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IRATXE BERNAL
Jueves, 23 de noviembre 2006, 03:42
David Álvarez imaginó en el Bilbao de 1962 que la limpieza de los centros de trabajo podía ser algo más que una actividad menor, ligada muchas veces a la economía sumergida. Imaginó que podía ser un servicio profesionalizado que, además, era posible ofrecer de la mano de otros, como la seguridad o el mantenimiento. Hoy, 44 años después, cuando él ya tiene 78, la empresa modesta de limpieza que creó entonces con apenas 8.000 pesetas -Central de Limpiezas El Sol- se ha convertido en Eulen, el mayor grupo español dedicado a los servicios de ese tipo, que ahora abarca otras actividades: desde el instituto de formación Eulen hasta la ETT Flexiplan, las bodegas Vega Sicilia o la cárnica Valles del Esla. En total da empleo a más de 50.000 personas en doce países. El pasado año facturó 887 millones de euros. Hoy, la Fundación para la Innovación en la Gestión y el Liderazgo desde los Valores (Figeva) le reconoce haber labrado este camino no sólo con visión empresarial, sino con ética.
-Véndase un poco. ¿Qué valores, que han visto en usted quienes le han otorgado este premio debe tener un líder?
-No sé qué es lo que habrán visto o leído. Los que escriben de mí son amigos y son indulgentes. Creo que mis valores se basan en un concepto claro de la familia y de la propiedad. Por mi educación, sigo los preceptos de la vida cristiana en mis relaciones personales. Enseño lo que tengo de bueno y escondo lo malo, lo que hace que los demás me vean mejor de lo que soy, me quieran y me hagan líder. Así soy líder de mis hijos y de una parte de la sociedad que me ha visto triunfar siguiendo este camino, que da felicidad y da dinero. Éstos, u otros similares, deben ser los valores: ser honrado, cumplir con la palabra, trabajar, preocuparse por los que te rodean y por los que pasan cerca de ti.
-¿Qué valor añadido aportan esos ideales a la empresa?
-Enorme. Es la sensación de que saca algo más que la paga, más que el deber cumplido. En mi caso, pensar que das trabajo a 50.000 personas hace que merezca la pena levantarte, venir a la oficina o tener dificultades para aparcar... Los ideales de la empresa son otros, además de ganar dinero. Es lo que me ha enseñado la experiencia.
Seguir el ejemplo
-¿Cómo se transmiten estos valores? ¿Cómo se asegura el presidente de un gran grupo empresarial de que estos valores se perpetuarán en su compañía más allá de su período al frente de ella?
-Creo que si el ejemplo de tu conducta ha creado riqueza, si ha sido beneficioso, quien te suceda lo seguirá. Habrá que suponer que el nuevo no es tonto. Y si no lo hace, que pague la culpa. Naturalmente que es más fácil que un ejemplo así cale en una empresa familiar. Yo tengo siete hijos, de los que seis trabajan conmigo, pero no tengo planes para después de mi muerte. Cuando yo falte ellos pondrán en práctica otros métodos, igualmente beneficiosos para la empresa, seguramente más inteligentes. Las empresas deben evolucionar. No pueden parar.
-¿Y cómo es trabajar con los propios hijos? ¿Qué pasa cuando se ve que éstos no hacen las cosas como las haría usted?
-Yo no pido entender a mis hijos. No puedo hacerlo, es una cuestión de edad. Del mismo modo, les pido que no quieran entenderme. Sería un fracaso decirles que trabajen apoyándose en mis principios. Les digo cómo lo haría yo, y normalmente -por mi edad, porque me respetan y me quieren mucho- no me critican. Y, bueno, cuando no es así, piensa uno que igual piensan mejor que uno.
-Usted siempre ha mantenido que tiene derecho a triunfar quien ofrece a la sociedad los servicios que necesita, y así ha creado empresas de sectores tan alejados como la limpieza, la seguridad, la formación, la atención sanitaria o la alimentación. ¿Qué otras necesidades detecta en la sociedad? ¿Hacia dónde mira usted ahora?
-Hacia los servicios sociosanitarios, como la atención a los ancianos o las mujeres maltratadas. Miro también hacia otras regiones, ya que próximamente queremos entrar en Estados Unidos. Y miro sobre todo hacia mis catorce nietos. No quiero que vivan de las rentas y que se acostumbren a tenerlo todo. El dinero se evapora; lo que queda es el trabajo de cada día.
-La compañía que preside no tiene nada que ver con Central de Limpieza El Sol, como tampoco tiene nada que ver la época en que creó esa empresa con ésta. ¿Qué opinión le merecen fenómenos como la globalización y la competencia de los países emergentes a quien a partir con apenas 8.000 pesetas, y en un mercado muy encerrado en sí mismo, puso la primera piedra de lo que hoy es un grupo líder?
-La globalización si se lleva bien puede ser muy buena. Ahora, si significa abrazar al pobre para estrangularlo... Los países emergentes producen lo que pueden. Y eso es honesto. Yo, que por mi edad, ya he perdido el pudor, puedo decir que si queremos ser competitivos no nos queda más remedio que trabajar más y vivir peor. Tenemos que dejar de mirar para otro lado.
Explotación
-Pedir que se viva peor es un poco arriesgado. Muchos trabajadores ya se sienten explotados.
-La explotación es un término que no sé valorar. Si a quien no ha trabajado nunca le pides que trabaje dos horas, le parecerá que le estás explotando. No digo que haya que renunciar al ocio, pero tampoco podemos convertir el trabajo en ocio. Repito que ya no tengo pudor y puede asegurar que no somos competencia para esos países. Los trabajadores aquí no trabajan lo que allí; y aquéllos, además, aguantan todo el día con una escudilla de arroz. La gente puede creer lo que quiera y engañarse como quiera, pero no hay otro camino que trabajar más y vivir peor.
-En una carrera llena de éxitos, ¿lamenta no haber dado algún paso o se arrepiente de alguno de los que ha dado?
-No me arrepiento de nada. Me he involucrado en todos los proyectos y he puesto todo el amor y toda la pasión en mi trabajo. No digo que no haya cometido errores, pero no los veo y no los sufro. He contado con muchas lealtades y, aunque vistas ahora algunas decisiones no parezcan adecuadas, lo eran cuando las tomé.
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