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DAVID GUADILLA
Domingo, 18 de julio 2010, 17:29
A Txarli Prieto le gusta la cocina. Se siente cómodo manejando ingredientes, combinándolos a su antojo y haciendo maridajes que a muchos resultan incomprensibles. Pero no se echa atrás. A pesar de los recelos que puede generar, no se arredra, insiste e intenta convencer a sus compañeros de mesa de que su receta es la acertada. Por ejemplo, el queso parmesano con reducción de Coca Cola, uno de sus últimos experimentos que explica al detalle en su 'blog' personal (www.txarliprieto.com).
Su querencia por materializar fórmulas arriesgadas pese a quien pese es uno de sus sellos. No sólo entre fogones. También en la política, como se ha visto en la últimas semanas con su empeño en mantener sus alianzas con el PNV en Álava a pesar de los casos de supuesta corrupción y espionaje que salpican a los jeltzales y de los problemas que está ocasionando a Patxi López en su relación con el PP.
Y si uno juega con fuego, se puede quemar. Como sucedió en 2007 tras las elecciones forales. Prieto, secretario general del PSE alavés, trasladó a su partido que había recabado los apoyos suficientes para ser el nuevo diputado general. Su apuesta era una alianza de izquierdas. El PP sumaba 15 junteros; los socialistas y PNV, 14; ANV, cuatro; la coalición EB/Aralar, dos; y Eusko Alkartasuna, otros dos. Su plan pasaba por sumar al PSE los escaños de EB/Aralar hasta alcanzar los 16. Superaría al PP y empataría con PNV-EA, pero al haber tenido más votos que los nacionalistas él sería el elegido.
Sus compañeros en los otros territorios no las tenían todas consigo. «Pero Txarli, ¿estás seguro de que lo tienes bien atado?». Él no tenía dudas. Casi nunca las tiene. Por eso, para aquella sesión de investidura se vistió para las grandes ocasiones. Sobre su corbata colocó un alfiler decorado con una perla. Era su gran día. El antiguo comunista curtido en las protestas sindicales, el niño que repartía pan para ayudar económicamente a sus padres, se iba a convertir en el señor de Álava. Lanzó el órdago y resultó que no tenía las mejores cartas. Aralar se abstuvo y salió Xabier Agirre. Los que estuvieron presentes afirman que su rostro quedó desencajado.
Había rozado el cielo pero se dio de bruces contra el suelo. Nacido en 1957 en Vitoria, Juan Carlos Prieto, rebautizado Txarli en los estertores de la dictadura, posee una biografía plagada de aristas. En 1975 ingresa en el PCE, del que fue su secretario general en Álava a finales de los ochenta, lo mismo que de Comisiones Obreras. Afín a Santiago Carrillo -del que sigue siendo amigo-, abandona la formación junto con su mentor para fundar el Partido de los Trabajadores de España, de escaso recorrido. Y se acerca al PSE. Estamos a mediados de los noventa. En apenas quince años se hace con el control absoluto del partido en Álava.
¿Cómo? «Tiene buena oratoria y un discurso muy retórico de izquierdas que conecta con buena parte de la militancia», afirman un miembro del Partido Socialista y un conocedor de la realidad territorial. «Ha tenido suerte, ha eliminado la democracia interna, ha purgado a sus rivales y se ha rodeado de un grupo de adeptos», matiza otro compañero del PSE, muy crítico con su forma de actuar . «Tiene una forma de ser muy marxista: o estás con él o contra él», añade.
De carácter
Quienes le rodean, sin embargo, le defienden a capa y espada. Hay quien sostiene que tras una primera coraza se esconde «un tipo muy agradable. Cocina como dios y cuando se relaja es muy divertido. Pero es cabezón como él solo». Frente al político de carácter -«me parece difícil liderar algo sin tenerlo»-, que va de «sobrado», arisco y capaz de hacer la vida imposible a algún periodista, se asomaría un hombre sensible y con problemas cardíacos.
La gastronomía es su perdición. Además de cocinillas es un 'gourmet'. Presume de ir cada año a 'El Bulli', al que define como un «templo». Un viaje que no ve contradictorio con sus antiguos ideales comunistas. Como tampoco tener una empresa dedicada a la restauración de edificios y montaje de andamios. Es más, Prieto insiste en que no vive de la política, sino de su trabajo. Hay quien le ha visto andar por los tejados controlando sus proyectos. Para evitar suspicacias, siempre recalca que no acepta obra pública.
Coleccionista de vinagres y viseras -dicen que posee más de mil-, si se hace caso a su página de Internet, Prieto es lo más próximo que hay hoy en día a un hombre del Renacimiento. «De la vida me interesa casi todo», sostiene. «Leer la cocina de Leonardo Da Vinci, escuchar a Mozart, hacer complicidad con la poesía de Joaquín Sabina, manchar un óleo sintiéndose Modigliani». Todo ello apreciando un buen vino, cultivando hierbas aromáticas, visitando anticuarios o sintiéndose «abrazado por las olas del mar».
Pero en política, más que con Miguel Ángel, muchos le comparan con Maquiavelo. Prieto comienza a hacerse fuerte en las Juntas, donde se convierte en portavoz del PSE. En febrero de 2000 sucede un hecho dramático. Fernando Buesa es asesinado por ETA. Era la pieza clave en el partido. Un año después, un artefacto explota en el domicilio de Prieto. No hay heridos. Las riendas las toma Javier Rojo.
Txarli se mantiene en un segundo plano. Refuerza su 'guardia de corps' a la espera de una oportunidad. En 2004 Rojo es nombrado presidente del Senado. La puerta se ha abierto y Prieto la aprovecha. El congreso del PSE le nombra secretario general en Álava en 2005. Muchos creen que Rojo cometió un error, pensar que podía controlar el partido a distancia.
Pero su sucesor no es manejable. Enseguida se hace con el timón. Mueve las piezas. El PSE alavés es una estructura pequeña entrecruzada por diversos lazos familiares. Su hermana es jefa de programas de Radio Vitoria y su cuñado, director de gabinete de Isabel Celaá; su concuñado -vinculado desde hace años al Parque Tecnológico de Miñano- fue nombrado director de este recinto el año pasado. Su sobrino es el secretario general de las Juventudes alavesas. Con un grupo reducido de fieles se dirigen las asambleas. A Patxi Lazcoz, considerado un hombre de Rojo pero cuya candidatura a la alcaldía corría peligro, le hace secretario de Organización y le mantiene al frente de la lista municipal.
Él busca la lealtad por encima de todo. Su animal preferido es el gato. «Le puedes dar un azucarillo o pegarle, y en ambos casos sigue contigo», explicó en una entrevista a este periódico en mayo de 2007.
Perder la guerra
Las formas de Prieto nunca han convencido demasiado en la dirección vasca, pero se le deja hacer. El PSE, como todos los partidos vascos, tiene una organización muy provincial. Ostentar el liderazgo territorial le hace casi intocable. En el horizonte de Prieto sólo hay una amenaza: los Rojo. Javier continúa en Madrid, pero Gregorio está en Vitoria. Y tiene poder. Hasta hace dos semanas era presidente de la Vital, de la Cámara de Comercio y vicepresidente de los empresarios alaveses.
Su puesto en la caja pendía de un hilo. El PP había denunciado su reelección, pero Rojo había logrado un acuerdo con los populares para que retirasen la demanda a cambio de entrar en los órganos de dirección de la entidad. Pero Prieto vetó el pacto. El pasado 1 de julio, Gregorio Rojo tira la toalla.
Txarli gana una nueva batalla, pero quizá empieza a perder la guerra. Para la cúpula del PSE vasco es demasiado. Patxi López da un golpe sobre la mesa. Durante la última ejecutiva deja claro que se acabaron las bromas, que no puede ser que el partido lance un mensaje en Euskadi y otro en Álava. La orden a Prieto es expresa: tiene que desmarcarse del PNV. Desde el PSE se asegura que lo va a hacer, de manera paulatina.
«Nadie entiende por qué defiende con tanto ardor sus pactos con el PNV a pesar de que sabe los problemas que le causan a López», sostienen varios miembros del PSE. Quizá su empeño lo explica un compañero de partido: «que nadie piense nada raro. El problema de Txarli es que cuando firma un pacto lo cumple y lo lleva hasta el final. Y eso es bueno, siempre que la realidad no te demuestre que tienes que dejar de hacerlo».
Dentro de menos de un año hay elecciones forales. Hay quien sostiene que sellarán su futuro. Si gana, se pondrá la perla y será imparable; si pierde, sus muchos enemigos atacarán a degüello. Porque Prieto es así. Un hombre de extremos.
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