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JOSÉ MARI REVIRIEGO
Viernes, 4 de junio 2010, 11:25
Un grupo de 677 laicos, religiosos y sacerdotes de la diócesis de Vizcaya ha exigido por carta al nuncio en España, Renzo Fratini, que la comunidad cristiana participe en la designación del nuevo obispo de Bilbao, vacante desde la marcha de Ricardo Blázquez, nombrado en marzo arzobispo de Valladolid. Los firmantes de la misiva, que representan a un sector significativo de la Iglesia vizcaína, advierten al embajador del Vaticano de que no quieren un prelado «impuesto» ante la inminente elección del sucesor de Blázquez, puesto que cubre de forma provisional Mario Iceta en calidad de administrador apostólico.
En lo que podría interpretarse como un toque de atención, se ofrecen a Roma como «interlocutores» del proceso de selección y rechazan que la nominación se produzca por la vía de la designación directa, al considerarla una práctica anticuada más propia «del primer milenio», según sus propias palabras. «Esta esposa no quiere un esposo impuesto (en alusión a la Iglesia y su obispo). Ni secretismos. Ni juego de intereses que no sean los exclusivamente evangélicos», explican en su particular lenguaje.
En el fondo de esta histórica reivindicación subyacen los recelos de una parte de los religiosos y seglares vizcaínos ante la eventual confirmación de Iceta como relevo «natural» de Blázquez. Diversas fuentes consultadas por este periódico dan por «hecha» su designación, aunque rebajan la posibilidad de que desate una tormenta tan virulenta como la vivida en la Iglesia guipuzcoana a cuenta del nombramiento de José Ignacio Munilla como obispo de San Sebastián, en sustitución de Juan María Uriarte. «Habrá reacción en Vizcaya, pero moderada», confesó ayer uno de los firmantes del texto.
El precedente de Munilla
La nominación a finales del año pasado de Munilla, considerado un representante del sector eclesial más conservador, fue recibida con «dolor» por el 80% de los párrocos guipuzcoanos, en una carta firmada por 85 de los 110 sacerdotes de ese territorio. Los promotores de la protesta, secundada incluso por destacados dirigentes del PNV, atribuyeron la elección de Munilla a un intento de la Conferencia Episcopal que preside Antonio María Rouco Varela por cambiar «el rumbo» de la Iglesia de Guipúzcoa, apegada a una raíz nacionalista y a una labor pastoral de tintes progresistas dentro de su tradicionalismo.
La carta firmada por casi 700 miembros de la Iglesia vizcaína no recoge alusiones directas ni tiene el tono crudo de los reproches lanzados contra Munilla. Sin embargo, rezuma el malestar larvado durante años en la comunidad cristina local por su «falta de participación» en los procesos de selección de los obispos. En el texto enviado al nuncio destacan la necesidad «ya perentoria» de ser tenidos en cuenta a través de los consejos diocesanos y emplazan al embajador del Vaticano en España a escuchar a las personas de la comunidad «realmente insertas y comprometidas en los trabajos de evangelización».
La iniciativa parte del clero diocesano y recupera una propuesta similar planteada hace 16 años cuando Luis María Larrea dejó el Obispado de Bilbao, sustituido después por Ricardo Blázquez. Los impulsores del texto defienden como fórmula de intervención lo recogido en el Código de Derecho Canónico. En su opinión, esta norma considera «explícitamente como válida la participación de la Iglesia local» en la designación de la persona que se sitúe al frente del Obispado. «El Sumo Pontífice nombra libremente a los obispos o confirma a los que han sido legítimamente elegidos», citan.
Queja a Fratini
A esta última parte se aferran para reivindicar sus derechos, aunque se quejan a Fratini de que «los nuncios anteriores a usted o rechazaron dichas intervenciones o, aun aceptadas, no las tuvieron en consideración».
Esta reivindicación se suma a una reciente carta suscrita por 30 religiosos de Bilbao en la que cuestionaban el nombramiento de Munilla por su desconocimiento de las diócesis vascas y confesaban su «preocupación» por la posibilidad de que Mario Iceta asuma la dirección de la diócesis de Vizcaya. Fuentes próximas a Iceta no dudaron ayer en calificar de «inesperada maniobra de presión» la misiva enviada ahora al representante del Vaticano en España, en el convencimiento de que cuanto más se demore su elección como obispo de Bilbao, «peor será para él y para el ambiente en la propia Iglesia».
Al parecer, los religiosos y seglares que defienden su participación dan ya por perdida la cruzada en la elección del nuevo prelado de Bilbao y preparan un movimiento de mayor calado para «asegurar» su intervención en posteriores designaciones.
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