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IÑAKI ESTEBAN i.esteban@diario-elcorreo.com
Miércoles, 26 de enero 2011, 10:17
Álex de la Iglesia ha cambiado. Sus encuentros con eximios representantes de la Red han transformado sus ideas y, de reclamar la protección de los derechos de autor en la línea de la 'ley Sinde', ha pasado a criticarla con dureza. Todo en algo más de un mes, desde el fracaso de la propuesta legal en el Senado el pasado 21 de diciembre hasta ayer, cuando anunció su dimisión como presidente de la Academia de Cine, en protesta por una ley «que no convence a nadie». Eso sí, el cineasta dimitirá después de la gala de los Goya, que el 13 de febrero celebran su 25 aniversario y en cuya organización se ha volcado.
Al inicio del debate, De la Iglesia reconocía que él también se había bajado alguna película -porno, para ser exactos-, pero al mismo tiempo defendía sin tibiezas una industria cultural que sin la regulación de descargas se podía ir a pique. Ayer explicó que, después de hablar con sus elegidos internautas, descubrió que había muchos puntos en común. Ninguno de ellos pretendía el gratis total. Y él reconocía que «la oferta legal no es suficiente y que compartir archivos con libertad es algo inamovible y deseado por todos». La conversión digital de Álex de la Iglesia quedaba perfectamente consumada.
La misma tarde de diciembre en que se negociaba la norma en el Congreso a toda velocidad y con toda desesperación por parte de los socialistas, el director de 'Acción mutante' entró en directo en un programa radiofónico y se mostró muy beligerante en sus opiniones frente a representantes de los internautas. «Hay gente que, cuando se descarga una película de Internet, gana dinero. Necesitamos que alguien nos defienda. Es cojonudo bajarte algo de Series Yonkies, pero me parece un problema. Si a una película se la follan la primera semana en Internet, ya no levanta cabeza».
Dialogar con contrarios
Nada más terminar su intervención, el cineasta inició una frenética actividad en Twitter, la red social con casi cinco millones de usuarios en España -11% de la población-, lo que le acercó a los usuarios de la Red que defienden un uso más libre de lo que plantea la iniciativa legal, finalmente pactada el lunes entre PSOE, PP y CiU. De la Iglesia se convenció de que la palabra mágica era 'diálogo'. Hablando se entiende la gente. Y había que ponerse a ello más pronto que tarde.
Sin que nunca estuviera muy claro si el cineasta actuaba a título personal o como máximo representante de todos aquellos profesionales del cine asociados a la Academia, De la Iglesia convocó el 30 de diciembre de 2010 al presidente de productores audiovisuales, Pedro Pérez, y a empresarios de Internet como Julio Alonso y Juan Carlos Tous, entre otros. «Aprendí que dialogar con personas que te llevan la contraria es mucho más interesante. Puede resultar incómodo al principio, sobre todo si eres soberbio, como yo. Pero cuando aprendes a encajar, la cosa fluye y las ideas entran», confesaba ayer el cineasta al hacer el resumen de aquella reunión.
Con una película estrenada hace unas semanas, 'Balada triste de trompeta', favorita de los Goya del 13 de febrero, y un rodaje a punto de comenzar, el frenesí del realizador por la causa digital apenas decreció. Incluso se puso en contacto con un joven abogado de Logroño, David Maeztu, que le había enviado un texto alternativo a la 'ley Sinde', documento que él se encargó de enviar el pasado 21 de enero a la propia ministra de Cultura y a la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría.
En el fango
En esencia, su propuesta defendía la creación de la Comisión de la Propiedad Intelectual, a la que asignaba un papel informador sobre las webs o enlaces que acojan contenidos protegidos con derechos de autor sin autorización. A partir de ahí, si no se retiraban, la comisión se lo comunicaría al titular de los derechos y éste pondría la correspondiente denuncia en los juzgados.
A De la Iglesia le encantó que un ciudadano cualquiera interviniese con ese grado de compromiso. A sus dialogantes internautas, no les gustó tanto. Que por enlazar una película o una canción sin permiso se pudiera incurrir en un delito no era como para alegrarse.
Después del pacto entre Gobierno, PP y CiU todo ha quedado en el intento y en la conversión del director de cine a la causa. Y con la fe del convertido, De la Iglesia ha lanzado unos cuantos reproches. El primero, al PSOE. «No estoy de acuerdo en la manera en que habéis planteado esto. No dialogáis en la Red. No es mi trabajo, debería ser el vuestro», les dijo a través de Twitter. Los socialistas le contestaron por la misma vía: «Dialogamos en la Red y fuera de ella. El Gobierno ha sido el primero en llamar a los internautas para pedirles opinión». El cineasta también ha tenido unas palabras para el PP: «Ha enfangado una cosa de por sí enfangada».
No obstante, los apoyos a De la Iglesia fueron ayer numerosos, desde Santiago Segura a los productores. Incluso Ignasi Guardans, exdirector del Instituto de Cinematografía, a quien hicieron dimitir por sus bruscas relaciones con el mundo del cine español, mandó un mensaje de apoyo a su «grandísimo amigo». Y un recado para los que le echaron: «Gobernar situaciones complejas exige algo más que presidir inauguraciones. Y ya me callo que me acusarán de resentido».
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