ballena duró medio siglo. Luego llegaría la pesca del bacalao y el negocio de las pieles.
El cromosoma 'y' vasco
A principios de este año, desde Biomics decidieron subir un peldaño más y acometer la búsqueda de similitudes genéticas. A tierras canadienses no sólo llegaron vascos; también franceses y británicos, y previamente vikingos. Todos han ido dejando su huella en el ADN de los nativos. «Ahí está la dificultad», señala Pancorbo. «El cromosoma 'y' de los nativos americanos es diferente al de los europeos. Había que distinguir entre el de estos pueblos, y hasta hace poco no hemos tenido suficientes elementos para diferenciarlos». Cuando la investigadora Laura Valverde logró establecer los rasgos propios del tipo vasco, la investigación pudo dar comienzo. «Ahora es posible diferenciar su origen». Y no sólo los de Euskadi: también los de los pueblos de toda la cornisa atlántica.
El objetivo de este estudio multidisciplinar -cuenta con la ayuda de historiadores, arqueólogos y lingüistas, además de genetistas- es aplicar los descubrimientos en proyectos de salud en estas comunidades. «Los pueblos han de estar de acuerdo», sentencia Pancorbo. Y parece que es así: al congreso asisten dos representantes de estas comunidades. «Para la primavera del año que viene queremos ir a tomar las muestras de saliva de los nativos. Así podremos retomar la relación, que parece que está más en la leyenda que en la realidad».
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