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MONASTERIO DE SAN MILLÁN. El patio de Yuso acoge, cada año, la celebración del acto institucional del Día de La Rioja. / E. C.
La Rioja celebra hoy el XXV aniversario de su Estatuto de Autonomía
LA RIOJA

La Rioja celebra hoy el XXV aniversario de su Estatuto de Autonomía

El proceso estuvo cargado de tensión cuando el Gobierno central apostaba por incluir a la región dentro de la Comunidad de Castilla-León 40.000 firmas y plenos de apoyo en Ayuntamientos sirvieron para lograr la identidad territorial

MIGUEL ÁNGEL ROJO

Sábado, 9 de junio 2007, 04:38

El Estatuto de Autonomía de La Rioja cumple hoy 25 años de su firma por el Rey Juan Carlos. El monarca rubricó el derecho de la región a recibir competencias y a poseer identidad propia después de años de asfixiante centralismo mesetario.

Pero el proceso no fue un camino de rosas. No faltaron las zancadillas, ni tampoco las actitudes tragantuistas de regiones limítrofes, obcecadas en atraerse para sí a una región de poco más de 5.000 kilómetros cuadrados que no era ni una región pobre, ni una pobre región.

Los afanes autonómicos no nacieron de la noche a la mañana. Se ha escrito que en el tardofranquismo ya se se especuló con una potente posible región norte que acogiera al País Vasco, Navarra, Burgos, Santander y la entonces provincia de Logroño. No cuajó, a pesar de apoyar la idea gentes de la patronal económica, pero sí propició que en plena 'era Arias Navarro' la Diputación reclamara un régimen administrativo especial, cercada como estaba la provincia por ventajosos regímenes forales. Y es que no fue capricho pasajero que empresarios logroñeses se ubicaran en Oyón o Viana. El efecto frontera siempre motivó inquietud.

Logroño, Madrid y Santander no fueron incluidas en las primeras preautonomías, lo que, como ha escrito Carlos Navajas, supuso «una carencia de rodaje previo», frente a otros territorios.

La Asamblea de Parlamentarios presentó un proyecto preautonómico a un ministro, Clavero Arévalo que, al decir de la hemeroteca, puso siempre muchos obstáculos. Pidió un estudio socioeconómico que avalara la solvencia política de la región. Sucedía que Madrid apostaba por la integración de La Rioja y Santander en Castilla-León. Los políticos de esta hoy macrorregión nunca disimularon su interés en la adhesión de ambos territorios. Todo se quedó en parvos y fallidos intentos.

La amenaza de que el 'café para todos' obviara a los riojanos movilizó a la sociedad civil. Hubo recogida de 40.000 firmas, que recibió con displicencia Manuel Clavero, ministro de las Regiones. Éste finalmente llegó a dimitir en 1980 porque el Gobierno negaba a Andalucía, de donde procedía, el mismo trato dado a las comunidades históricas.

Los medios de comunicación, agentes sociales y ciudadanos en general siguieron con gozo la fiebre autonomista y con un insólito interés que hacía añicos ese tópico de ser región despolitizada y desideologizada. La callada energía brotó en el momento más adecuado.

Abucheos

La región se subió tarde al proceso de autogobierno al acceder por la vía lenta. Hubo tensión en los primeros 'Días de La Rioja', trufados de abucheos porque los sectores más riojanistas repudiaban la tibieza del gobierno de aquí. Aunque se exigía un mínimo de dos tercios a favor de la solución autonómica, prácticamente todos los Ayuntamientos respaldaron el proceso, que inició el Consistorio de la capital riojana en un pleno extraordinario. Sólo quedaron al margen Quel y Entrena, el primero por reclamar la vía del artículo 153, y el segundo por no decantarse por un modelo específico de autonomía. El periodista Jorge Sauleda ha escrito: «La respuesta del pueblo riojano fue arrolladora y casi unánime». Se perdieron tiempos precisos y preciosos y el informe de García de Enterría, que subrayaba la pequeña demografía y dimensión de la región, encolerizó a todo iniciado en el proceso. La firma de los Acuerdos Autonómicos de UCD y PSOE en 1981 fue la reacción al varapalo del experto.

La redacción del Estatuto no fue cosa baladí. Se configuró lo que pasó a denominarse Asamblea de los Treintaydosantes -se atribuye la denominación al alfareño Victorino Pascual , miembro de ésta-. La conformaban 24 diputados provinciales y ocho parlamentarios: de allí saldría la ponencia. Fueron varios los intervinientes que pasaron por la mesa elaboradora, desde el aliancista Neftalí Isasi, hasta José María Gil Albert, o el propio Aznar, quien poco después regresó a Madrid.

A partir de ahí, se puso en marcha la burocracia del Estado: tramitación en las Cortes Generales, publicación en el Boletín Oficial del Estado. Como cantaban Carmen, Jesús e Iñaqui, 'La Rioja existe, pero no es: si nos unimos, la hemos de hacer'. Y se hizo.

El Estatuto entró oficialmente en vigor el 10 de julio de 1982. Atrás quedaron muchos sudores para consensuar un primer borrador, imnúmeras peleas políticas con Madrid y conflictos públicos entre la nómina política riojana.

¿Larga vida al Estatuto!

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