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LETIZIA GÓMEZ
Miércoles, 1 de septiembre 2010, 04:54
El último día hábil para fichar resultó una locura en las oficinas del Eibar. Era previsible que el de Diego Cascón no fuera la última incorporación, un hecho que se confirmó horas después cuando el club armero hizo oficial la contratación de los extremos Eldin Hadzic (Bosnia, 14-19-91), la joya más preciada del Hércules, y de Manuel Lanzarote (Barcelona, 20-10-1984), que curiosamente llegó el pasado 19 de agosto al Atlético Baleares convertido en el fichaje estrella del conjunto mallorquín. Para que se cerrara esta interesante operación, la entidad armera necesitaba dar salida a Mikel Arruabarrena, una premisa que se zanjó a media tarde de ayer con su cesión al Leganés. El tolosarra no ha rendido lo que se esperaba de él y el club confía en que su dinámica deportiva cambie, puesto que no hay que olvidar que le quedan dos años más de contrato y otro más en caso de ascender.
Va para estrella
Justo después de anunciar la cesión del tolosarra, la página web armera hacía oficial la llegada de Eldin, un bosnio de 19 años nacido en un campo de concentración donde se conocieron sus padres, que llegó a España siendo un bebé. Acaba de firmar su primer contrato profesional con el Hércules, que se apresuró a renovar a su joven promesa hasta el 2013 (tiene una cláusula de cinco millones de euros) al comprobar que muchos clubes, entre ellos el Real Madrid, habían fijado sus ojos en él. Este habilidoso extremo derecho, que ha promediado 20 goles en el último lustro, ha realizado la pretemporada con la primera plantilla del club herculano, que ha entendido que el Eibar es el destino ideal para que mantenga su excelente progresión.
Un atacante contrastado
El último nombre que se ha añadido a la lista es el de Lanzarote, un polivalente extremo de contrastada calidad. Formado en las categorías inferiores del FC Barcelona, puede actuar en cualquiera de las tres posiciones por detrás del último punta y destaca por tener una gran calidad técnica, especialmente en su pierna izquierda, de la que se sirve para ser una amenaza a balón parado.
En la temporada 2005/06 abandonó la disciplina azulgrana para fichar por la UE Lleida, donde jugó durante dos años y demostró tener una muy buena proyección de futuro. Su brillante papel en Lleida le sirvió para fichar por un club histórico de Primera venido a menos, el Real Oviedo, dónde militó una sola temporada en la que disputó únicamente nueve partidos.
Tras esa mala experiencia, decidió volver a Catalunya para firmar por el Sant Andreu, donde se ha consolidado como uno de los mejores jugadores del grupo III de Segunda B y donde disputó dos promociones de ascenso a la división de plata.
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