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AITOR ALONSO
Jueves, 4 de noviembre 2010, 10:19
Euskadi gastó 11 millones de euros en tres años en distribuir una tarjeta propia de identificación digital que acabará cortada en dos en el cubo de la basura. La ONA, el dispositivo llamado a ser la pieza clave de las relaciones telemáticas entre el ciudadanos y la Administración vasca, está en fase de defunción. El Parlamento vasco ratificó ayer que su ocaso ha llegado. Populares y socialistas, con mayoría en la comisión de Instituciones e Interior, respaldaron una iniciativa de UPyD que reclamaba que se ponga fin a la expedición de las tarjetas antes de que acabe este mismo año.
La tarjeta ONA fue concebida por el Gabinete Ibarretxe como piedra angular de su proyecto de administración 'on line'. Se comenzó a distribuir como método de identificación en Osakidetza, aunque al incorporar un 'chip' las posibilidades eran, sobre el papel, infinitas. Se pensaba que sería útil para todas las relaciones del ciudadano con instituciones y entidades, desde pagar los impuestos a pujar en licitaciones públicas, entrar al polideportivo o coger un libro en la biblioteca. Pero no todo eran ventajas. Para operar desde casa era necesario comprar y acoplar al ordenador un lector de tarjetas y homologar su firma electrónica a través de Internet, lo que requiere, al menos, unos ciertos conocimientos de informática.
Las intensivas campañas de distribución y emisión de nuevas tarjetas impulsadas con fondos públicos hicieron que en la actualidad la posean 250.000 ciudadanos. Pero solo entre el 1% y el 3% la utilizan fuera de los ambulatorios. Según datos oficiales, en 2007 el Gobierno vasco gastó 1,78 millones de euros en implantar la tarjeta; en 2008, 3,77 millones. Y en 2009, un total de 5,5 millones. Los datos de 2010 se desconocen todavía.
«Un capricho muy caro»
Todas estas cifras fueron puestas ayer sobre la mesa en la sesión de la comisión de Interior que abordó el asunto. Gorka Maneiro, el parlamentario de UPyD, promotor de la iniciativa, calificó la ONA como «un capricho inútil y muy caro del nacionalismo», que «se inventó» una tarjeta propia para no desarrollar en Euskadi las potencialidades del nuevo DNI electrónico, que también incorpora un 'chip'.
Populares y socialistas coincidieron en lo sustancial con la propuesta de UPyD. Blanca Roncal, del PSE, puso de relieve la «mala gestión» del PNV, que gastó más de 11 millones en difundir una tarjeta de escasa utilidad. Borja Semper, del PP, estimó que «si una herramienta no es útil, y además es muy cara, lo que hay que hacer es eliminarla sin demora». El PNV defendió las potencialidades de la ONA frente al DNI, y su parlamentario Alex Etxeberria sugirió que podría convertirse en el 'billete único' para el transporte público que se pretende implantar en Euskadi. El Gobierno de Patxi López ya había anticipado su deseo de poner fin a la distribución de la tarjeta, pero ahora tiene un plazo que cumplir. Antes de enero, debe dejar de expedir la ONA.
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